miércoles, marzo 01, 2006

LA VOLUNTAD SUICIDA DE VARGAS LLOSA

(RESPUESTA A SU “VOLUNTAD DE MORIR”)

http://argentina.indymedia.org/news/2005/06/299752.php

Por Rafael Bautista S.

Desgraciadamente, varguitas (como le decía su tía) no es un pensador, por eso sus aseveraciones parecen más pasiones que razones (juicios morales que reparten vida y muerte a granel, cuyos dictámenes se presentan erróneamente como verdad, por el solo hecho de fundarse en la emoción perturbada –como lo veremos- de un gentleman ante los desatinos de la plebe). Puesto que no le interesa argumentar, entonces hay que hacer esa tarea por él (que, por lo visto, no sabe cómo hacerlo). Pero procederemos en sentido inverso, o sea, mostrando qué hay detrás de sus afirmaciones sentenciosas. Se dirá que un escritor no se apoya necesariamente en razones y que un “artículo” es precisamente lo que es. A lo cual responderé que la supuesta irresponsabilidad del escritor es una idea romántica que justifica un relativismo (si todo es verdad nada es verdad) pertinente al nihilismo posmoderno; no se cree nada pero se deja las cosas tal como están. Si no hay criterio de verdad, entonces no es posible la crítica al sistema, porque toda crítica se descalifica; pero, y ahí está la trampa, la defensa de lo dado (el poder) no se relativiza, por eso se presenta como “racional”, “realista” y “civilizado”. Lo contrario es “pura opinión”, “utópico” y “bárbaro”. A medida que el poder se hace más accesible al intelectual, tanto más desaparece de su vista la realidad que no aparece en su sala con chimenea. Y desde el comfort, con música en dolby 5.1 (tan lejos de la muerte lenta de ¾ partes del planeta), es que se manifiesta el que nos va a hablar de “nuestra voluntad de morir”.

Empecemos. “Sin la voluntad transformadora (se refiere a Francia) y modernizadora de vastas capas de su población (el iluminismo, la Enciclopedia) en los siglos XVIII y XIX, el mundo sería infinitamente más pobre y menos libre de lo que es hoy”. Examinemos esta afirmación. ¿A qué mundo se refiere varguitas? ¿Quién es menos pobre y más libre hoy? Y, por añadidura, ¿quién es infinitamente más pobre y menos libre hoy, en el año 2005? ¿Cómo explicamos la descomunal riqueza del primer mundo y la infinita pobreza del tercer mundo? ¿Son acaso hechos “naturales”, “maldición de alguna voluntad divina”? Y si es así, ¿cuál es el pecado del tercer mundo?

Hagamos historia, para iluminar a varguitas. Para 1878, el 67% de las tierras del planeta estaban colonizadas por los países europeos (entre ellos Francia), a principios del XX ese porcentaje alcanzó el 84%; lo cual supuso, por supuesto, el enriquecimiento de países como Francia, ¿pero habrá sido el mismo destino para los países colonizados? El resto del mundo, que no es parte de occidente, fue y sigue siendo “infinitamente más pobre y menos libre”, precisamente por aquella “voluntad transformadora” que se hizo patente en la conquista y el esclavismo (y después en el colonialismo), la cual supone la sistemática transferencia de valor de los países pobres a los ricos (no es casual que el primer “dinero mundial” haya sido la plata de Zacatecas, Huancavelica y Potosí, lo que hizo posible, romper el cerco turco en Lepanto -para hacerse con el comercio de Oriente- primero, y la revolución industrial después). Esa “voluntad transformadora”, representada por la revolución francesa, y las ideas de liberté, égalité et fraternité, afirman una individualidad (ya presente) que se siente dueña del mundo, y busca la legitimación de su poder en el mundo.

Las ideas de “progreso, justicia y libertad” que esgrime varguitas, no son tan inocentes como suenan, y él debería saberlo, puesto que es escritor (las palabras no son inocentes y para saber lo que significan hay que descascarar su denotación y mostrar su connotación). La modernidad aparece triunfante en el mundo esgrimiendo estas consignas. ¿Qué quieren decir? Sigamos ilustrando a varguitas. El hombre moderno aparece en los burgos, aldeas autónomas donde se encontraban los desplazados del feudo: comerciantes, pillos, aventureros, etc. Su proyecto es la riqueza, pero no pueden gozar “libremente” de ella mientras no aseguren su “lugar”, o sea, mientras no tengan “propiedad” (privada en el mundo feudal a quien no tienen ascendencia noble). Democratizar la propiedad significa democratizar la riqueza. Esto requiere una revolución no sólo institucional, sino también una transformación de las ideas (la burguesía también tuvo su momento revolucionario). El hombre desplazado del castillo feudal, desde el siglo XII hasta el XVI, va poco a poco transformando su mundo de la vida. Pero un hecho jamás antes pensado será el que desencadene toda una nueva visión del mundo. Mientras el cerco árabe de más de ocho siglos arrinconaba a Europa a conformarse con ser el fin del mundo, aparece América posibilitando (con la ingente cantidad de riqueza que aprovecha Europa) salir del encierro y experimentar, por primera vez en su historia, considerarse como “centro del mundo”. La primera revolución burguesa sucede en el país que mayor fragilidad posee en su estado feudal: Inglaterra. Es el primer estado que se organiza a partir de un nuevo paradigma: el mercado.

Otros cambios profundos se van sucediendo: nacen las ciencias modernas, el racionalismo y la revolución industrial. La ciencia, tal cual la conocemos hoy, aparece después de un largo proceso de secularización que hace la filosofía medieval; se seculariza el poder, el estado, para después, secularizar la naturaleza: el concepto de explotación sólo es posible si antes el ente que llamamos naturaleza ha sido reducido a condición de objeto. La ciencia moderna necesita secularizar la naturaleza para tratarla sólo en sus condiciones ab-solutas (las notas esenciales de algo, que no precisan de algo exterior para su explicación); de este modo la naturaleza aparece como objectum, lo puesto por el subjectum, el ego cogito, el yo moderno que se cree incorporal y fuente de todo conocimiento y, desde el cual, se constituye (por representación) el ser de todo. O sea, el ego moderno es el Yo que se sabe libre, que instituye un nuevo orden, y se cree dueño y señor del mundo (su nueva “propiedad”).

Es entonces que arrastra en su ambición al nuevo “ciudadano” que postula la revolución francesa. Este ciudadano es el que reclama su “libertad” como “libertad de propiedad” y propone leyes que garanticen esa “libertad” como “derecho de propiedad”. El nuevo Estado es aquel que garantiza estos “derechos”, que después son los principios sobre los cuales se levantan la economía y la política liberales. El nuevo Leviatán es el Estado moderno que se levanta sobre una ley que seculariza el civitas dei de Agustín de Hipona: la ley del mercado que, mediante la invisible hand de Adam Smith, milagrosamente (como la providencia) reparte la felicidad a todos. Esta invisible hand no es otra que la “mano de Dios” y la economía nace al mundo por un acto de fe: el mercado, por sí solo, garantiza la felicidad humana (hoy esa invisible hand es la “competencia perfecta”). La política liberal moderna nace también de otro supuesto (que nunca se explica, sólo se acepta, robinsonadas): homo homine lupus. Es sólo mediante el pacto, el contrato social de Rousseau, que el hombre deje de ser una amenaza para sí mismo. Una vez consolidado el pacto, por imposición si es posible (como en las “Indias Occidentales”), no hay nada ni nadie que pueda discutir el nuevo orden, so pena de morir en el intento.

El rosado amanecer de la modernidad significa millones de indios y negros sacrificados al nuevo ídolo: el capital. Su justificación filosófica se la presenta de este modo: la aufklarung, ilustración, es la salida, ausgang, de una “inmadurez culpable” hacia el “reino de la razón”. Como la “inmadurez” es “culpable”, entonces justifica la violencia que se deba usar contra aquellos que se resistan a salir de aquella “inmadurez”. El mito civilizatorio oculta la irracional incorporación (por subsunción) del “incivilizado” en el mundo moderno (como cosa a ser explotada). Por eso en el 1550, en Valladolid, Gines de Sepúlveda, Jerónimo de Mendieta y Bartolomé de las Casas, tratan la cuestión de si el “indio” es algo más que una cosa. El “indio” ha de ser el otro, en toda su radicalidad, que enfrente el hombre moderno. Esta relación marcará, por siempre, el tipo de relación que tenga el hombre moderno con el otro hombre que no es él. “Nadie posee individualmente ni una casa, ni un campo de que pueda disponer ni dejar en testamento a sus herederos, porque todo está en poder de sus señores (…) atenidos a su voluntad y capricho y no a su libertad, y el hacer todo esto no oprimidos por la fuerza de las armas, sino de modo voluntario y espontáneo es señal ciertísima del ánimo servil y abatido de estos bárbaros (…) estos hombrecillos tan incultos e inhumanos, que sabemos que así eran antes de la venida de los españoles”. Así piensa Gines de Sepúlveda y, con él, toda la modernidad; como el “indio” no cumple con los requisitos que reclama para sí el hombre moderno: “propiedad, libertad e individualidad”, entonces no puede ser considerado un “hombre”.

Allí, en Valladolid, aparece otra vez el concepto de “guerra justa” (la yihad musulmana, que penetra, vía Al-Farabi, a la filosofía medieval de occidente), que debe extenderse a toda la tierra (el dar-el-harb, la casa de los infieles), donde se encuentre resistencia a la civilización occidental, el “Bien” por antonomasia (no es raro que ahora el dar-el-islam se lance, en nombre de la yihad, contra el occidente, la historia suele volver sobre sus pliegues). Civilizar al salvaje se convierte en el “Bien”, resistirse a ese acto de “bondad” representa el “Mal”. La modernidad invierte las cosas: la victima aparece como culpable y el victimario como inocente. El fundamentalismo de su pretensión aparece desnudo: toda guerra que desata es siempre “justa”, por el “Bien” de la humanidad; ¿no son las palabras de Bush, “la guerra del Bien contra el Mal”? Las cruzadas que inicia la modernidad no intentan capturar Jerusalén, sino capturar todo el planeta.

Su “libertad” es la libertad infinita de extender su dominio por todo el mundo, la libertad del individuo propietario de incrementar su propiedad. Su “justicia” es la justicia de sus leyes que responden a una ley sagrada: la ley del mercado, la torre desde la cual se arroja a todos aquellos que no pueden constituir mercado, que no son competitivos porque son pobres (el desecho que deja la modernidad mientras más se extiende, gracias a la globalización). Y su “progreso” es la máxima ilusión que le vende al mundo (afincado sobre la ilusión trascendental de un espacio infinito, o sea, de la explotación infinita de la naturaleza). El informe del “Club de Roma”, los límites del crecimiento (1972), muestran una progresiva tasa de destrucción irreversible de la naturaleza y la depauperización de más del 80% de la humanidad, producto del “crecimiento económico”. ¿Cuál es la respuesta del mundo moderno? No hay respuesta, se ignora el hecho. La modernidad no está dispuesta a frenar su “progreso infinito”. Se trata de hacerla más eficiente y racional, se trata de procurar la mayor “tasa de ganancias”, aun a costa de quedarnos sin nada más que explotar (y si la humanidad sale sobrando es mejor que desaparezca). Su marcha se ha vuelto ciega y llama a toda resistencia, en palabras de varguitas, “conservadora, reaccionaria, tratando desesperada y absurdamente de oponerse a la gran revolución de nuestro tiempo que es la globalización”. La ceguera es lúcida (con esas sutilezas del cinismo tecnocrático: descalificando toda crítica) y ve en cada movimiento de resistencia la-cara-del-demonio.

¿De dónde viene tal acusación? Se trata de una tradición. Todo imperio tiene como fin último su divinización (por eso la primera crítica es crítica de la religión). La cristiandad no escapó a esta tradición (y la modernidad tampoco) y, por medio del procedimiento de la inversión, justifica su poder sobre la tierra invirtiendo el mensaje de las Escrituras. El “reino de Dios” se lo identifica con la “nueva Roma”: el “Sacro Imperio Romano Occidental” (el que después ha de ser la Europa moderna). Si se ha llegado al reino de Dios, entonces toda oposición resulta demoníaca. Pero, ¿qué dicen las escrituras? “Mi reino no es de este mundo”, dice Jesús; el mundo, por aquel entonces, era el Imperio Romano, y Judea (borrada hasta el nombre, por resistirse al poder imperial, como hicieron con los nombres “americanos”) era una provincia tributaria (una colonia) que, después de la destrucción de Jerusalén, se llamará Palestina. El imperio era la Bestia en los libros neotestamentarios. En el Apocalipsis se relata el imperio de la Bestia, del Leviatán: “Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. Y hace que todos, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre”. Una vez desatada la Bestia irrumpe su soberbia: “Y se postraron ante la Bestia diciendo: ¿quién como la Bestia?, ¿quién puede luchar contra ella?”. La Bestia se ha divinizado, por eso quienes se postran delante de ella, proclaman, junto a varguitas: “tratan desesperada y absurdamente de oponérsele”. Flavio Josefo lo dice de esta manera: “Pues no hay otra ayuda ni socorro sino el de Dios; mas a este también le tienen los romanos, porque sin ayuda particular suya, imposible sería que imperio tal y tan grande permaneciese y se conservase”. Y a los que se resisten, les dice: “no tendréis lugar a dónde recogeros teniendo ya los romanos a todas las naciones y gentes sujetas a su imperio”.

Desde la caída del muro de Berlín, la consigna es lapidaria: no hay alternativa. El imperio moderno postula entonces el “fin de la historia”, y proclama a los cuatro vientos, que la violación de los “derechos humanos”, se hacen en nombre de los “derechos humanos” (de las empresas), que las guerras que emprende la modernidad son “justas”, como dice Bush: “La única forma de perseguir la paz es persiguiendo a quienes la amenazan”. Esta amenaza es propia de un imperio que se pretende divino y que ve en toda resistencia, la-cara-del-Mal; y que renace apelando a una tradición idolátrica: se debe sacrificar tanto como sea posible, para aplacar la sed de sangre que tienen los dioses. Todo imperio se sostiene sobre una teología que justifica el “orden” que impone. Bernardo de Claraval expresa este nuevo orden, ya en el siglo XII, como la “ciudad que brilla en las colinas” (la nueva Jerusalén, la misma que reclama Reagan, como prototipo de su “nuevo orden mundial”): “Por eso, si ya no existe la miseria ni el tiempo de la misericordia, tampoco se dará el sentimiento de compasión”.

Juzga, varguitas, como “reaccionaria” toda oposición a la globalización. Toda oposición es insensata. Es, además, involutiva, en oposición a evolutiva, y llama (refiriéndose a Argentina) “ceguera”, “sinrazón” y “desvaríos” a toda “nacionalización”, a todo “populismo” y todo “intervencionismo estatal en la economía”. El mismo argumento que no argumenta, sino que desacredita sin dar razones. Recuerda varguitas que “la Argentina rica envió harina y carne a la pobrísima España de la posguerra”, comparando el alto nivel de vida y una educación envidiable comparada a la misma Europa. Lo que no quiere recordar es que la economía neoliberal, implantada en Argentina (una vez que las dictaduras patrocinadas por Norteamérica, la abanderada del libre mercado, destrozaron toda resistencia e implantaron una democracia a la medida del “nuevo orden mundial”), empobreció a la mayoría de la población, al tiempo que destruyó sistemáticamente el mercado interno y su capacidad productiva, generando (en ese país una vez culto y educado) un mundo a la medida del Leviatán, donde la lucha salvaje por la supervivencia es el escenario donde una pequeña elite cosecha, cada vez más, beneficios inesperados.

Para varguitas, “Argentina ha conseguido la hazaña (por sí sola) de regresar al tercermundismo”, o sea, fue culpa exclusivamente suya y de nadie más, donde el “nuevo orden mundial” no tenía nada que ver. El “populismo” es el gran culpable, porque este, y esa es la tesis actual, despierta al pueblo de su letargo al que se ve reducido por la política del imperio, donde el pueblo debe de ser sólo espectador pasivo de lo que deciden los llamados a mandar a las “masas ignorantes”; por eso le “produce vértigo comprobar que el mayor responsable de esta catástrofe histórica sin parangón, el peronismo, siga gozando en Argentina del favor popular”. Porque para varguitas, como para el neoliberalismo, la culpa de la pobreza la tienen los gobiernos que ceden ante los pobres, la culpa del desempleo es la política de pleno empleo, la culpa de que los pobres pidan mejores condiciones de vida son los populistas que despiertan en ellos “semejantes” derechos. “Si esto no es vocación de suicidio, no se qué es”, dice varguitas, porque, como no sabe (y se jacta de ello), descalifica toda resistencia como descalifica la modernidad de irracional, salvaje, prehistórico, todo lo que no coincide con ella. Por eso, no aceptar el precio de ser modernos y globalizados (a la medida del capital transnacional) no es otra cosa que una “fantástica carrera en la que parece haberse lanzado el pueblo boliviano hacia su ruina y desintegración”.

Para varguitas, tener “coraje” significa inclinarse obediente ante las recetas que dicta el FMI y el Banco Mundial. Por eso admira a Víctor Paz el haberse postrado de hinojos, sumiso (como debe de hacerse ante una divinidad), presto a cumplir las órdenes del amo. Ese “coraje de llevar a cabo reformas radicales e inequívocamente modernizadoras”, es el mismo “coraje” del conquistador que arrasa pueblos enteros sin conciencia de culpa (“murieron menos de 100 castellanos de Cortés, de los mexicanos murieron 100.000, sin contar los que murieron de peste y hambruna”), es el mismo “coraje” de los marines que demuestran una eficacia cada vez más eficaz: “120 de los nuestros contra más de 200.000 iraquíes (1991)”. Es el “coraje” moderno que se dice inocente de la sangre que derrama. Para varguitas, ese coraje “salvó” a la economía boliviana: “El gran sacrificio que esto significó, el pueblo boliviano lo soportó con estoicismo, apoyando las medidas modernizadoras: la privatización del sector público, los incentivos a la inversión extranjera, el apoyo a la exportación, y, en suma, la reversión de la tendencia populista, intervencionista y estatizadora”. Esas “medidas modernizadoras” significaron abrir el cuerpo de un país al apetito del capital que, como parásito, vive succionando la vida de otro. El “gran sacrificio” significa la condenación a la miseria de más del 50% de la población (la tasa acumulativa de miseria que crece a medida que crece la “tasa de ganancias” del capital transnacional). El “estoicismo” significa los muertos a bala por levantar la voz ante el ídolo que reclama siempre más sangre para vivificar su imagen. “Privatizar” significa desfalcar al estado, de modo que no pueda garantizar las condiciones mínimas de subsistencia de sus habitantes: sólo quienes tiene dinero gozan de salud, educación y bienestar (otra vez, el Estado no puede ser compasivo con los pobres, porque eso no es rentable; en el “nuevo orden mundial no se dará el sentimiento de compasión”). “Incentivar la inversión extranjera” es hacerle arrurruz y espantarle los cucos al crió que tiene que reproducirse chupando la sangre de este país, para levantar su vuelo (una vez henchido y eructando de tan hartado) y dejar puro hueso y piel (como dejaron el Potosí) para la carroña. “Apoyar la exportación” significa privarnos de lo nuestro para el despilfarro que hace la modernidad en sus banquetes vía CNN para que, por lo menos, calmemos nuestra miseria mirando cómo se despilfarra.

Que el pueblo reclame el derecho a la vida es, para varguitas, una “reversión”; hay que seguir adelante, aunque adelante esté la muerte hay que seguir y, cuanto más veloz sea nuestra marcha, será “más eterna la alegría”, porque ya no habrá “lagrimas ni lamentos por los condenados al fuego eterno”. Así infundía los ánimos de los cruzados Bernardo de Claraval, así infunde los ánimos de los neoliberales (los cruzados modernos) el varguitas. Adelante está el “progreso infinito” de la “competencia perfecta”, el “reino del mercado”, donde sólo se acepta ganadores y no se permite la entrada a “aquellos que no tienen el numero de la Bestia (…) aquellos que no pueden comprar ni vender”. El “reino del mercado” y su “sociedad abierta” no tolera intervencionismos ni estatismos. La “competencia perfecta”, por un acto de fe, produce la armonía social y el bienestar general; el interés privado produce (como por arte de magia) el interés general, o sea, si quieres hacer el bien no lo hagas, si quieres ser solidario no lo seas, si quieres dar misericordia no la des, si quieres justicia no la quieras, porque todo eso significa “intervenir” en el mercado. Y si el Estado cede ante los pobres, es entonces el Estado el culpable; el “Estado de bienestar” es el culpable de la pobreza: los beneficios sociales, la salud pública, la educación gratuita, la jornada de 8 horas, son los cucos sueltos que atentan el sueño feliz del crío que encarga la globalización a los gobiernos. La globalización exige el “Estado mínimo”, no para desaparecer al Estado, sino para mostrar su desnudez hecha represión salvaje. El Estado se convierte en el garante de la inversión extranjera y garantiza, aun a costa de la sobrevivencia de sus habitantes, la maximización de las ganancias de las transnacionales.

Los resultados son apreciables para el mercado mundial y, para varguitas, estos resultados, por una ecuación invisible, es buena para todos: “La economía boliviana comenzó a crecer, a atraer capitales extranjeros, y su vida política a estabilizarse, por primera vez en una historia en la que nunca antes un presidente elegido democráticamente había podido terminar su mandato. Había elecciones libres y alternancia en el poder. La política económica se mantenía y muchos países latinoamericanos empezaron a mirar con envidia y admiración al país del Altiplano”. La economía crece, pero la pobreza no decrece, las cifras de las transnacionales dan, cada vez, más ganancias, pero el impacto sobre la naturaleza es, cada vez, más funesto. El cinismo de varguitas podría presentarse de esta manera: aunque la economía destruya la naturaleza y condene a la inmensa mayoría a la miseria, esta economía demuestra ser la más eficaz y la más rentable, produce más ganancias. La política se estabiliza porque es una política a la medida del capital transnacional, donde el ciudadano aparece cada cinco años y no discute las decisiones, sólo las acata, porque las decisiones sólo las toman “los que saben”. Las elecciones son “libres”, porque representa la libertad del propietario que, con una determinada inversión, accede al poder para beneficiarse del lucro que representa tal “libertad política”. La política económica se mantenía a costa de privarle, a la gente, incluso de los elementos básicos para la vida (como el agua); se privatiza no sólo la educación y la salud, sino también los recursos naturales, de modo que nadie, que no tenga dinero, pueda tener acceso a ellos. La “envidia y admiración” provenían seguro de aquellos que veían qué magníficos negocios se hacían en Bolivia, qué eficacia había logrado la privatización, que permitía tasas acumulativas de capital nunca antes soñadas (cuanto menor era la inversión era mayor la ganancia, como en la “inversión de portafolio”, donde no se invierte en nada, sólo en la compra de acciones).

Pero resulta que nuestra “insensata” oposición a dejarnos matar de a poco, es una maldición divina. Si la víctima se resiste a ser sacrificada entonces esa resistencia es pecado de soberbia. Se trata de la “bárbara osadía de desafiar al imperio” que imputaba Cicerón a la rebelión de Catilina; la “locura judaica” con la que bautizaba Lutero a toda sublevación campesina; el “cáncer que debe ser extirpado quirúrgicamente” por Pinochet o Somoza. Se trata del odio del otro hombre, del excluido, del despojado de su humanidad: “No puede ser hombre en el sentido de la imagen de Dios. El judío es la imagen del diablo”, así piensa Hitler del otro. “Siendo por naturaleza siervos los indios, incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos”, decía Gines de Sepúlveda en el siglo XVI. La proyección de la victima como culpable lleva a su castigo. Cicerón lo expresa de esta manera: “Y tu Júpiter Optimo Máximo, castígalos, vivos y muertos, con los suplicios eternos”. Esa es la vocación de muerte presente en la inquisición, en las cruzadas, en la conquista de América, en las dictaduras de seguridad nacional y, en las palabras de varguitas, el nuevo Claraval del siglo XXI, que ya ha mostrado, a los cruzados de la globalización, la fisonomía del enemigo a aniquilar: la raza maldita, el pueblo enfermo. Por eso, hasta la riqueza que posee la victima es su propia maldición: “Entonces, los dioses, o tal vez el diablo, decidieron premiar la sensatez de los bolivianos haciéndoles descubrir en su subsuelo vastísimos yacimientos de gas y de petróleo. Fue la catástrofe”. Si la víctima acepta el sacrificio, entonces su proceder es racional, de lo contrario, es culpable del pecado mayor: el pecado de soberbia de enfrentar al imperio (que exclama: ¿Quién como el imperio?). Y la consecuencia de sus actos, para desgracia sólo suya, es la condenación perpetua (varguitas lo pone de este modo: “la anarquía, la guerra civil, el golpe de estado”).

“¿Cómo calificar a todo este proceso si no llamándolo locura colectiva, peste de estupidez?”, se pregunta varguitas. El enemigo a aniquilar es la “locura colectiva, la peste de estupidez”, en suma, el demonio desatado por las huestes del Mal, los enemigos del imperio, los que merecen arder en el fuego eterno. Y lo merecen porque, previamente, han sido rebajados de su humanidad, y mostrados como algo más que animales: “(Evo Morales) es un criollo lenguaraz, vivo como una ardilla”, cuyo pecado es “capturar el poder absoluto e instaurar una dictadura marxista” y, cuya popularidad, es “sólo explicable por una pulsión de muerte”. O sea, quienes están en contra, no tienen razones, y su resistencia al imperio sólo la explica una inexplicable apelación al inconsciente. Además de, según varguitas, ser Evo (al estilo Lord Sidius), el causante de todos los males (el retorno de los Sith), porque él sería el “lado oscuro”. Mucho Hollywood varguitas. Él solo habría “conseguido paralizar los intentos de dar una Ley de Hidrocarburos que permita a Bolivia beneficiarse”. Ni el mismo Anakin Skywalker habría conseguido algo parecido; así que varguitas, por lo menos (desde tu racionalidad neoliberal), deberás admitir que Evo es más eficaz que un Jedi knight (imagínate si el canciller Palpatine hubiera sabido de su existencia).

“Y ha declarado (nos dice varguitas), sin empacho (ya asoma la histeria), que es preferible que estas riquezas permanezcan en el subsuelo en vez de servir para enriquecer a las compañías capitalistas y al imperialismo”. Como es poco probable que varguitas tenga acciones en alguna empresa, tal reacción parece dibujar el honesto desprendimiento de un esbirro dispuesto a morir por su amo y, como tal, nos amenaza: “ya sabe el pueblo boliviano lo que le espera si el popular Evo Morales toma el poder”. “Una dictadura no es jamás la solución”, dice varguitas, pero la dictadura del “imperio de la ley” (de la ley del mercado) parece, según él, no serlo, es más, la democracia que impone el imperio “hay que aceptarla con todas sus consecuencias”. O sea, si empobrece más aun a la población boliviana, hay que aceptarla, si extiende aun más la corrupción, hay que aceptarla, si hace posible la extracción indiscriminada de nuestros recursos naturales, hay que aceptarla, si produce muerte y más muerte, hay que aceptarla. Y hay que aceptarla porque no hay alternativa; o nos sometemos o nos espera el castigo eterno. Si persistimos en lo que él llama nuestra “vocación tanática”, teniendo, para colmo, “la oportunidad de escoger”, ya nos amenaza lo que nos espera. 500 años después, la historia no ha cambiado, y la victima sigue siendo culpable de la violencia que el conquistador, completamente inocente, tendrá que ejercer sobre la irracional determinación de las víctimas.

“La primera razón de la justicia de esta guerra y conquista es que siendo por naturaleza siervos los indios, incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les traería grandísimas utilidades, siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor a lo mejor, para bien de todos”. Así Gines de Sepúlveda justificaba la conquista, así varguitas justifica la globalización, ambas caras de un mismo fenómeno: la modernidad. Hasta ahora, 500 años después, no se asoman aquellas “grandísimas utilidades”; y que sea “cosa justa” que el hombre moderno reclame superioridad sobre el otro hombre, es cosa evidente que es una pretensión ideológica, formulada ilustremente por el romanticismo alemán, en el siglo XIX, justificando el racismo ario e inventando toda una visión de la historia universal, donde Europa y Alemania son la cúspide y el sentido consumado de la historia como teodicea. La modernidad es, con Hegel, el plan divino consumado: el “reino de los cielos” manifestado como “reino del mercado”. De modo que, quien se oponga, es un asesino de Dios y desata, como maldición de Caín, una maldición infinita, una venganza nunca aplacada. La amenaza de varguitas aviva la venganza como asesinato de los asesinos de Dios, porque nos dice: “que experimente en carne propia (el que decide oponerse, toda oposición es un asesinato) las secuelas de su libre decisión. Tal vez así aprenda, reaccione, cambie” (¿será a látigo?). Y si no, ya sabemos lo que nos advierte. “Perseverar en el error” es, según él, decir no al imperio.

Pero si había un Gines de Sepúlveda, había también un Bartolomé de las Casas, es decir, si hay quien justifica la violencia contra la víctima hay también quien le defiende y descubre en la víctima el “grito del sujeto” que “clama desde la tierra” (como clama la sangre de Abel, la sangre del hermano). “La causa porque han muerto y destruido tantas y tales y tan infinito numero de ánimas los cristianos, ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riqueza en muy breves días y subir a estados muy altos y sin proporción a sus personas”. Así describe Bartolomé de las Casas el fin último que persigue el hombre moderno y que, no está dispuesto a tolerar ningún obstáculo que detenga esa ambición que no tiene límites. Hoy es el petróleo, el gas, el agua, es todo aquello que pueda ser rentable y asegurar la maximización de las ganancias, no importando los daños medioambientales, porque la eficacia se mide por incrementar el lucro, no por preservar la naturaleza; y, eficaz es también, gracias a la tecnología, utilizar la menor cantidad posible de mano de obra. Pero la economía sigue descansando en la explotación, en la plusvalía cada vez más perfecta, en la transferencia de valor (que es en definitiva sangre, trabajo no pagado, vida perdida) de los países pobres a los países ricos, de modo sistemático y racional. La violencia también está racionalizada, como teología secularizada, hecha política y economía. Las amenazas de varguitas responden a esa tradición que hace del sacrificio el culto diario del imperio que se cree divino; que santifica todas sus guerras y a todos sus conquistadores. Bartolomé demuestra que esta no es sino una abusiva pretensión, sin fundamento racional alguno: “Que esta guerra sea injusta se demuestra, en primer lugar teniendo en cuenta que la merezca el pueblo contra el cual se mueve la guerra, por alguna injuria que le haya hecho al pueblo que ataca. Pero el pueblo infiel que vive en su patria separada de los confines de los cristianos no le ha hecho al pueblo cristiano ninguna injuria por la que merezca ser atacado con la guerra. Luego esa guerra es injusta”. El mito de la modernidad encubre esta violencia desmedida sobre victimas indefensas que, aun en el caso, de ser incorporadas a la civilización, “la Providencia divina estableció para todo el mundo y para todos los tiempos, un solo, mismo y único modo de enseñarles a los hombres la verdadera religión, a saber: la persuasión del entendimiento por medio de razones y la invitación y suave moción de la voluntad”. Por un lado, la modernidad proclama la era de la razón pero, por el otro, inaugura una época de violencia mundial jamás imaginada. Y expande esa violencia como “voluntad de poder”, arrasando con el hombre y la naturaleza, dispuesta a no claudicar en su marcha suicida (matando a todo se mata a sí misma), haciéndola cada vez más eficaz, acabando con las fuentes de donde mana la riqueza, que se reproduce como capital, mientras deja muerte y desolación en su marcha triunfal.

Varguitas es el nuevo sacerdote del “nuevo orden mundial”, y desde su torre de Babel (o de papel) no descansa, como “aquel que acusaba a nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba ante nuestro Dios (Apocalipsis)”. Pero su afrenta no se responde con otra, sino con la esperanza. Nos oponemos al “nuevo orden mundial” porque “mata al prójimo quien le priva de la subsistencia, y derrama sangre el que retiene el salario al jornalero (porque) como quien inmola al hijo a la vista de sus padres, así el que ofrece ofrenda de lo robado a los pobres (Eclesiástico 34)”. La “voluntad de poder” es una “voluntad suicida” que no sólo acaba consigo misma, sino que arrastra a todo el planeta en esa marcha estrambótica, dejando miseria y desolación donde aparece su apetito, mientras no descanse en consumir todo lo que se le antoja hasta reventar y arrojar sus desperdicios a los cuatro vientos.

Es esa “voluntad suicida” la que se presenta como lo “racional”, lo “humano”, lo “civilizado”; la que promete siempre el “progreso”, la “libertad” y la “justicia” y, en nombre de ellas, expande la violencia y santifica sus guerras y a sus legionarios como “heraldos de la paz”. Pero la paz que nos promete es “… la paz de los impíos. Pues no hay para ellos tormentos; están sanos y rollizos. No tienen parte en las humanas aflicciones y no son atribulados como los otros hombres. Por eso la soberbia los ciñe como collar y los cubre la violencia como vestido (…) Ponen su boca en el cielo y su lengua se agita por la tierra. Por eso el pueblo se vuelve tras ellos (…) Helos ahí: son impíos, pero tranquilos constantemente aumentan su fortuna (Salmo 73)”. Se trata de la paz de hacer negocios libremente y explotar sin intervencionismos. Se trata del egoísmo, la indiferencia y la lucha de todos contra todos, hecho programa de vida. Pero si todos luchan contra todos, ¿quién sobrevive? El que sobrevive es un individuo desprovisto de comunidad; una comunidad sólo es posible si se permite que viva el otro, el prójimo. Por eso dicen no los pobres, porque ellos nos muestran las consecuencias a las que nos está llevando el mundo moderno y la globalización: a la muerte de la humanidad.

Hay algo cierto en lo que dice varguitas, pero de modo inverso, pues “hay otras (sociedades) en las que aquel impulso natural colectivo (de prosperidad) brilla por su ausencia y, en su reemplazo, parece prevalecer una clara preferencia por el estancamiento, la involución histórica y hasta el suicidio económico y social”. La sociedad moderna apunta a este suicidio que habla varguitas, pero no por el “estancamiento económico”, sino por el agotamiento sistemático de las fuentes de riqueza que produce una economía centrada en la racionalidad medio-fin (expresada en el criterio de la eficiencia: una acción es más racional, cuanto más rentable es, o sea, es más eficiente la acción que genere más ganancias); tampoco por una “involución histórica” (la regresión es un concepto moderno que descansa sobre una concepción lineal de la historia), la modernidad necesita de un sentido único para perseguir una dirección inalterable de la historia.

“Las razones (dice varguitas) por las que esta naturaleza reaccionaria y antimoderna se enraíza en una sociedad son muy variadas: ideológicas, religiosas, culturales”. Pero, más bien, las razones que ofrece la modernidad, como hemos visto, son de esta índole, aunque siempre presupuestas y nunca asumidas; porque le conviene mostrarse universal y no cultural, científica y no ideológica, racional y no religiosa, porque no le gusta que se le toque los fundamentos, porque en ellos no hay consistencia. Porque la modernidad es “una estatua de bronce con los pies de barro”. A ella se inclinan los que no ven la miseria y el despojo que deja el “progreso, la justicia y la libertad” que proclama la globalización. “Tienen ojos y no ven, oídos y no escuchan”; para ellos, dedicamos las palabras de otro que murió como mueren todos los pobres, cargando una cruz: “Dios mío, perdónalos, porque no saben lo que dicen”.



lunes, febrero 27, 2006

ACTIVIDAD EN EL H SENADO NACIONAL





Gastón Conejo SENADOR CBBA

(De Tribuna Boliviana)
Nuevos días de labor intensa preparando la artillería
y las trincheras para trabajar por la refundación de Bolivia.


Fuimos citados de urgencia por el Presidente Evo Morales Aima y el

Vicepresidente Álvaro García Linera, iniciada la semana a las 10 pm en la
Casa Presidencial. Gran lujo de muebles y cuadros de elevada plástica.
Trabajamos hasta el amanecer, casi 4 de la madrugada. Múltiples
recomendaciones sobre la propuesta de Ley de la Asamblea Constituyente,
coordinación con el Ejecutivo para permitir conformar ministerios con
eficiencia. Informes de Evo sobre trabajos y proyectos. Posibles futuros
embajadores y vice ministros.
Ha pasado un mes de iniciado el nuevo gobierno y a pesar de algunas
falencias, la evaluación es positiva. Todos insisten en propuestas
urgentes pero el tiempo apremia.

GESTIÓN LEGISLATIVA

Se promulgaron varias leyes importantes, la peor fue la del Ejercicio
Profesional del Ingeniero Agrónomo, cuyos articulados fueron en su
mayoría anulados por la mala concepción y la pésima redacción en su
forma y significado.

La oposición se reagrupa a pesar del rudo golpe propinado con las Leyes
aprobadas: la Ley de Austeridad y la Ley de la Organización del Poder
Ejecutivo. Pretenden llevar adelante las minutas de comunicación, los
informes escritos, orales, múltiples y más de seis interpelaciones a
distintos ministros.

Una de las últimas exigen que el ministro les aclare cual es el
programa de “Nacionalización de los Hidrocarburos del MAS”, como si ignoraran
la propuesta electoral del MAS. Quise responder a las impertinencias
del Senador Guiteras pero Santos Ramírez, el presidente del Senado, no me
concedió la palabra.

Se trataba de enfatizar el rescate de todos los recursos naturales de
Bolivia, los que su agrupación política enajenó desde
Goni-Bánzer-Quiroga y Mesa, en realidad desde Paz Estensoro con su 21060.
Ahora, serán eliminadas las petroleras que cometieron delitos como la Chaco, la
Andina-Repsol, que contrabandearon comprobadamente hidrocarburos por Arica a
Chile y por Yacuiba a Argentina, también a Perú y seguramente a Brasil.
Tendrán que partir a su España que promete apoyar a sus empresas.

No se aceptará de ninguna manera la validez de los contratos no
aprobados por el Congreso.

MINISTROS

Se visitaron y conocieron tres ministerios: Hidrocarburos (excelencia
de figura humana, sensibilidad de escritor y varón de nobleza patriótica
indiscutible), al de Salud (en realidad a sus viceministros porque no
tenía tiempo para atendernos) y Defensa, el ministro es joven, afable y
de grata relación humana. Prometimos ayudar y colaborar ante la
arremetida de PODEMOS.
LAB.

Se efectuaron dos entrevistas importantes en relación al problema Lloid
Aéreo Boliviano, al Jefe de Seguridad del LAB Francisco Montoya y al
Director Nacional de Aeronáutica, Javier García. Hasta el momento todo
parece confirmar la corrupción a partir de la capitalización de la
empresa y de su actual presidente, además, la evidencia de un elevado riesgo
con posibilidad de accidente aéreo, negocio con los repuestos, lenidad
en mantenimiento, dificultades en la relación entre los trabajadores y
las autoridades.

Nos comunicamos con el ex Senador Ángel Saballa, quien parece ser un
personaje bondadoso pero pusilánime pues espera una nota del Senado para
efectuar los cambios necesarios e imprescindibles en las jefaturas de
Pilotos y Tripulantes (Noya, Cardona y Gamarra) los mismos que
interfieren con una buena atmósfera de relación humana entre tripulantes,
posibilitando innecesariamente mayor riesgo.

REUNION CON EL EJECUTIVO

Nuevamente citados a reunión de madrugada. 7 am en el Palacio de
gobierno. Reagrupación de voluntades y propuestas. Estrategias inmediatas
para aprobar la Ley de Asamblea Constituyente. El problema importante en
la opción de lograr consenso, será el número y la forma de lección de
representantes constituyentes.
Los enemigos proponen que se apruebe simultáneamente la Ley del
“Referéndum Autonómico vinculante”. Evo Morales responde que se aceptará
condicionalmente siempre y cuando también exista autonomía para las
provincias, los cantones y las comunidades. Es una buena maniobra para lograr
el equilibrio también en las circunscripciones. Piensa que se puede
transar agregando otros tres representantes por departamento aunque so
signifique aumentar el número total de constituyentes con aumento del
costo. Se sumaría a los 210, unos 27 constituyentes, con ello se ofrecería
equidad proporcional a los departamentos menos poblados. Total 237.

PROBLEMA LEONIDA ZURITA

La honorable compañera llegó del Chapare para preparar su segundo viaje
a EEUU y asistir a una reunión femenina sobre derechos Humanos. En el
consulado americano se le requisó el pasaporte y se anuló toda visa. El
motivo esgrimido fue la calificación por tener “actividad terrorista”.
Es más, le pidieron que compre unos formularios con 98 dólares y la
prontuariaron inmediatamente. Como todo ser humilde salió del consulado
herida en su dignidad y apenada de no asistir al encuentro. Conocido el
hecho, en la Bancada, enviamos inmediatamente una nota respetuosa pero
de tenor firme exigiendo al Embajador un informe sobre el vergonzoso
evento inaceptable y grave. Estamos a la espera de su respuesta. Nos llamó
la atención que algún diputado, el Vicepresidente, minimizaron el
problema. Evo Morales quedó indignado ante el desaire y la agresión
diplomática. Su reacción fue similar a la que sentimos en la Bancada por eso
nos identificamos plenamente.


SICA- SICA Y CHURUQUELLA. Aprobamos una ley sobre el patrimonio
natural, paisajístico de ambos cerros gemelos en la ciudad de Sucre. Al
término recordé a los chuquisaqueños que más importancia tiene en su Capital
la protección de las huellas de dinosaurios del cretáceo (90 millones
de años) a punto de ser destruido por FANCESA y las áreas donde se
encuentra un tipo de palmera, única en el mundo, no sabían de ello y deben
preguntar a su comité ecologista.
Llegó el hijo Fiscal de Santa Cruz. Tiene la enorme responsabilidad de
enjuiciar a Andina Repsol por el contrabando de hidrocarburos vía Arica
y Yacuiba. Trae la documentación y evidencias de la denuncia. Se
comunican él y la diputada denunciante para coordinar el proceso. Es preciso
proteger a numerosos testigos de la venganza petrolera. Pedimos al
Ministro de Defensa que esté atento.

ENFE ORIENTAL. También en tapa de destrucción igual que la Occidental,
descubrimos un enorme acto de corrupción de parte de ENFE Residual que
enajenó terrenos fiscales en comodato irregular y alquiló a una empresa
privada, finalmente la enajenó por un valor de un millón de dólares
extensas hectáreas en pleno Santa Cruz (entre el segundo y tercer anillo).
El valor real es de 14 millones de dólares. Investigaremos prontamente
para rescatar, si es posible.

MUTUN

Conocemos que la licitación fue postergada temporalmente mientras se
defina la ley de la minería para no repetir enajenaciones al estilo
petroleras. Bien por la decisión del ministerio.

PREGUNTAS A LA CONCIENCIA. Adjuntamos un artículo escrito en soledad
reflexiva abrumado por el descubrimiento de actos como los denunciados y
corrupciones universitarias en la UMSS, otrora el hogar de nuestros
mayores, de mi padre que fue vicerrector y rector subrogante cuando hacía
dupla con Arturo Urquidi, en tiempos felices de honorabilidad. Después
me tocó vivir mi universidad por más de 40 años. Al hijo y a mí nos
botaron con ignominia los miristas, eneferistas, adenistas, emeneristas.
Ahora pretenden botar a la esposa. Ahí va.

PREGUNTAS A LA CONCIENCIA

Pergeñamos interrogantes a la conciencia social del pueblo profundo de
la patria, solicitando el permiso correspondiente para evitar la
vergüenza de nombrar a los autores de los delitos denunciados y con el
derecho de sugerir, en esta nota, hechos que carecen de moral pero que por
su ruindad no podemos acallar.

Las interrogantes iniciales van dirigidas a personajes olvidables y
sin importancia. A un Decano timorato de medicina, a un Rector anodino
de una universidad cualquiera, a un director académico sin mayúscula, a
un jefe de departamento destacado tránsfuga, a varios docentes
cómplices de los consejos facultativo y universitario, a los estudiantes,
instrumento de tramas inaceptables, aprendices de corrupción e integrantes
en ambos consejos.

Luego de conocer la verdad sobre ilegalidades y delitos cometidos en
los exámenes de competencia ¿Ustedes autoridades, quedaron con la
conciencia tranquila lograron sueños pacíficos, sin pesadillas persecutorias?
¿Y el silencio guardado no persiguió su intimidad como envenenado
aguijón de avispa comprometida?

La conformación de un tribunal maquinado por todos ustedes ¿no los
persigue después de un año como un dolor canceroso las úlceras de vuestros
huesos?

El cambio de las notas de evaluación en planillas adulteradas, la
falsificación de las firmas y otras transgresiones en comisiones falsarias e
ineficientes, los silencios cómplices y las resoluciones de ilegalidad
saturadas, ¿no hiere la médula de sus vivencias mediocres e
insubstanciales?

A las autoridades académicas del currículo asesinado, tierno retoño
viviente de cuatro años de gestación y dos de recién nacido ¿no les dice
absolutamente nada la evocación del bíblico Herodes Agripa?

Al jefe de cirugía, urólogo amnésico del Juramento Hipocrático, le
dice algo la sentencia: ¡A los hijos de mis colegas como si fueran mis
hijos! ¿Será que algún día, otro peor enemigo, no despida con ignominia a
su propio hijo docente? Y luego, cobarde, ¿inculpe a otros de su
incalificable delito?

A quienes dirigen el destino del histórico San Simón ¿hasta cuando se
permitirá la intromisión de políticos nefastos y política detestable,
la misma que destruye la imagen y el prestigio de nuestra universidad de
antaño? ¿Y el paraguas de la Autonomía y los sueldos fantasmales,
continuarán agrediendo su majestad?

Van preguntas a dos abogados que incurrieron en graves faltas a la
ética profesional en su equivocada defensoría por encargo rectoral.
¿Defendieron con justeza sus falsarios argumentos? ¿No se llenan de vergüenza
hasta las heces?
A uno de ellos, abogado defensor de la universidad extraviada, el mismo
que cambió de equipo incurriendo en delito grave y a una semana
solamente para reiniciar su oratoria de falsedad y mentira. ¿Podrá continuar
su discurso de mendacidad reciclada?

A los docentes que oficiaron de tribunal en el Amparo judicial iniciado
por docentes de dignidad lesionada, en el cual se expusieron alegatos
demostrativos ¿A pesar de reconocer la corrupción denunciada, no les
duele la cobardía de dictaminar “IMPROCEDENTE”, sólo para que no los
eliminen de la planilla universitaria?

Agobiado pero ansioso de honestidad, pregunto a mi corazón, herido al
descubrir con vergüenza los males que aquejan Bolivia, los bolsones de
pus en tantas instituciones: LAB, ENFE, la ADUANA, el Servicio de
Caminos, ENTEL, los BANCOS, YPFB-Residual en Camiri, las PETROLERAS
ladronas y el contrabando por ARICA, TACNA, YACUIBA, los Bienes Incautados
del narcotráfico y el vejamen americano a la Honorable Leonida. Ahora,
además del CEUB, también el poder Judicial, los tribunales, los jueces y los
abogados, el rector, los decanos, los delegados docentes, los Consejos,
las comisiones de alumnos y profesores, el sindicato docente…¿por qué
punto comenzar a limpiar certero las tormentas de la patria?

Y todavía hay bolivianos temerosos de fundar otro país, otra Bolivia
saneada de intelectuales corruptos, otro lar, otra nación, donde se
sienta el orgullo de la identidad, de honestidad transformada gracias a la
nueva Ley de la Asamblea Constituyente, que en próximos días lograremos
aprobar en el Congreso, para el bien de nuestro país.

¿Será posible aceptar que solamente los seres de clase media logren el
cambio necesario?

¿Que los médicos solucionen las carencias en salud y seguridad social?

¿Que los maestros puedan organizar la educación intercultural
multilingue, sólo ellos, a los ignaros?

¿Que los arquitectos actuales solucionen los problemas de vivienda
nacional?

¿Que los ingenieros, agrónomos, produzcan la transformación, el cambio
estructural de toda la economía, el desarrollo, la producción,
solamente los profesionales?

¿Que los ministros sapientes organicen la administración del Poder
Ejecutivo con sus conocimientos aislados?

Y donde quedan los valores morales y los principios bioéticos ¿no serán
complementarios o más bien, principales requerimientos para la nueva
Bolivia?

En la Asamblea Nacional Constituyente ¿tendrá alguna importancia elegir
representantes médicos, ingenieros, agrónomos, intelectuales,
arquitectos, profesores, docentes, rectores, decanos, consejeros, comisionados
de alto vuelo profesional y de clase media cultores de la política
oligárquica del sistema neoliberal? ¿No será preferible conformar
constituyentes con seres simples, humildes, obreros y campesinos, estudiantes,
mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, respetuosos de las etnias y
nacionalidades, pletóricos de valores éticos, seleccionados de honestidad y
concepciones sublimes, sensibles de fraternidad, de esencial levadura
espiritual y de elevada moral? Concluimos que no importa el número sino
la calidad de los seres humanos elegidos. ¡Que emerjan del pueblo
profundo y pobre de nuestra Bolivia!.

Las preguntas surgen incontenibles mientras nos preparamos a pronunciar
argumentos en pro de la patria del futuro en el hemiciclo del H. Senado
Nacional y a elevar la mano o el puño izquierdo bien apretado para
derrotar a la anti nación que cual Ave Fénix, pretende resucitar
enarbolando la bandera roja sustraída, así como la significativa estrella de
cinco puntas de la internacional proletaria, también robada con ignominia.

Las respuestas vienen prontamente y son obvias.


GASTON CORNEJO BASCOPÉ
COCHABAMBA, FEBRERO DEL 2006

domingo, febrero 26, 2006

LA VERGÜENZA QUE NOS CONDENA

Dos crónicas han puesto en vilo a los medios. Pero no sólo a ellos porque, como es su costumbre, sus desvelos se han contagiado a todo aquel parroquiano que, frente a esa caja encantada llamada TV, digiere penosamente (con cólicos y retortijones) lo que suelen llamar “información”. Para eso además les sirve la democracia: para que sus “preocupaciones” sean las de todos; para que todos, dicen, tengan una opinión (la que difunden ellos por supuesto). Una, se adivina, es la vestimenta de Evo. La otra ya no truena; el “consenso” fue magistral, su despliegue mediático certero; no había más de qué hablar, todos, dicen, habíamos coincidido: fue una vergüenza que los indios se lavaran los pies en la Habana. Las telenovelas suelen mostrar, de modo patético, a quiénes les preocupa la apariencia ajena; por lo general son cotilleras, y alguna presuntuosa “nueva rica”, quienes hacen su agosto de la facha ajena. De este modo se colige: hablar de ello es pura frivolidad. Lo cual es cierto. Pero la cosa no empieza y acaba allí; porque ya no es cierto que la misma frivolidad sea asunto frívolo. Frívolo es el enfoque que le dan los medios, pero el asunto mismo puede no serlo. Haber. El asunto para la farándula es: ¿por qué el indiecito no viste “como se debe”? Esta aparente pregunta no busca una respuesta, busca hacer de la dignidad una comedia. Así de grave. Porque el “como se debe” ya presupone un prejuicio mayúsculo, y este prejuicio acusa de “soberbia” a aquel que, precisamente, “no es quién para no obedecer”. O sea, la pregunta resulta un reclamo iracundo del “humilde” y el “obediente” (aquel que hace cara de asco en el mercado). La pregunta que no es pregunta olvida un sinnúmero de olvidos que, como quieren olvidarse a toda costa, entorpece todo intento porque tal pregunta reclame honestamente una respuesta. ¿Por qué se pide que vista como un gentleman precisamente a quien nunca se trató como tal? Entremos en detalles. La política del olvido es propia de una mente periférica (colonizada) que, alegre y cómodamente, reparte condenas desde su dizque “sano y limpio” dictamen (limpio, al menos, de toda memoria). Por eso la conquista es, para este parecer, una historia de amor entre Pocahontas y el capitán Smith; la colonización, una historia de ficción sobre Marte; la libertad, lo que promete Master Card; la democracia, el american way of life; la pobreza, un castigo divino. El mundo es el “mundo de la fauna toyota” y, mientras los tsunamis se queden en el pacífico, “hay que bailar, porque la vida es un carnaval”. Por eso, quienes se quejan deben de estar locos. Si no es la envidia, debe ser el odio lo que mueve a la gente a protestar; para colmo, quienes protestan, gritan, no hablan bien, son maleducados, visten mal, son feos, o sea, son pues “indios”. Para estos despreciados, el mundo y la vida es otra cosa, y debiera ser otra distinta. En su memoria, la conquista y la colonia ha sido y es lo mismo que la democracia del que manda: “es morir como perros para que otros coman como chanchos”. Es la pobreza a la que son condenados por una riqueza globalizada, que no se cansa de prometerles una recompensa a su sacrificio (pero long time ago, in a galaxy far, far away). Si, a pesar de todo, quieren salir de la pobreza, hay que pagar un precio: negarse a sí mismo; pero aun negándose, su palabra y su piel les delatará siempre, y si, pese a todo, logran una apariencia respetable, a su alrededor lograrán curiosidad, pero no respeto. Porque su lugar siempre será el de abajo, por si se le ofrece algo al de arriba. Para este, el “indio” bien vestido, casi pasará por un gentleman; pero visto bien, siempre será lo que es (condimentando su sentencia apuntará: “el hábito no hace al monje”). El racismo se hace elocuente en el típico sarcasmo boliviano (al estilo tralalá y demás hijastros). Es el mismo racismo que reclama educación a quien nunca se le dio la educación que después se le reclama; que le obliga a adoptar la estética que siempre le fue negada; que mira torvamente sus actos, si es que es “digno” del favor magnánimo de admitirle en su círculo, el de los “señores”. A estos les interesa el cómo se va, porque creen que se trata de su fiesta. Por eso reclaman en una pregunta lo que ofende sus prejuicios. Y esa ofensa duele más porque un “indio” hará de anfitrión en la casa de sus padres de la patria (los primeros ladrones). Pero pasemos la página, porque nos interesa comprender, no condenar. Entonces, una pregunta sobre el cómo puede y debe hacerse, pero desde otra perspectiva. Aquí podemos pasar de la frivolidad a la seriedad, porque el vestir es una preocupación legítima, como el comer; no existe cultura que no tenga normas básicas sobre ambas dimensiones fundamentales de la vida. Pero sucede que, cuando se proscribe toda memoria y se impone normas sin más, entonces ya no hay qué preguntar sino sólo acatar. Eso de que el protocolo sea una convención ecuménica de todo país civilizado, es una ficción moderno-occidental, porque al afirmar aquello, lo que en realidad afirman es su protocolo. Aquello que impusieron como “patrón civilizatorio” es, in strictus sensu, su “particularidad” (europeo-gringo-occidental) que pretende, para sí y sólo para sí, la categoría de “universal”. Hagamos memoria. Hasta el siglo XVIII, el protocolo más exquisito y fastuoso (en el globo) era el chino (sin contar el árabe que, por siglos, deslumbró a las pobres cortes europeas con sus exhibiciones de lujo), y allí no había ni corbatas ni sacos Armani; es más, si de protocolo hablamos, sus inventores no son precisamente los europeos, como tampoco lo son del pantalón (que viene de los mongoles), del blazer o “americana” (que viene de los chinos), el cinturón (de los egipcios), la camisa (de Babilonia), el pañuelo (de la India), etc., etc. Entonces, si de protocolo hablamos, ¿cuál debiera considerarse como “lo nuestro”?, ¿qué es “lo nuestro”?, ¿es “lo nuestro” el resultado de una “libre elección” en el mercado?, ¿o es lo nuestro aquello que nos rodea y que tratamos infructuosamente de negar? De otro modo, ¿quién es el culto y quién el inculto, el que sólo mira afuera o aquel que se atreve a mirar adentro?, ¿quién es civilizado y quién no, el que vive copiando lo ajeno o el que intenta recuperar lo propio? Entonces y, en resumidas cuentas, ¿qué y cómo era el protocolo entre los incas, en Tiwanaku, entre los guaraníes o ayoreos? Ahora bien, si hay algo de complacencia en el vestir (como conditio humana), hay que preguntar: ¿a quién se busca complacer? En este punto trascendemos la mera cotidianidad, pues cuestiones tan habituales pueden llevarnos a las fundamentales. Porque la liberación no es sólo un proceso objetivo sino también, y en mayor medida, subjetivo. El sujeto liberado es aquel que empieza a ver-se con otros ojos; su humanidad es des-cubierta como afirmación de su dignidad, lo cual hace posible una nueva evaluación de todos sus actos, hasta el vestir. Gandhi dice lo siguiente: “no puede ser bella una tela producto de la injusticia”. India fue, hasta la invasión británica, el productor textil más grande del planeta; cuando empieza el proceso de liberación surge la pregunta: ¿cómo podemos comprar la tela británica si, gracias a ella, despreciamos la nuestra y hacemos de nuestros campesinos unos miserables? Como es sabido, él mismo dio el ejemplo: hacer su propia ropa era el modo de recuperar la dignidad de una economía rural. El que es libre enseña a ser libre a los demás. En cambio, dominado es aquel cuya admiración por el amo es tal que, aún vencido este, insiste en imitarle. Entonces, la liberación no es cosa fácil, lo contrario sí lo es. ¿Cómo se es libre en la forma? Y, si sólo es cuestión de forma, y la convención es sólo eso: ¿cómo se dignifica un traje que simboliza la estética del opresor? Estas preguntas no las hacen los medios, lo que preguntan no son preguntas, son sólo lamentaciones de dominado, que se avergüenza ante el amo por el júbilo de la plebe. Como se avergüenza de un acto que, dicen, ofende a los “buenos modales”. Cuando los “indios” se lavan los pies en las playas de la Habana, ¿qué es lo que molesta? Otra vez, se exige educación al que siempre fue privado de esta. La opresión es un proceso de domesticación que hace de la ignorancia el modo de ser del oprimido. Si el oprimido, por recuperar su propio modo de ser, acude a sus tradiciones para todavía ser alguien, a los ojos del opresor tal intento no es otra cosa que resabios de salvajismo, propio de un “ser inferior”. Por eso la pobreza no es sólo un despojamiento material, sino también simbólico; dejando la humanidad del pobre reducida a una “cosa” de cómoda manipulación. Esa manipulación permite todo, hasta ultrajar la intimidad, diseccionando cada detalle, como es costumbre en los laboratorios. Su desgracia se la muestra como ajena y su búsqueda de bienestar como desgracia “nuestra”; por eso se subtitulan sus protestas: “la otra Bolivia”, la que proviene de “afuera”, la que está de más y no es “nuestra”, la que nos priva de soñar con las migajas que nos arrojan quienes socavan nuestro patrimonio. Y cuando son ellos los invitados, vía aérea, recibiendo los honores que otros se atrevieron a hacerles, entonces los avergonzados somos “nosotros” porque, como dicen los medios, ¿qué van a pensar de “nosotros”? Y todavía esperamos que se “comporten como gente” cuando ese “nosotros” nunca los trató como tales. El escándalo subió de volumen porque se “atrevieron” a lavarse los pies en las playas de la Habana. ¿Qué dirían los defensores de las “buenas costumbres” si supiesen que las regulaciones higiénicas de los incas eran de lo más estrictas y obligatorias para todo el imperio; que los pies juegan un papel fundamental, no sólo en la higiene, sino también en la salud, dentro de la llamada cosmovisión andina; que esa idea la comparten culturas de las más sofisticadas y extraordinarias, como la china, árabe, japonesa, hindú, judía, etc.; que el mismo Jesús de Nazareth, el Mesías, el ungido, lavó los pies a sus discípulos como ejemplo a seguir: que el más grande sea el más pequeño entre sus hermanos; que la costumbre de lavar los pies (en la cultura de la cual provenía el Mesías) simbolizaba también el desagravio de una injusticia cometida; que a lo mejor, en vez de escandalizarse del hecho, debieran ser ellos los que debieran ir a lavarles los pies a aquellos que tienen que hacerlo por sí mismos? Desde el 1492, el Abia Yala ya no pertenece a quienes la merecieron; con todos los problemas que hubiesen tenido, nadie podía prohibirles habitar y cultivar (morar su mundo) la tierra de la cual eran criatura como en el vientre. Más de quinientos años después, los del altiplano bajan al caribe y, ¿qué hacen?, se lavan los pies; es decir, después de quinientos años su cuerpo, los extremos del cuerpo más inmediato a la tierra, les comunica que han atravesado su tierra, la tierra de sus antepasados, el Abia Yala, que una vez fue un todo. Sus pies les dijeron que sí, que el sabor de la sal del mar de los caribes era ese y que ellos habían sido testigos de aquello. Quizás era necesario eso para estar seguros de lo que habían logrado; quizás el cuerpo, la memoria del tacto, reclamaba aquello; quizás eran ellos, en ese acto, quienes lavaban los pies de todos nosotros, y nosotros no supimos agradecer tal acto; quizás incluso ellos no sabían lo que hacían, pero lo hacían, dejando de lado el qué dirán, atendiendo sólo a la memoria, que les impulsaba a cumplir aquello; quizás incluso nosotros nunca sepamos qué significado tenía aquello; quizás haga falta todavía escarbar más en el olvido, para admitir algo tan sencillo: que no podemos condenar algo sólo por no comprenderlo.
La Paz, enero de 2006

El pueblo Yuqui

NOTICIA DEL PERIODICO "OPINION" (Cochabamba)

Textos: Jorge M. Delgado
El pueblo indígena Yuqui habita en la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) Yuqui-CIRI que se encuentra a 294 kilómetros de Cochabamba, en jurisdicción de la quinta sección de la provincia Carrasco.La comunidad Yuqui, la única que existe, se llama Bía Recuaté, que traducido al idioma español significa “donde vive nuestro pueblo”. La TCO tiene una extensión de 116.000 hectáreas que son compartidas con pueblos yuracarés que viven a orillas del río IchiloLlegar a Bía Recuaté es toda una travesía, ya que primero se debe acceder hasta Puerto San Marcos, que en realidad es el final del camino que partiendo desde Cezarsama, llega hasta la orilla del río Ichilo. De puerto no tiene nada, más que un par de lanchas en la rivera. Luego se debe abordar una lancha a motor que tarda en promedio una hora para llegar hasta la comunidad. Partiendo desde Puerto Villarroel, se tarda seis horas.No existen datos exactos sobre la cantidad de habitantes del pueblo Yuqui, aunque sí se sabe que el número de familias es 62. Los distintos estudios de población nunca pudieron especificar el número exacto de Yuquis debido a la constante movilización en la que se encuentran los indígenas, ya sea en el interior de la selva, recolectando fruta y cazando, o a lo largo de los ríos, pescando o finalmente en los poblados del trópico de Cochabamba, vendiendo sus artesanías, que son actualmente la principal fuente de ingreso económico. El Cacique de los Yuquis, Walter Itoira asegura que “más o menos somos unas 300 personas”. Es considerado un pueblo en peligro de extinción, debido principalmente a las enfermedades endémicas que los acosan, como la Tuberculosis, la Micosis Pulmonar y la Lepra Blanca.Varias investigaciones etnológicas y la propia tradición oral y lingüística de este pueblo, revelan que tiene raíces Tupiguaraní. Debido a riñas internas entre caciques un grupo de familias se desprendieron de su matriz guaraní iniciando un desplazamiento hacia la parte oriental del Amazonas, convirtiéndose de esta manera en un pueblo nómada, cazador y recolector. Tras llegar a la zona del río Ichilo e inmediaciones de Arroyo Negro, los yuquis se encontraron con indígenas Yuracarés y luego con los primeros asentamientos de colonizadores en el trópico de Cochabamba.En ese tiempo, a principios de la década del 70, los Yuquis tuvieron que vivir la experiencia de la guerra y la muerte ya que se produjeron, según se tiene registro, muchos enfrentamientos entre colonizadores apoyados por tropas del Ejército boliviano que derivaron en muchas muertes, que en bando Yuqui significaron la pérdida de una gran parte de su población.Poco a poco, este pueblo se fue instalando en lo que actualmente es la comunidad Bía Recuaté. Este proceso de sedentarización se realizó por influencia de misioneros evangélicos de la organización religiosa “Nuevas Tribus”.Finalmente cuando en 1991 se realiza la Marcha por el territorio y la Dignidad protagonizada por los indígenas del oriente boliviano, un decreto supremo les otorgó 118.000 hectáreas de tierra reconocida como territorio indígena que tras ser promulgada la Ley Inra, el Titulo Ejecutorial que legaliza la posesión de su territorio definió las 116.000 hectáreas que ahora poseen los Yuquis como Tierra Comunitaria de Origen.

viernes, febrero 24, 2006

En Santa Cruz reclaman gobierno departamental, pero niegan la autonomía a provincias y comunidades



NOTICIA

Indígenas y cívicos tarijeños apoyan el referéndum vinculante a nivel provincial y comunal propuesto por Evo

Redacción Bolpress http://www.bolpress.com/politica.php?Cod=2006022311
24/12/2006

Para enfrentar a la presión cruceña, el Presidente Evo Morales propone realizar un referéndum vinculante no solo departamentalmente sino que también resolutivo a nivel provincial, por circunscripciones y hasta comunal. De tanto escuchar hablar a los cívicos y políticos de derecha de Santa Cruz del carácter “vinculante” de la consulta, ahora las comunidades originarias también quieren que esa atribución resolutiva de la consulta se extienda hasta las unidades territoriales más pequeñas de cada uno de los departamentos del país.

Legisladores de Podemos, como el presidente de la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz Oscar Franco y el senador Roberto Ruiz, consideran que la propuesta del gobierno es desintegradora y atenta contra la Constitución Política del Estado. Según Ruiz, el Presidente intenta “patear el tablero”. Pero otros autonomistas que forman parte de la “media luna” ven con buenos ojos la propuesta gubernamental.
El presidente del Comité Cívico de Tarija Francisco Navajas opina que si su sector “reniega contra el centralismo y contra la sede de gobierno por ser muy centralista, haríamos lo mismo en el departamento; entonces la visión que tiene Tarija es que sea una autonomía abierta, que vaya desde las secciones a las provincias. La visión que tenemos en Tarija de autonomía es de las provincias a las secciones, tomando en cuenta a todos los estratos sociales que viven en el departamento. No debemos satanizar la propuesta del Presidente".
Franco defiende la propuesta cruceña para crear gobiernos departamentales autónomos, aunque reconoce que la propuesta de su departamento, “una alternativa más que debe debatir en el Congreso”, necesita una evaluación previa.
La diputada por Santa Cruz Roxana Sandoval señala que el planteamiento de su departamento no busca el separatismo, en tanto que el diputado Willman Cardozo ve con buenos ojos la propuesta del Primer Mandatario. “Llegó la hora de todas las provincias, (…) hay que comenzar a desconcentrar al país, eso dará mayor unidad a Bolivia“, agrega.
Por otro lado, la Asamblea del Pueblo Guaraní y la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB) también aceptan la propuesta del Ejecutivo. Los representantes de la APG se reunirán este fin de semana para elaborar un documento de respaldo al planteamiento, informó Wilson Changaray, presidente de la organización. Según la fuente, su sector rechaza el referéndum vinculante a nivel departamental planteado por el Comité Cívico de Santa Cruz. "Este es un pedido de unos cuantos 'pinches' que están el Comité. La propuesta no representa los pueblos indígenas del oriente", precisó.
Nelson Bartolo, representante de la CIDOB, también rechaza la propuesta de los cívicos cruceños. Informó que el 2 de marzo su sector se reunirá en Santa Cruz para definir una posición al respecto, aunque se prevé que se ratificará su pedido de realizar autonomías por Tierras Comunitarias de Origen.
"El país cuenta con la Ley de Referéndum que es un conjunto de normas que le dan atribuciones a la ciudadanía para realizar una serie de consultas que tengan que ver con los intereses locales, departamentales; por lo tanto existe la posibilidad, por ejemplo, que en los municipios se puedan realizar referéndum con temas de interés municipal", explicó el analista Carlos Cordero. Según Cordero, la propuesta del Jefe de Estado es factible, pero en temas de interés local. "La autonomía es un tema que corresponde al país en su conjunto; por lo tanto, el referéndum autonómico sólo puede hacerse a nivel nacional", comentó.

jueves, febrero 23, 2006

CARTA ABIERTA A LA DIASPORA BOLIVIANA



Por Rafael Bautista S.

El título no es infundado. Porque diáspora no sólo quiere decir dispersión sino, sobre todo, expulsión. Y quien se encuentra en la situación de buscar en otros lugares lo que en el suyo propio le fue negado, carga esa experiencia como una expulsión (porque su salida es obligada, así como obligadas serán las amarguras que obligadamente cargarán sus recuerdos). En la aventura que asume obligadamente tratará, en el mejor de los casos, de arraigar en algún suelo, pero siempre al precio de resignar aquello que le constituyó como ser humano: la tierra (como el vientre) que le dio vida y cultura.

Inmigrante es la condición de un ser que anda entre la nostalgia y la nada. El precio de ser algo es lo que paga arrinconando sus memorias al sótano de la nueva identidad que deberá adquirir para ser objeto de asimilación. El pasaje de su asimilación siempre estará determinado por la asunción paulatina de los valores que deberá encarnar de modo manifiesto; con el correspondiente abandono de una identidad que, en su descendencia, se hará cada vez más amarga. Esta subjetividad nacerá amputada, acallando siempre undolor que aparecerá como el trauma, de modos escondidos; llevándole a la pura nostalgia (de fin de semana) de lo perdido, si es que no ha pretendido anular antes, para siempre, todo aquello que podría devolverle alguna pista de su procedencia. Este último será el logro del "melting pot", aquél la disfunción tolerable del sistema (que necesita reproducirse, de todas maneras).Pero entre la nostalgia y la nada no todo estará perdido. Habrá todavía alguna posibilidad de atravesar el dolor y re-construir una identidad deprivada de su entorno; en este caso, la re-ligación deberá ser sabia y despierta, porque deberá consolidar "lo propio" de manera autocrítica y "lo ajeno" de modo atento: ¿haber qué puede incrementar una subjetividad que sabe bien quién es, porque sabe de dónde proviene? Esta sueña siempre con volver, porque en la lejanía aprendió a acercarse a lo más propio: la tierra de la cual es criatura. Por eso inventará nuevos modos de volver, de de-volver a su yo la materia, el barro que le da carne al alma.

La imposición del modelo neoliberal (desde 1985, con Víctor Paz de anfitrión) fue el último y más despiadado desalojo que sufrió el lugar que dejó de ser "nuestro", porque la globalización (la nueva cara de la modernidad) acabó seduciendo a los doctorcitos que mandamos afuera (que aprenden aplicadamente, cómo construir la felicidad del imperio a costa de la infelicidad de nuestros pueblos). Desde entonces hemos vivido no sólo una diáspora externa sino también interna; porque los que no pudieron salir afuera,fueron los que arrastraron el abandono que hace el capital cuando un suelo ya no sosiega su ávido apetito (ya había chupado todo del altiplano, ahora le quedaba el oriente), y se aglutinaron en los márgenes del circo que montaron las transnacionales para el derroche de sus ganancias: Santa Cruz (la bautizada por las petroleras: "la Bolivia productiva", la que no bloquea).

Así se fueron a golpear las puertas de la bonanza; haber si algo les caía de aquel banquete que repartían las petroleras a sus acólitos, los embobados por la pirotecnia moderna: el goce infinito de riqueza. Tal embobamiento no les deja ver las consecuencias de tal goce: la modernidad inaugura la producción infinita de riqueza, pero también la producción infinita de miseria; en cuanto crece la una, más crece la otra.

Desde su nacimiento, la modernidad convoca a todos a la producción de riqueza, pero siempre a costa de abandonar en la miseria a aquellos que hacen posible tal riqueza, los que no tienen otra cosa que sus cuerpos y tienen que ofrecerlos para el disfrute de los que gozan de tal riqueza (por eso construyen muros, para impedir la presencia de estos, que les recuerda el precio del apetito de riqueza). La miseria es lo que enrarece este panorama, pero no frena el apetito de riqueza; es más, la miseria aparece como lo que obstaculiza la libre expansión de riqueza, haciendo del miserable (su sola presencia) el culpable de todo; por ello su exterminio se hace, dicen, por "el bien de todos".

No es nada casual que la xenofobia contra los latinos se traduzca dentro de "nuestras" fronteras en xenofobia contra los collas. Esta fobia destaca cómo es que está estructurado el sistema-mundo- moderno. Se trata de un odio que tiene historia. El europeo nació siendo inferior ante la superioridad de las civilizaciones árabes, hindú, china, etc. Frente a ellos era un literal bárbaro (como los llamaban los griegos) que, hasta el "descubrimiento" de América, había permanecido como la finis terrae, el fin del mundo; sin posibilidad alguna de comprar o vender, menos de competir, con el comercio mundial que, por milenios, se extendió desde China, el pacífico (llegando incluso a la después América), la India, África; conectando el extremo oriental con el mediterráneo gracias al camino de la seda, hasta vincular el norte africano con los califatos árabes.

Fueron estos últimos quienes enclaustraron a los europeos, a contentarse con ser el fin del mediterráneo (lejos de la civilización); por ello las cruzadas, para salir del encierro. Pero también fueron estos, desde Al-Andaluz o Sefarad (como conocían árabes y judíos a la Hispania romana), quienes expandieron el conocimiento de la ciencia y la filosofía en la "oscura" Europa (que empezó a leer a Aristóteles en Paris en el siglo XII, cuando en Bagdad ya se lo estudiaba de modo sistemático en pleno siglo VIII), que padecía todavía su Edad Media, es decir, el estar fuera del comercio mundial, sin posibilidad alguna de hacer frente a civilizaciones que le eran superiores en todo.

La "oscura" Europa era nada y asimiló su postergación en forma de resentimiento, dilatado por siglos. Este resentimiento lo fue acumulando en un odio a su inferioridad, exteriorizado en el odio hacia el distinto, el que había llegado a sus confines y prosperado (trayendo sus propias costumbres, su cultura); lo que halló a mano fueron las comunidades judías. La expulsión de estos de la península ibérica (después de siglos de Inquisición, practicando ya el apartheid y el exterminio) en 1492, cuando Castilla y Aragón vencen a los musulmanes en Toledo, rubrica un odio que desata al futuro sus fieras por el mundo. Una vez comprada la "superioridad" que necesitaba para hacerse con el mundo (del cual no era nada, hasta que le cayó del cielo el oro y la plata del nuevo mundo), aquellamentalidad antes relegada, ahora devenía en "dueña del mundo" y su "superioridad" no podía ser sino a costa de la inferioridad de los demás (incluso de los otrora superiores). De constituir a todo aquel no europeo en inferior. Ahora sólo lo europeo era civilizado, lo demás era bárbaro.

Su subjetividad había aprendido a dominar. Siglos de colonización musulmana les había dejado la impronta de la opresión, y eso fue lo que desplegaron en América. Su libertad (principio del hombre moderno) fue siempre a costa de la libertad ajena, de la libertad del indio (el otro). El hombre que quiere ser "dueño del mundo" tiene que someter a todos los demás hombres. Esta pretensión se iba a hacer ideología (con la ilustración francesa), luego ciencia (la science anglosajona) y hasta filosofía (con el romanticismo alemán): la creencia, el dogma, el invento de la "superioridad racial". Por eso inventaron "la historia" de que la infancia es el oriente, y el fin, como culminación, es occidente; por eso su educado, como el "Emilio" de Rousseau, es mejor que no tenga padres, pasado, o sea, historia, para así inculcarle la historia que inventaron y los valores que impusieron.

Para ellos, su pasado era negro, oscuro, y querían negarlo a toda costa; por eso era mejor no tener pasado, y ese fue el paradigma de toda educación: superar el pasado, todo pasado. Para el hombre moderno no hay nada detrás, todo empieza en él mismo, por eso se concibe "absoluto" (el atributo del ser que no depende de nada ni de nadie: Dios). De ese modo educaron a sus colonizados: había que negarse a sí mismo (su origen, su tradición, su cultura, su pasado) y ser lo que no se es (más blanco que el blanco, más europeo que el europeo), olvidando lo que se había sido; por eso había que exterminar al que se resistía a tal olvido, el elemento nativo(ahora constituido como inferior), tanto fuera de uno como al interior de uno; porque lo blanco se había asumido "superior" y había que parecerse a él, a como de lugar.

Pero el exterminio, además, comporta otra faceta; se trata del odio al que le recuerda la injusticia que había expandido a los cuatro vientos: el indio (después el negro, el amarillo, etc.); porque su presencia (la miseria en la que se encuentra) le interpela el origen de su riqueza; el odio al indio (el latino afuera, el colla adentro) es patrocinada por una mentalidad que se "adueñó" del mundo, de los mares, la tierra, el aire y hasta de los seres humanos (lo que no se concebía como propiedad de nadie ahora resultaba ser "propiedad privada"), desde que Colon nombró (le dio existencia) unas tierras que ya tenían nombre (es decir, lenguaje, cultura, civilización; que no eran "oscuras", sino ricas y extraordinarias).

Desde entonces la violencia fue inaudita; patrocinada por un occidente-moderno que "había alcanzado el reino de la razón" y, con tan portentoso pretexto, emprendió el sacrificio irracional jamás antes visto en la historia de la humanidad: millones de americanos primero, africanos y asiáticos después, y todo aquel que no alcanzaba los "patrones de humanidad" que había impuesto el blanco europeo: Todo aquel que no es como él, es, sólo por eso, incivilizado (su aniquilación es un favor que se le hace: si no se acomoda al patrón occidental es mejor que desaparezca).

Todo este sacrificio tenía un ídolo al cual se le ofrecía la cuota de sangre que exigía su sed: el capital. El fetiche al cual se postró Europa (el occidente moderno, ahora también norteamericano), cuyo pacto debía ser imprescriptible, no importando los "costos" (que siempre los hay), que estos siempre acabarían beneficiando al acreedor de aquel pacto. Cinco siglos después, los "costos" se muestran irremediables: no sólo el 80% de la humanidad está condenada a la miseria absoluta, también la tierra está condenada a la muerte (ya no lenta sino rápida). ¿Cuál es la respuesta del imperio? En el reino del mercado (cuya "perfección" no contempla intervención alguna) sólo su automatismo puede darnos la respuesta: seguir comprando. Aun cuando esto signifique subvencionar la explotación despiadada del hombre y la naturaleza, hay que seguir comprando; aun cuando la tasa de miserables siga creciendo y llegue a nuestra puerta por alguna mala suerte, hay que seguir comprando; que si quedamos fuera de él por ya no tener dinero, otros compraran por nosotros y seguirán alimentando al mercado, donde sólo ingresan los que tienen dinero.

Ese cuento nos vendieron los doctorcitos que llegaron de Harvard y de Chicago. Y les creímos. Porque siglos de colonia nos había educado en el auto-desprecio, en la nada que queda después de privarnos de historia, porque resultamos excelentes alumnos en la historia de occidente, al grado de creer que "nuestra" historia apenas empieza con Colon. Que, como somos ignorantes de lo que somos, necesitamos que otros piensen y hablen y hagan todo por nosotros, que hay que ser "absolutamente moderno" y postrarse de hinojos ante la globalización para ser considerado un ser humano (¿por quién?). Y con ese cuento desfalcaron a nuestro Estado para hacerlo limosnero; se robaron nuestras tierras y nuestros recursos naturales, porque el "desarrollo" sólo permite una propiedad: la privada; y arrojaron a nuestra gente a su suerte, porque si no logran hacer mercado, están de más. Entonces empezó la diáspora de quienes fueron expulsados de su propio lugar, porque alguien se inventó eso de que "el país se nos muere" y, con ese slogan hecho proyecto de vida, continuaron desangrando a un país que, si quería seguir viviendo, debía de hacerlo abriendo sus entrañas para los parásitos que viven succionando la sangre de un país pobre para ofrendarla al fetiche, que sólo acepta en su regazo a los que disparan la tasa de ganancias del capital al infinito.

El que debió buscar su suerte en otro lado debió también aguantar la vergüenza de una oligarquía que rifó a precio de gallina muerta lo más caro: la dignidad. Estos nos hicieron creer que la democracia de cuello limpio era el gobierno de los mejores (aristocracia, los "notables", "honorables", etc.) siendo, en realidad, el gobierno de los peores (kakistoscracia, ladrones, manq'a gastos, quienes nos dijeron que "la dignidad no da de comer"); estos nos gobernaron desde que tenemos memoria y nos metieron el miedo: eran mejor ellos que los "incivilizados" indios, o sea, nosotros mismos. Ellos nunca amaron la tierra que les dio cobijo, por eso siempre despreciaron a su gente porque, fieles a sus padrastros conquistadores, sólo estaban acá por la plata, el estaño, el petróleo, el gas, etc., soñando con la tierra de sus padrastros, como la cuna a la cual debían de volver (por eso ese afán patógeno republicano de inventarse abolengos el descendiente de porquerizos, ladinos y pillos, para así lavar su infausto origen). Estos fueron los que se beneficiaron de la rifa de este país y son acogidos (después de cumplir su tarea) por el imperio, agradecidos por lo rechoncho de sus cuentas bancarias.

La última elección nos devolvió algo de dignidad. La dignidad no estaba del todo perdida, y eso fue lo que ocasionó el revés que sufrieron los ladrones de siempre. Pero esto es recién el comienzo, el punto de partida de un pueblo que quiere creer en sí mismo. Para ser soberano y libre hay que primero desearse y saberse digno, hay que proponerse fin y no medio; por eso hay que recomenzar en nosotros mismos, a evaluarnos autocríticamente, esa es la tarea, fundamental, que nos toca de aquí en adelante. Porque nos enseñaron a ser colonizados y dependientes (a despreciarnos); ahora debemos aprender a valorarnos, a liberarnos. La marcha de un pueblo en su liberación es siempre una marcha por el desierto, donde hay que crear al hombre nuevo, aquel que pueda construir su propio destino.

René Zavaleta decía que conocerse es vencerse. Esa es la lección que se desprende de octubre del 2003; allí se hizo evidente que no podíamos seguir por el camino al que nos metieron, por ello en octubre tocó nuestra memoria la piel de la esperanza. El que manda siempre se inventa el cuento de que hay "un solo camino", que ese camino es el "único realista", el "científicamente comprobado", al cual no podemos objetarnos pues no podemos demostrar que es malo, o sea, sólo nuestra muerte podría demostrar aquello, pero una vez muertos ya no podemos demostrar nada. Conocernos implica conocernuestras propias contradicciones, superar nuestras limitaciones y aprender de nuestras posibilidades. Nadie es un todo acabado y el vencerse quiere decir, el proyectarse por sobre las adversidades para instalarse en una apertura siempre de aprendizaje, de querer ser mejor. Octubre quería un diciembre. Por eso este camino empezamos en enero, el mes primero, donde todo comienza.
El que está afuera entiende de mejor modo esto, porque debe de sobrellevar un panorama más complejo (por el mayor contexto) para comprender su situación existencial. La oportunidad que nos hemos dado en la última elección nos abre la posibilidad de levantar la frente por vez primera ante el mundo; porque la sola mención de nuestra nacionalidad servía de menoscabo y hasta de mofa (si no eran los golpes, era la droga, la corrupción, y si no era esta era otra cosa). Ahora el mundo está aprendiendo a vernos con otros ojos (porque hasta el que manda empieza a tener respeto por el que despierta, a este ya no le puede tratar como antes), porque hemos despertado como pueblo, porque lo que hemos logrado está removiendo el mundo y está desmoronando aquellos fines anunciados de todo. Para nosotros es un comienzo.

Hasta ahora no hemos sido capaces de sopesar en su verdadera dimensión el acontecimiento que hemos originado; recién empezamos a asimilar octubre y ya nos envolvió diciembre del 2005 y, sobre eso, la gira mundial de Evo (no hay en la historia latinoamericana acto similar de reconocimiento y apoyo internacional). Este capitulo recién empieza y la diáspora boliviana no puede estar al margen de este proceso, porque donde hay esperanza hay luz y esta sirve para alumbrar los proyectos de cada uno (afuera y adentro) y proyectarlosen un proyecto común; porque el yo individual no es nada sin el yo nacional, porque el tamaño de cada individuo depende siempre del tamaño de su país. Ahora hay de qué sentirse orgulloso, por eso no podemos dormirnos en nuestros laureles. Nuestro mundo no es lo que hicieron de él sino lo que cada día hacemos de él. Por eso es inevitable el compromiso de cada uno de los bolivianos, donde estos se encuentren.

El triunfo de Evo es, en realidad, el triunfo de los excluidos; los que, desde la fundación de este país, sólo buscan que el poder aprenda a escuchar a aquellos que le dieron origen. Por eso la demanda de nacionalización y constituyente: una verdadera independencia comienza en la economía y una legítima constitución sólo puede hacerse con la participación de los nunca consultados. El logro alcanzado sólo podrá ser logro si en este proceso despertamos como actores reales y ya no como simples espectadores.

El viejo sistema aun no ha muerto y ya se muestra altanero en el congreso y los comités cívicos; ahora se acuerdan del respeto a las minorías, cuando ellos fueron maestros en disfrazar a las mayorías en minorías e imponerles la sumisión como única alternativa; ahora se acuerdan de la pluralidad los que impusieron siempre la uniformidad; ahora se arrogan representaciones que no poseen (porque los medios socapan sus intenciones) y se atribuyen la personificación de todos. Estos, ahora minoría (los rechazados en octubre y diciembre), son los que no quieren un nuevo país (donde quepan todos) y son el otro yo de una mentalidad (la boliviana) que aun no cree en sí misma y apuesta siempre por la dependencia, el no esfuerzo; y vivir, como siempre, de la limosna; porque no saben hacer otra cosa que acatar obedientes los dictámenes de alguien de afuera, porque no saben ser otra cosa que objeto (porque no piensa y sólo aplica lo que se piensa en otros lados), por eso el desprecio que se tienen y que imputan a sus paisanos: el pueblo enfermo.

La Paz, febrero del 2006

Amazonía: una señal de esperanza


Rio Madre de Dios _ Riberalta


Pablo Cingolani

Como todos los años, la mayor parte del territorio amazónico boliviano se encuentra inundado.
Llueve en la Amazonía y llueve en las cabeceras andinas de los ríos. Estos bajan arrasando, arrastrando toneladas de sedimentos, árboles enteros, buses, personas y llevándose todo: casas, caminos, puentes, hacienda, bienes.
La ciudad más poblada de la Amazonía, Riberalta, donde viven más de sesenta mil bolivianos, se aísla. Es una isla en medio del bosque. Lo mismo ocurre con la fronteriza Guayaramerín. Si para de llover, tal vez puedan entrar avionetas con suministros. Si la pista de aterrizaje está utilizable. Si es que hay suministros que alguien envíe.
Se aíslan también otras ciudades, poblados, caseríos, decenas de comunidades indígenas, miles de personas que viven a la vera de los ríos o cerca de los escasos caminos de la zona.
La población amazónica gime y sufre por la falta de alimentos, de gasolina, de servicios. Muchos no tienen nada que comer. Padecen hambre. Deben esperar a que bajen las aguas.
También se muere: mueren seres humanos arrastrados por las aguas, mueren el ganado y los animales de corral. Se pierden las chacras. Se contamina el agua para beber. Se propagan enfermedades infecciosas. Se interrumpen las clases escolares.
La Amazonía se inunda y colapsa cada año: la naturaleza no perdona nunca y así fue y así es la vida de los amazónicos durante la temporada de lluvias.
Pero con todo el dolor y el rigor para las condiciones de existencia que la naturaleza impone a los habitantes de la región amazónica boliviana, el drama principal que sufren los amazónicos históricamente no son las lluvias, no es el agua hasta el cuello incluso en las urbes –que, a decir verdad, no son si no extensos campamentos de gente carente de toda comodidad para vivir bien y con dignidad-, no es la naturaleza: la tragedia amazónica es el olvido y es el abandono al cual están condenados.
El siglo XX fue para el Oriente
La Amazonía no existe: figura sólo en los mapas y ni eso: es el área donde siguen habiendo increíbles vacíos de información.
La Amazonía no existe porque la Amazonía queda lejos: en la actualidad, llegar hasta Cobija desde la sede de gobierno, es una peripecia de tres o cuatro días, si el chofer es un as del volante y el azar lo bendice.
La Amazonía no existe porque la Amazonía queda lejos porque nadie se preocupó de manera estratégica de acercarla, de integrarla, de sumarla al resto de Bolivia.
La Amazonía es una isla, una colonia alejada del centralismo nacional y de la falta de una visión del territorio que nos desencueve de los Andes y del eje que empieza en La Paz y termina en Santa Cruz.
Hace cincuenta años, el Estado nacional se propuso incorporar el Oriente al resto de la República. Este proceso, que inició la Revolución Nacional, se cumplió y con creces: no pueden quedar dudas que hoy no sólo que Santa Cruz está integrada al resto del país sino que es el motor fundamental de la economía boliviana.
Ahora, en el siglo XXI, le toca al Norte, a la Amazonía. Es la última frontera.
Integrar la Amazonía
Un gobierno de cambio con tanta legitimidad social como el que encabeza Evo Morales Aima debería plantearse de manera objetiva la tarea de integrar el conjunto del territorio nacional de manera definitiva. Es cierto: es una tarea colosal y heroica pero no menos necesaria y urgente.
Si Evo inicia el proceso de integración amazónica, su gobierno marcará la historia del país y escribirá la página final de un derrotero donde se mezclan las huellas del saqueo y el desmembramiento territorial que sufrió la república pero también los esfuerzos por afirmar y defender su soberanía, reafirmando la identidad andino-amazónica de Bolivia.
Seguirá el ejemplo de Tarano, el cacique de los Toromonas, y de Arapo, el cacique de los Uchupiamonas, que se opusieron con tenacidad a los conquistadores españoles y vencieron, evitando la imposición colonialista. Continuará la conducta de Santos Pariamo, el mártir Leco, capitán de la Guerra por la primera Independencia, que prefirió morir a rendirse, y de Bruno Racua, el guerrero Tacana, que aseguró con su actuación la soberanía boliviana hasta el río Acre. Valorará la actitud del coronel José Manuel Pando, incasable explorador, y del Capitán Lino Echeverría, que murió defendiendo la soberanía nacional en el río Manuripe.
Si Evo inicia el proceso de integración amazónica, cambiará la historia.
300 pueblos originarios habitaban la Amazonía: hoy sobreviven treinta, tras siglos de genocidio y etnocidio, tras siglos de una historia de masacres y desarraigo.
Siquiera por justicia histórica, para reconocerles los derechos que se merecen –sin ir más lejos: por haber conservado el territorio con una de las mayores biodiversidades del mundo entero-, el Estado boliviano debería integrar la Amazonía, rebelándose contra el atraso, el olvido y la injusticia, que son los elementos fundamentales de la verdadera tragedia amazónica.
Una señal de esperanza
Ayer, en su discurso-informe sobre su primer mes de gestión a cargo de la Presidencia de la República de Bolivia, Evo Morales Ayma, hizo referencia a un hecho histórico. Luego de haber visitado junto al Presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el también boliviano Enrique García, la estratégica ciudad de Riberalta, lo comprometió a financiar el pavimentado del camino que une a la citada población con Guayaramerín, ciudad situada en la neurálgica frontera con el Brasil.
Ambas se constituyen en uno de los corazones –el otro es la ciudad de Cobija- de la integración del Norte amazónico del país con sus vecinos: el coloso brasileño y la República del Perú.
En la perspectiva del desarrollo regional y de la subregión amazónica del centro-oeste sudaméricano, la concreción del asfaltado de esta carretera de 89 kilómetros de longitud se constituye en un hito fundamental.
Pero es más importante aún en la dimensión antes aludida: que un Presidente de la República en su primer mes de gobierno, haya decidido brindar su apoyo decidido a la causa de la integración amazónica no sólo es un mérito que honra a don Evo Morales sino una verdadera señal de esperanza.
Como el propio Presidente ha dicho en su mensaje, “ojalá” que este compromiso se vuelva realidad y los pobladores de la Amazonía beniana pueden dejar atrás el aislamiento físico, sentando bases más sólidas para su desarrollo sostenible y poder así vivir mejor.
Ojalá también que esto sea sólo el inicio de un proceso de verdadera integración del Norte al resto de la República, un proceso que esperemos sea conducido por el Estado en base a la planificación estratégica y la participación decidida de sus principales beneficiarios: los habitantes originarios de la Amazonía.
Estamos hablando, insistimos, de uno de los reservorios de biodiversidad más relevantes del mundo entero por lo cual, así se trate de la construcción de un camino o de cualquiera de las acciones que se desea se emprendan, se deberán tomar en cuenta prioritariamente sus implicancias ambientales, ya que la integración amazónica debería estar signada por políticas efectivas de preservación de la naturaleza que, por otra parte, se constituye en la base de su despegue económico, a través de un aprovechamiento racional y sostenible del bosque húmedo tropical, ecosistema que caracteriza a la Amazonía.
De eso saben más que nadie los pueblos originarios y es con ellos, Sr. Presidente, con quienes más se podrá avanzar en una política de integración real, de reparación histórica y de justicia social.
Ayer, Evo Morales anunció al pueblo amazónico y a todos los bolivianos una gran obra y una señal de esperanza. Para que ésta no se frustre, pongámonos a trabajar juntos desde ahora por una Amazonía sostenible, por una Amazonía unida, por una Amazonía de pie.