domingo, septiembre 05, 2021

El libro mexicano revela el intento de asesinato contra Evo Morales - Periódico Ahora El Pueblo


 

Andrés Manuel López Obrador /

En materia de política exterior, otra historia interesante de contar es la relacionada con el rescate y protección del expresidente de Bolivia Evo Morales. En este asunto, desde luego, nos inspiró siempre el ejemplo de solidaridad con los pueblos y las enseñanzas del presidente general Lázaro Cárdenas del Río y otros gobernantes revolucionarios para proteger la vida de perseguidos del mundo mediante el otorgamiento de asilo.

No conocía a Evo. Lo vi por primera vez cuando asistió a mi toma de posesión el primero de diciembre de 2018; pero, sin haberlo tratado, me parecía un hombre congruente, echado para adelante y, sobre todo, valoraba el que hubiera surgido de abajo en un país donde los indígenas son mayoría y sin embargo eran tratados como ciudadanos de segunda. Hasta que llegó Evo, ningún indígena había estado nunca en la Presidencia y, por el contrario, padecían y padecen de racismo y discriminación

Eso fue lo que afloró en el golpe de Estado organizado por los conservadores de ese país, con el apoyo de organizaciones y gobiernos extranjeros. Claro está que tanto Evo como los dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS) cometieron errores, pues no debieron insistir tantas veces en la reelección; un dirigente no debe, en ninguna circunstancia, profesar demasiado apego al poder. Pero desde luego, eso no borra lo mucho que hizo el Gobierno de Evo por su pueblo, ni justifica el golpe de Estado llevado a cabo no por demócratas sino por ambiciosos y corruptos, defensores de intereses de grupo o de corporaciones del extranjero.

Es importante aclarar en este punto que la política exterior no está motivada por la ideología, sino por los principios de justicia, igualdad, democracia, soberanía y fraternidad. Además, cuando fuimos oposición en México, la actitud de Evo, como la de casi todos los gobernantes de izquierda en América Latina, no fue precisamente cercana. Existía todavía entonces en nuestra América cierta devoción por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que en algún tiempo tuvo aspectos progresistas y que mantuvo una política exterior de lo más avanzada en el concierto de las naciones.

Éramos una especie de candil de la calle y oscuridad de la casa. A eso atribuyo el distanciamiento hacia nosotros, el hecho de que visitaran México y ni siquiera nos dedicaran una llamada telefónica, y cosas más desagradables y de fondo. En el trato de entonces hacia nosotros solo se distinguió por su apoyo solidario el comandante Fidel Castro Ruz. Nunca nos conocimos, pero siempre lo consideré un hombre grande por sus ideales independentistas. Podemos estar a favor o en contra de su persona y de su liderazgo, pero conociendo la larga historia de invasiones y de dominio colonial que padeció Cuba en el marco de la política estadounidense del destino, manifiesto y de la consigna “América para los americanos”, podemos valorar la hazaña que representa la persistencia, a menos de 100 km de la superpotencia, de una isla independiente habitada por un pueblo sencillo y humilde, pero alegre, creativo y sobre todo digno.


A diferencia de otros dirigentes, Fidel fue el único que supo lo que nosotros representábamos. En 2000, cuando era jefe de gobierno de la Ciudad de México, manifesté en una conferencia de prensa matutina mi inconformidad porque en Cuba se había ido a refugiar Carlos Ahumada, quién se había filmado entregando dinero a dirigentes de nuestro movimiento, ya había invitado a Las Vegas a Gustavo Ponce, secretario de finanzas, para grabarlo apostando. Por este reprobable acto de corrupción lo mantuvieron 10 años en la cárcel no solo como sanción al delito que cometió, sino también como venganza por haber sido el acusador, en su carácter de subsecretario de la Contraloría Federal durante el gobierno del presidente Zedillo, de Raúl Salinas, hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari. El caso es que las imágenes de Ponce jugando en Las Vegas, transmitidas en Televisa, provocaron un tremendo escándalo en mi contra, pues ese era el propósito, como lo confesó el mismo Carlos Ahumada, quién sostuvo que el video lo entrego a Carlos Salinas y a Diego Fernández de Cevallos, mis eternos adversarios, cambio de dinero y protección en Cuba. Debo decir que la relación del gobierno de la Isla con Salinas era entonces bastante buena. Inclusive Luego de terminar su mandato, cuando fue traicionado por el presidente Ernesto Zedillo, a quién le había impulsado. Salinas se fue a vivir a Cuba y a Irlanda. Al principio, cuando Ahumada fue denunciado penalmente y se dictó orden de aprehensión, no se conocía su paradero; pero poco a poco se fue sabiendo que estaba en Cuba. De ahí que me reclamó abierto y fuerte: denuncie que consideraba una inmoralidad del gobierno de Cuba el proteger a Ahumada solo por los intereses de Salinas en ese país. La respuesta no se hizo esperar: las autoridades de Cuba enviaron a Ahumada a México con un expediente anexo que incluía videos con las confesiones en las cuales Ahumada hablaba de la complicidad con Salinas y Diego para afectarme políticamente. La ruptura definitiva de Fidel con Salinas se produce cuando publiqué el libro La Mafia (…) Expliqué el funcionamiento político del grupo Compacto creado por Salinas desde que entregó a sus allegados bancos, fresas, goma minas y otros bienes que eran del pueblo y de la nación. En dos de sus reflexiones o escritos que publicaba periódicamente, ya retirado, titulados El gigante de las siete lenguas, parte 1 y parte 2, Fidel abordó el tema y se deslindó por completo de Salinas exponiendo lo siguiente: Cuándo fue presidente de México, había sido Cuauhtémoc Cárdenas, con quién por razones obvias manteníamos excelentes relaciones. Todos los grandes y pequeños Estados lo habían reconocido. Cuba fue el último. No me constaba si había habido o no fraude. Era el candidato del PRI, partido por el que siempre botaron durante décadas los electores mexicanos. Solo el corazón me hacía creer que le robaron a Cuauhtémoc la elección.

Además, miró lejos y tuvo la visión de escribir como profeta lo siguiente: López Obrador será la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe y, con él, el Imperio. Hoy me honro en compartir los puntos de vista de Manuel López Obrador, y no albergo la menor duda que mucho más pronto que lo que el imagina todo cambiaría en México.

Por eso, cuando estaba de gira por Colima y me enteré de la muerte del comandante Castro, declaré algo que sentía y sostengo: Qué había muerto un gigante como Mandela. Recuerdo que los conservadores puros se pusieron furiosos y los conservadores moderados, siempre más despiertos, pero más simuladores, me cuestionaron el haberme atrevido a comparar al Gran Mandela con Fidel.


Esta postura, según mi ver y entender, obedece más que a Mandela a su enorme legado, congruencia y a haber recorrido el largo camino hacia la libertad. Mantuvo una mayor aceptación de los gobiernos occidentales y Fidel nunca fue aceptado por los potentados del mundo, sin embargo, el gran Mandela siempre le guardó un gran respeto a Fidel. Véase en las redes un video hasta chistoso de cuando el dirigente sudafricano visita a Cuba e invita a Fidel a Sudáfrica. Está Fidel sentado y Mandela parado, le insiste con que cuándo irá a Sudáfrica, pues todos iban y el, qué los había ayudado tanto, no los visitaba y así insistió e insistió sin sentarse, hasta que se oyó a Fidel decir: Creo que va a tener que ser hoy mismo, voy a tener que volar contigo y todo ese diálogo terminó con sonrisas por la entrañable simpatía que siempre existió entre estos dos gigantes. Por cierto, la visita solicitada a la postre se realizó; coincidió con una caída de la bolsa de Nueva York, un lunes negro, y Fidel, en su discurso en el parlamento de Sudáfrica, pregunto: No sé por qué lo llaman negro, realmente ha sido lunes blanco, con lo que provocó el aplauso de todos. En fin, luego de la posguerra, en el panteón de los grandes hombres de nación o de estado se encuentran, cuando menos, Churchill, Roosevelt, Cárdenas, Allende, Mandela, Fidel y apunten otros.

Ahora regreso a contar cómo fue que decidimos ir por Evo a Bolivia. Era un domingo, estaba de gira en Bacalar, Quintana Roo, cuando me enteré de la renuncia de Evo y de la violencia y del racismo de los golpistas. Por la tarde, casi a punto de abordar el avión en Cancún para regresar a la Ciudad de México, me comuniqué por teléfono con Marcelo Ebrard y le dije que buscara hablar con Evo y los dirigentes de Bolivia para ofrecerles asilo; al mismo tiempo, le di la instrucción de ponerse en comunicación con el general secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González, para preparar la misión del traslado aéreo a nuestro país. Sobre esta misión y su contexto se sabe poco, la verdad es que es una gran historia de traición, pero también de heroísmo y dignidad del pueblo boliviano. Evo decía que le habíamos salvado la vida; yo pensaba que esa expresión era solo un gesto de agradecimiento por nuestra solidaridad, pero cuando el Secretario de la Defensa me entregó el informe sobre los pormenores del operativo, caí en la cuenta del gran riesgo que había corrido. Les invito a leer la relatoría sobre la misión Bolivia, hecha por la Secretaría de la Defensa y ustedes juzguen:

El domingo 10 de noviembre de 2019, aproximadamente a las seis de la tarde, el comandante de la Unidad Especial de Transporte Aéreo (ETA) de la Secretaría de la Defensa Nacional recibió una llamada telefónica del general de brigada diplomado de Estado Mayor Homero Mendoza Ruiz, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional.


El diálogo comenzó con una pregunta del general Homero:

—¿Cuánto tiempo necesitas para preparar una misión a Bolivia y requieres para ejecutarla? Considera que hay que realizarla lo más pronto posible, es un traslado de urgencia.

Al tratarse de una interlocución entre dos experimentados militares, no fue necesario que quien preguntaba aclarara los aspectos que por doctrina se incluyen metodológicamente al emitir una orden: quién, cuándo, dónde, cómo y por qué o para qué.

La respuesta del subordinado fue breve y casi inmediata.

—Solamente tres cosas, mi general: un avión capaz de realizar un vuelo directo al destino, hacer las coordinaciones necesarias y la orden para ejecutar la operación.

El equipo idóneo para realizar un vuelo de largo alcance era el Gulfstream G550, un avión de transporte corporativo capaz de volar más de doce horas a una velocidad de Mach -84 (casi 900 km/h) a altitudes superiores a los 45.000 pies, pudiendo recorrer una distancia de hasta 6.750 millas náuticas, equivalentes a 12.500 kilómetros, transportando hasta 18 pasajeros. Material de vuelo que por sus características es utilizado por diversas fuerzas aéreas del mundo como plataforma de vigilancia aérea, aeronave de investigación de gran altitud y gran alcance, plataforma de inteligencia de señales y guerra electrónica, sistema aerotransportado de detección y alerta temprana, ambulancia aérea y centro de mando y control aerotransportado, entre otras variantes, además de la función para la que fue diseñado, transporte ejecutivo. Un avión de este tipo, operado por la Fuerza Aérea Mexicana con la matrícula 3916, se encontraba disponible en las instalaciones del Escuadrón Aéreo 501 del 6° Grupo Aéreo, ubicadas en el mismo lugar que la UETA, configurado como transporte de pasajeros, sin tener instalado ningún tipo de dispositivo de detección remota, antenas de comunicaciones especiales, sensores electrónicos o térmicos, o alguna clase de armamento.

También, al tratarse de una aeronave de Estado, para la cual no aplican las Libertades del Aire establecidas en el Convenio de Chicago de 1944 y en la doctrina del Derecho Aeronáutico, era necesario realizar diversas coordinaciones previas al vuelo para contar con los permisos de sobrevuelo de los países de Centroamérica y Sudamérica por los que pasaría la ruta de vuelo más segura; sin embargo, bajo las circunstancias existentes es en ese momento, la única solución viable para realizar la operación a la mayor brevedad posible sin tener que esperar los plazos normales de trámite de ese tipo de autorizaciones, las cuales podrían demorar mucho más tiempo del normal considerando que era un domingo por la tarde, era planificar una ruta de vuelo que no requiera atravesar el espacio aéreo de ningún país, sino que se dirigiera, volando sobre aguas internacionales en mar abierto y donde no se aplica la soberanía de ningún Estado (por lo que se considera espacio aéreo internacional) hasta llegar a Perú, único país que sería necesario sobrevolar para llegar al aeropuerto de destino en Bolivia.


El reglamento para el Servicio Interior de la Unidades, Dependencias e Instalaciones de Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos establece en su artículo sexto: “Las ordenes se transmitirán por los conductos regulares, salvo que sean urgentes, en cuyo caso se darán directamente a quien deba ejecutarlas. Cuando esto ocurra, se pondrán en conocimiento del superior que corresponda, tanto por quien las dicte como para quien las recibe. Si la orden es reservada, se seguirá el mismo procedimiento sin incurrir en explicaciones o detalles de la ejecución”; en este caso, dada la urgencia del asunto, se aplicaban textualmente previstas en ese ordenamiento, por lo que el propio jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, haciendo uso de la facultad que la ley le confiera, le comunicaba la orden en forma verbal directamente a quien ejecutaría la misión.

Confirmada la orden de preparar y planificar la operación, se dio inicio a los preparativos para cumplir la misión; la tripulación sería integrada por el general de grupo piloto aviador diplomado de Estado Mayor Aéreo Miguel Eduardo Hernández Velásquez, oriundo del Distrito Federal, ahora ciudad de México, quien a sus 57 años de edad y con una antigüedad de 43 años en el servicio militar sería el piloto al mando y el responsable de la misión; para esa fecha había volado más de 6.000 horas en diferentes tipos de aeronaves, curtido con una gran experiencia acumulada en una amplia gama de operaciones aéreas, al haberse desempeñado por más de 30 años como instructor de vuelo y asesor, ejecutando y enseñando desde maniobras tácticas de combate aéreo en aeronaves militares de entrenamiento T-33 y acrobáticas PC-7, hasta procedimientos de vuelo de alta precisión en aeronaves pesadas de rendimiento superior Boeing 737-300, pasando por vuelos en la cierra con aterrizajes y despegues desde pistas de tierra en condiciones marginales en aviones Cessna 206 y 210, complicadas y prologadas misiones de vigilancia aérea y seguimiento de blancos aéreos, marítimos y terrestres en condiciones meteorológicas adversas y fuera de espacio aéreo controlado en aviones Embraer 145MC y vuelos en toda América y rutas a Asia y Europa en aviones G550, habituado a efectuar vuelos prolongados sobre el mar y cruces del Atlántico del Norte y del Pacifico. Contaba con la confianza y la capacidad necesaria para conducir la misión.

El teniente coronel de fuerza aérea piloto aviador diplomado de Estado Mayor Aéreo Felipe Jarquin Hernández se desempeñaría como copiloto. De 45 años de edad y con una antigüedad de 28 años en el servicio militar, era un veterano piloto con más de 3.000 horas de vuelo, con una sobresaliente experiencia acumulada como instructor de aviones Commander, y una gran destreza desarrollada mientras realizaba una gran cantidad de misiones de vigilancia aérea, en muchas ocasiones volando sobre el mar de día y de noche y en condiciones atmosféricas adversas, al mando de aviones C-26, además del conocimiento que le proporcionaron múltiples vuelos de larga distancia en el propio Gulfstream G550, lo que lo hacía disponer de los conocimientos y la destreza que se requerían para esa misión.

El capitán segundo de fuerza aérea especialista en Mantenimiento de Aviación Julio Cesar Sánchez Ruperto, nacido en la Base Aérea Militar de Santa Lucía sería el experimentado mecánico de a bordo, de 45 años de edad y con una antigüedad de 28 años en el servicio militar, tiempo en el cual, gracias a sus cualidades y excelente desempeño, se caracterizó por ser un aerotécnico diestro y confiable, el indicado para la misión.

A cada uno de ellos se les transmitió por vía telefónica su designación y se les instruyo acudir lo más pronto posible a las instalaciones de la UETA, donde a las 18:30 horas, media hora después de la comunicación inicial y haciendo evidente la disciplina inculcada durante el proceso de formación militar al que se someten todos los integrantes de las Fuerzas Armadas mexicanas durante sus estudios en un plantel militar, ya todos se encontraban presentes y listos para lo que se les ordenara.

El personal de aerotécnicos que ese domingo se encontraban de servicio en la UETA auxilió a la tripulación en la preparación de la aeronave 3916, que pertenecía al Escuadrón Aéreo 501 y fue comisionada en la Unidad Especial de Transporte Aéreo para la materialización de esa misión; efectuaron la carga de combustible a su máxima capacidad, introduciendo en los depósitos de sus alas 41.300 libras de turbosina, equivalentes a 19.772 litros, con un peso de casi 19 toneladas.

Intuyendo la peculiar naturaleza de la misión que realizarían y las complicaciones que podrían presentarse, los tres tripulantes llevaron a cabo una escrupulosa revisión interior y exterior de la aeronave, procurando comprobar hasta en el más mínimo detalle el buen funcionamiento de todos los sistemas, apegándose minuciosa y estrictamente a las listas de verificación, incluyendo los aspectos específicos que se tienen que considerar en forma particular para llevar a cabo lo que en aeronáutica se conoce como operaciones extendidas (ETOPS), ya que en esta ocasión se encontrarían durante la mayor parte de la ruta, a más de 240 minutos de vuelo de cualquier aeródromo en el que pudieran aterrizar en caso de una emergencia, por lo que era menester poner especial atención en el estado y condición de las balsas, chalecos salvavidas, botiquines y el resto de los artículos que forman parte del equipo de supervivencia en el mar y que por norma deben encontrarse a bordo de una aeronave que se internará en espacio aéreo oceánico.

A las 19:15 horas, teniéndose conocimiento de que la República de Perú permitiría el aterrizaje de la aeronave en su territorio, en la Sala de Planes de Operaciones de la Unidad Especial de Transporte Aéreo se dio inicio a la planificación detallada del vuelo, revisándose las cartas de aerovías y haciéndose cálculos acuciosos con objeto de efectuar una ruta de traslado directo desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de la Ciudad de Lima, Perú; ruta que fue diseñada considerando evitar el ingreso al espacio aéreo de los países que se sobrevuelan en los trayectos de las rutas regulares que emplean los aviones de aerolíneas que vuelan hacia y desde Centro y Sudamérica, por lo que sería necesario volar apartados del sistema de aerovías continentales y en un área distinta a la cubierta por el sistema de rutas del océano Pacifico, abandonando el territorio continental con un rumbo sur–sureste y posteriormente regresar al continente en una trayectoria directa hacia el espacio aéreo comprendido dentro de la región de información de vuelo de Lima, para arribar al aeropuerto peruano, evitando el ingreso al espacio aéreo ecuatoriano.

La tripulación analizó detenidamente la información disponible respecto a las condiciones meteorológicas existentes a lo largo de la ruta de vuelo proyectada, concluyendo que a pesar del mal tiempo que se presenta sí sería posible efectuarla, aprovechando las singulares características y el alto rendimiento de la aeronave, cuya potencia y techo de servicio le permitirían volar sobre las zonas de tormenta localizadas mar adentro,


A las 22:30 horas, arribó a la UETA el licenciado Froylán Gámez Gamboa, economista de profesión, asignado a la Dirección de Asuntos Especiales de la Subsecretaria para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores; la experiencia profesional y sus abundantes conocimientos sobre los asuntos de la región fueron los factores clave para ser designado por esa dependencia para viajar a bordo de la aeronave, con objeto de apoyar a la tripulación en la realización de las gestiones y coordinaciones diplomáticas que fueron requeridas durante la operación para llevarla hasta a buen fin, llevando sobre sus hombros el gran compromiso de representar la diplomacia de nuestro país.

Al recibirse la confirmación de la orden para proceder con la operación, ésta dio inicio con el despegue de la aeronave desde la pista 05 derecha del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a las 00.36 horas del día 11: “Fuerza Aérea Mexicana, 3916 autorizado a despegar, pista 05 derecha, viento de los 060 grados con ocho nudos, en el aire comunique con salidas México”.

Durante el ascenso inicial, contando con la oscuridad del horizonte, a los ocupantes de la aeronave les fue posible observar el espectacular paisaje que a esa hora ofrece el valle de México; a pesar de la nubosidad que habitualmente se encuentra en el área, la intensa iluminación de la ciudad y su zona conurbana, rodeada por los magníficos volcanes, permite al observador comprender la razón por la que se ha llamado a esta “la región más transparente”.

Al pasar los 10.000 pies de altitud, y aprovechando la escasa afluencia del tráfico aéreo a esa hora, con la autorización del Centro de Control de Tráfico Aéreo de México, la aeronave enfiló directamente hacia el océano Pacifico; al pasar sobre el puerto de Acapulco el compás magnético se orientó al rumbo 225, buscando obtener la mejor velocidad y régimen de ascenso. Teniendo la certeza de que al llegar a Lima se dispondría de combustible para recargar los depósitos, en ese momento la prioridad era volar a la mayor velocidad que se pudiera alcanzar.

Al llegar al límite sur del espacio aéreo correspondiente al Centro de Control México, abandonando el espacio aéreo mexicano, fue establecida la última comunicación con la dependencia de control de tráfico aéreo: “Fuerza Aérea Mexicana 396, abandonando el área, ingresamos a espacio oceánico, muchas gracias por todo, que tenga usted un buen día”.

Es bien sabido para algunos pilotos, particularmente para los pilotos militares, que cuando se vuela fuera de espacio aéreo controlado, sin estar sujetos a la obligación de emitir un reporte de posición y situación cada determinado tiempo, el que normalmente es respondido por una voz al otro extremo de la frecuencia la cual, aunque proviene de un desconocido, siempre proporciona una relativa tranquilidad al confirmar que no se está en completa soledad, dentro de la cabina se experimenta una sensación de soledad difícilmente comparable a cualquier situación que se pueda vivir.

A pesar de la gran amplitud del espectro electromagnético, el saber que no se dispone de ninguna frecuencia en la cual se pueda hacer contacto con alguna dependencia del control de tráfico aéreo, manteniéndose en completo silencio porque no hay a quien llamar, volando sobre la inmensidad del mar abierto y envueltos en la oscuridad de la noche, pueden llegar a la mente una infinidad de pensamientos, de toda clase, especialmente durante trayectos largos y estables en los que se cuenta con el tiempo suficiente para reflexionar sobre las vivencias acumuladas, las decisiones tomadas, los errores cometidos, las alegrías y las tristezas vividas, las satisfacciones y los sinsabores que han iluminado u oscurecido nuestros días y toda esa infinidad de cosas y detalles que van configurando los recuerdos en la existencia de cada persona.

Esa noche, todos los que viajaban en el FAM 3916 tenían mucho en que pensar a pesar de la escasez de información, podrían deducir que se encontraban cumpliendo una misión importante, en la que podría estar de por medio, inclusive, el prestigio de México. Como servidores públicos, integrantes de dependencias oficiales del Estado mexicano, sabían que tenían un serio compromiso, en cuyo cumplimiento tendrían que empeñar toda su inteligencia, su voluntad, su experiencia, sus conocimientos y, quizás, hasta su imaginación y capacidad de improvisación para llevar a buen término su delicada encomienda.

Había una misión que cumplir, una misión en la que no existía ningún margen posible de error, la orden fue clara y concisa: traer a salvo a México al señor Evo Morales.

Esa sencilla disposición significaba extraerlo sin ningún daño del entorno en el que se encontrara, introducirlo a la aeronave y trasladarlo desde América del Sur hasta México, asegurándose de mantenerlo con vida, lo que implicaba hacer lo que fuera necesario para salvaguardar su integridad física, así como la de la propia tripulación, preservando también la integridad del medio de transporte, manteniendo en un estado óptimo la operatividad del vehículo que haría posible trasladarlo esa gran distancia.

En forma instintiva, automáticamente, sin pensarlo, la tripulación seguía al pie de la letra lo que establece para los miembros del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos el Reglamento General de Deberes Militares en su artículo tercero: “Las órdenes deben ser cumplidas con exactitud e inteligencia, sin demoras… El que las recibe… podrá pedir le sean aclaradas cuando le parezcan confusas, o que se le den por escrito cuando por su índole así lo ameriten… Para no entorpecer la iniciativa del inferior, las órdenes solo expresaran, generalmente, el objeto por alcanzar, sin entrar en detalles de ejecución”.

Durante el viaje de ida, ambos pilotos conversaron ampliamente, revisaron minuciosamente la información disponible, examinaron a detalle las posibilidades que aparecían como más probables de permitir lograr el éxito, analizaron con detenimiento algunas de las muchas variables que podrían afectar tanto negativa como positivamente la misión, dialogaron abiertamente sobre algunas de las alternativas más atractivas y consideraron también otras menos atrayentes; después, como resultado del análisis y con toda la objetividad con que era posible hacerlo, determinaron varios cursos de acción y seleccionaron como viables los que aparentaban tener las mejores posibilidades de éxito en su aplicación, aun a sabiendas de que al momento de enfrentarse con la realidad en el terreno todo lo previsto podría no servirles de nada.

Había muchos aspectos de la misión que generaban incertidumbre, y que durante el vuelo y mientras transcurría el tiempo, en tierra podía estar sucediendo cosas que podrían cambiar el panorama general que se apreciaba al momento de partir, modificando la situación tanto en México como en Perú o en Bolivia.


Como resultado lógico (y deseado) del proceso educativo al que estuvieron sometidos durante la formación militar, así como del intenso entrenamiento al que como militares profesionales se sujetan en forma permanente, el resto de los asuntos que podían ocupar sus pensamientos pasaba a un segundo término; la prioridad era cumplir con la misión asignada, y en eso se concentraban al tratar de llenar los vacíos de información existentes respecto al probable desarrollo de la misión, mediante deducciones basadas en los escasos datos de que previamente disponían y de los hechos que en los medios de comunicación se habían mencionado respecto a la situación que en esos días se estaba viviendo en Bolivia.

También, por su parte, el licenciado Gámez tenía mucho en que pensar: aunque aparentemente la misión sería fácil y sin complicaciones, muchas cosas podían pasar, muchas eventualidades podrían presentarse, a pesar de que desde México los funcionarios del servicio exterior estaban colaborando para la ejecución de la misión, efectuando múltiples coordinaciones diplomáticas con diferentes países de América del Sur; en todo caso, él debería tener la capacidad de decidir rápidamente a quién debería acudir en el caso de que sucediera algún requerimiento, qué hacer o qué decir y, de acuerdo con el nivel de responsabilidad y autoridad de la persona con quien interactuara, la actitud que debería asumir. Él tenía claro el papel que debería desempeñar y se le había explicado con claridad el alcance de su participación, que sería amplio y sin restricciones, pero, aun así, existía una gran cantidad de contingencias que podrían presentarse y también múltiples formas de darles solución, algunas de las cuales podrían no ser las más apropiadas.

Después de seis horas de un vuelo con algunos tramos turbulentos y tormentosos, la tripulación entró en contacto con el Centro de Control de Lima, que autorizó iniciar el descenso y la aproximación, efectuándose el aterrizaje en el aeropuerto de Lima media hora después, a las 7:06 horas (tiempo local de México), estacionando el avión en la plataforma militar, donde se estableció comunicación con la empresa proveedora de combustible y se efectuó la recarga de turbosina nuevamente a la capacidad total de la aeronave.


El licenciado Gámez descendió para hacer contacto con las autoridades que se encontraban a la espera del avión; entre tanto, la tripulación esperaba a bordo de la aeronave, evitando descender para prescindir de los tramites de migración y aduana, y en espera de la autorización para ingresar al espacio aéreo boliviano y del permiso de aterrizaje en el aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba, Bolivia.

A las 10:50 horas (tiempo local de México), el señor Gámez Gamboa recibió la autorización de sobrevuelo transmitiéndosela a la tripulación, por lo que a las 11:16 horas (tiempo local de México) se efectuó el despegue hacia Bolivia; sin embargo, al arribar al límite del espacio aéreo peruano con el de Bolivia, el Centro de Control de Tráfico Aéreo boliviano le comunicó al avión mexicano que el ingreso a su espacio estaba denegado, por lo que el general Hernández decidió establecerse en un patrón de espera en las inmediaciones de la frontera de los dos países en tanto se recibía la autorización.

Después de una hora de espera, en razón de respuesta negativa a las solicitudes para sobrevolar el territorio boliviano, y ante la posibilidad de ser interceptados por una aeronave de combate de ese país en caso de ingresar o acercarse más a su espacio aéreo, se tomó la decisión de regresar a Lima, donde nuevamente aterrizaron a las 14:26 horas (tiempo local de México) después de mantenerse en el aire por tres horas con diez minutos.

Al arribar nuevamente a la plataforma militar del aeropuerto Jorge Chávez, después de estacionarse en la misma posición que había ocupado en la ocasión anterior, frente a las instalaciones del Grupo Aéreo número 8, una oficial de la Fuerza Aérea del Perú, acompañada de soldados armados, se acercó a la aeronave para comunicarle al comandante que tenía prohibido permanecer en esa plataforma, invitándolo a retirarse, por lo que la tripulación echó a andar uno de los motores y retiró de esa posición la aeronave, rodándola hasta estacionarla en una posición ubicada al límite de esa plataforma y la calle de rodaje del aeropuerto, procurando no interferir con las maniobras de otros aviones.

Durante la permanencia por segunda ocasión en el aeropuerto de Lima, la tripulación estableció contacto con la empresa proveedora contratada por la Secretaría de la Defensa Nacional para suministrar el abastecimiento de combustible, solicitándole una carga de turbosina, la cual fue negada por el representante, aduciendo que únicamente habían acordado proveer el hidrocarburo por una sola vez, y que para esa hora del día no disponían de personal para proporcionar el servicio, razón por la cual se contaba únicamente con carburante suficiente para volar por un tiempo de entre siete y ocho horas.

Aproximadamente a las 16:15 horas (tiempo local de México), el señor Gámez Gamboa le informó al general Hernández que se había obtenido la autorización para volar al aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba, Bolivia, por lo que a las 17:00 horas (tiempo local de México) volvieron a despegar con destino a esa localidad, para aterrizar dos horas después, a las 19:00 horas (tiempo en México) en la pista de la instalación que hasta el año 2006 funcionaba como una base militar de los Estados Unidos y que en el años 2015 fue inaugurada como aeropuerto.

Al aterrizar, durante el rodaje sobre la pista y también a ambos lados de la calle de rodaje por la que se desalojó hacia la plataforma de servicio, se advertía una abundante presencia de personal militar y civiles armados que observaban la aeronave. En ese momento y ante tal panorama, los tres tripulantes recordaron una importante premisa que rige el proceder que, por propia convicción, invariablemente practican en su día a día los militares mexicanos: “El servicio de las ramas exige que el militar lleve el cumplimiento del deber hasta el sacrificio y que anteponga al interés personal el respeto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la soberanía de la Nación, la lealtad a las instituciones y el honor del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos”. Los tres miraron y, con la certeza de coincidir en el pensamiento, el único comentario que se pronunció fue “hagamos lo mejor que podamos para que todo salga bien”.

Al estacionar la aeronave en la plataforma de servicio y después de apagar los motores, el piloto instruyó a sus tripulantes para que planificaran el vuelo de regreso a Lima y le pidió al señor Gámez Gamboa que hiciera lo posible por obtener la autorización para realizarlo, indicándoles que, pasara lo que pasara, permanecieran a bordo.

Dejando su pistola Colt Government calibre 0.45 en el compartimiento junto a su asiento, consciente de que, además de serle de muy poca utilidad ante la abrumadora desventaja, el hecho de pisar territorio extranjero en su condición de militar en el servicio activo portando una arma podría prestarse a malas interpretaciones, sería inapropiado y quizás hasta peligroso, además de tener consecuencias muy negativas, descendió desarmado de la aeronave con la intención de indagar con quien fuera posible para obtener información sobre la ubicación de Evo Morales, poder localizarlo y conducirlo a salvo al avión.

Cuarenta y cinco minutos después logró localizar e identificar en el edificio terminal del aeropuerto al señor Evo Morales, quien estaba acompañado por otras dos personas, el vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra de Salud, Gabriela Montaño, quienes ya se dirigían hacia la plataforma donde se encontraba la aeronave; los saludó y les pidió que los siguieran; guiándolos hasta el avión, les indicó que lo abordaran, subió detrás de ellos y cerró la puerta interior.

En ese momento, los mexicanos sintieron alivio, ya estaba hecha la mitad del trabajo; lo que ignoraban era que esa había sido la mitad fácil, ahora faltaba completar la parte más difícil y complicada de la misión, llevar a México al señor Evo Morales y sus acompañantes garantizando su seguridad.

Poco después de que los pasajeros abordaron la aeronave, pasadas las 20:00 horas (tiempo local de México), el licenciado Gámez recibió por vía telefónica la autorización para volar al aeropuerto de Lima, por lo que a las 20:20 horas (tiempo de México) la tripulación puso en marcha los motores y estableció contacto con la torre de control para solicitar las instrucciones del rodaje y hacer de su conocimiento el plan de vuelo hacia Lima, adonde volarían para intentar obtener el combustible suficiente para llegar a México, recibiendo la autorización para rodar a la posición de despegue.


Encontrándose en la cabecera de la pista, habiendo repasado las listas de verificación y estando listos para efectuar el despegue, la torre de control les comunicó que carecían de la autorización para ingresar al espacio aéreo peruano, indicándoles que deberían regresar a la plataforma por instrucciones del personal militar que se encontraba en el aeropuerto, por lo que procedieron a ejecutar las instrucciones recibidas, percatándose de una mayor actividad de personal armado  y vehículos artillados a ambos lados de la pista, así como en las inmediaciones de la calle de rodaje.

Al encontrarse en la plataforma de servicios del aeropuerto de Chimoré, el piloto descendió de la aeronave para intentar encontrar un área en la que se recibiera la señal de telefonía celular, hallándola en el extremo norte de la plataforma de servicios, donde intentó en repetidas ocasiones comunicarse con el jefe del estado Mayor de la Defensa Nacional, así como con el propio secretario del ramo, logrando establecer una breve comunicación con el general Luis Cresencio Sandoval Gonzales; sin embargo, la inestabilidad en la señal impidió al general Hernández Velázquez transmitirle a su superior un informe completo sobre la situación existente en Chimoré.

Aproximadamente a las 20:25 horas (tiempo local de México), un grupo de tres personas armadas, portando el uniforme del Ejército boliviano, se dirigieron desde el extremo norte de la plataforma hacia la aeronave, encontrándose con el piloto, ordenándole uno de ellos levantar los brazos, diciéndole que bajarían a Evo Morales de su avión, en ese momento, otro de los individuos se le aproximó por detrás y lo golpeó en la espalda baja con la culata de una arma larga tipo Garand, por lo que el piloto giró hacia la izquierda para enfrentarlo, momento en el cual otro de los individuos, también uniformado, le golpeo en el abdomen con el rompeflamas de un fusil automático ligero, cargando su arma y apuntándole al pecho sin ninguna razón aparente que motivara tal acción; ante esa situación, el general se dirigió hacia quien le apuntaba diciéndole en tono sereno pero firme: “Joven soldado, los valientes no asesinan”, a lo cual el soldado bajo su mirada y apuntó hacia el suelo el cañón de su arma, apartándose unos pasos hacia atrás; pasado el momento de tensión, en absoluto silencio y sin ninguna interferencia, el piloto caminó hacia el avión.

Después de ese encuentro, aproximadamente a las 20:35 horas (tiempo local de México), se aproximaron a la aeronave entre seis y ocho individuos, algunos portando el uniforme del Ejército boliviano y otros vistiendo de civil, quienes portaban armas cortas y largas; el piloto descendió de la aeronave para intentar dialogar con ellos, instruyendo a la tripulación para que cerraran las persianas de las ventanillas de la cabina de pasajeros y mantuvieran cerradas la puerta de acceso al avión; se colocó de pie en la escalera de acceso y al encontrarse frente a una persona que vestía de civil y que parecía comandar el grupo, pretendiendo ingresar a la aeronave, nuevamente se le ordenó levantar los brazos.

Al no percibir una amenaza inmediata como la que se presentó momentos antes, probablemente con una gran carga de adrenalina circulando por sus venas, el piloto increpó al grupo de personas señalándoles sus insignias, mencionando sus jerarquías e indicándoles que, además de encontrarse desarmado, no tenía ninguna intención hostil en su contra y explicándoles que la aeronave a su mando, a pesar de ser militar, no portaba armamento, cámaras, sensores remotos ni algún otro equipo o dispositivo con el que se pudiera amenazar su seguridad ni vulnerar la soberanía de su país sobre su territorio y su espacio aéreo; también argumentó a su favor las circunstancias de que en nuestros países hablamos el mismo idioma y tenemos el mismo color de piel, así como el hecho de que Bolivia y México son naciones hermanas con una añeja tradición de amistad, logrando serenarlos.

Al encontrarse en esa situación, aunque ya apaciguados los ánimos de las personas que rodeaban el avión, el individuo que mostraba tener autoridad sobre los demás, al parecer un oficial, insistió en sus intenciones de ingresar a la aeronave para extraer a las tres personas de nacionalidad boliviana que se encontraban a bordo, ante lo cual el piloto volvió a colocarse de pues en la escalera de acceso y le expresó que, conforme al derecho internacional, toda aeronave, incluyendo la cabina de pasajeros, al ostentar una identificación reconocible mediante los distintivos consistentes en la leyenda Fuerza Aérea Mexicana a ambos lados del fuselaje junto con los triángulos concéntricos con los colores de la bandera mexicana en las alas, debería ser considerada como territorio mexicano, razón por la cual lamentablemente no le sería posible consentir que pasaran a su interior reiterándole que no se los permitiría. Afortunadamente, a pesar de que para acceder a la aeronave solamente tenían que neutralizar la débil resistencia que podía ofrecer una sola persona desarmada, los miembros del grupo no insistieron en sus pretensiones y permanecieron en su sitio.


Poco después arribó al pie de la aeronave una persona que se identificó como capitán, con quien el piloto se identificó mostrándole su identificación militar, estableciendo a continuación un diálogo directo con él, solicitándoles que otra persona que se encontraba en la parte oriental de la plataforma, a unos ciento cincuenta metros de la aeronave, dejara de apuntarle al avión con el dispositivo lanzador RPG que portaba, solicitud que ignoró; sin embargo, posteriormente logró persuadirlo para que le facilitara un medio de comunicación para establecer enlace con sus superiores, permitiéndole hablar por radio con una persona que se identificó como coronel, quien a su vez lo comunicó con un general al que, después de darle otra explicación sobre la situación y la misión humanitaria que se encontraba realizando, le indicó que esperara una llamada en el teléfono del capitán. Tras algunos minutos de espera, se recibió una llamada de una persona que se identificó como el general Terceros Lara, comandante de la Fuerza Aérea Boliviana, con quien habló aproximadamente cinco minutos, dándole la misma explicación y reiterándole que su presencia no tenía ninguna intención hostil en contra de su país, indicándole que solamente estaban intentando llevar a buen término una misión humanitaria en cumplimiento a una orden.

Con un serio lenguaje castrense, usando expresiones formales de uso universal para los militares de cualquier parte del mundo, el general Hernández Velázquez le solicito respetuosamente su colaboración para cumplir con su misión humanitaria, asegurándole que en el caso de que él se encontrara en la misma situación, con seguridad, recibiría su apoyo o el de cualquier otro militar profesional que, al tener una formación ética con principios y valores morales comunes a las profesión de las armas, pudiera otorgárselo; después de algunos segundos, el general respondió, aunque con un tono molesto, que a partir de ese momento tenía treinta minutos para abandonar el espacio aéreo de su país, indicándole con énfasis que él no respondería por la seguridad de los ocupantes ni por la integridad de la aeronave si no se cumplía con esa instrucción, a lo que el piloto le solicitó que le transmitiera la autorización al personal que se encontraba rodeando la aeronave, haciéndolo en cuanto le devolvió el teléfono al capitán, a quien le solicito nuevamente que el individuo que apuntaba el dispositivo lanzador dejara de hacerlo.

El capitán del Ejército boliviano instruyó al personal uniformado y al que vestía de civil para que se alejaran del avión, indicándole a quien apuntaba a la aeronave que dejara de hacerlo.

Después de concluir la llamada y habiendo verificado que la periferia de la aeronave se encontraba despejada, el piloto se despidió con circunspección del capitán y del personal ahí presente, agradeciéndoles a todos su gentileza y transmitiéndoles los saludos y los buenos deseos de sus camaradas mexicanos, después de lo cual abordó el avión; al ingresar a la aeronave, el señor Gámez Gamboa le indicó que disponían de una autorización, pero que esta era para ingresar al espacio aéreo de Paraguay y para aterrizar en el aeropuerto de Asunción, por lo que mientras ponían en marcha los motores ambos pilotos efectuaron la planificación del vuelo, definieron el procedimiento de salida e iniciaron el rodaje, precisando la ruta más directa y expedita hacia la frontera con Paraguay para poder abandonar el espacio aéreo boliviano dentro del plazo de los treinta minutos otorgados por el general Terceros Lara.

Habiendo iniciado el rodaje a las 20:55 horas (tiempo local de México), despegaron a las 21:01 (tiempo local de México); durante el ascenso inicial el piloto alcanzó a observar, desde el lado izquierdo de la cabina de mando y cuando casi alcanzaban 1.500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete en la posición de las siete (atrás y a la izquierda de la trayectoria del avión) por debajo del horizonte, estimando el piloto que, en caso de tratarse de un proyectil, el punto desde donde fue lanzado podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochabamba, por lo que efectuó un viaje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil (lado derecho) incrementando el régimen de ascenso para evitar el impacto, observando que la traza, muy por debajo de la aeronave, efectuaba una parábola hacia el terreno sin haber alcanzado la altura que en ese momento ya tenían, aproximadamente, de 3.000 pies sobre el terreno, concluyendo su apreciación que el posible cohete podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto; respecto a esta situación, decidió abstenerse de comunicar a la tripulación para evitar incrementar la tensión y poder mantenerse concentrado en el ya de por sí complicado vuelo.

Después de esto, ajustaron la potencia de los motores para obtener la máxima velocidad posible y buscaron el mejor régimen de ascenso, dirigiéndose directamente a la posición geográfica denominada como fijo “MOMDI”, ubicada en la frontera entre Bolivia y Paraguay, logrando arribar a esa ubicación justo a los treinta minutos que se les habían concedido.

Ya dentro del espacio aéreo paraguayo, ajustaron la potencia y redujeron la velocidad para optimizar el combustible disponible, volando a 37.000 pies por una hora con 45 minutos, después de lo cual arribaron al Aeropuerto Internacional de Asunción, Paraguay, solicitándole al Control Terrestre que les permitiera dirigirse a la plataforma militar, solicitud que les fue autorizada, dirigiéndose a esa ubicación, donde estacionaron la aeronave.

Después de apagar los motores, el piloto instruyó a la tripulación y a los pasajeros a que evitaran descender hasta que comprobara la seguridad que ofrecía el área y se los indicara; al bajar del avión se encontró con el embajador de México en aquel país, quien después de identificarse le solicitó pasar al interior del avión, permitiéndoselo.

En tanto el embajador conversaba con los pasajeros y a pesar de que durante el vuelo no se percibió alguna anormalidad en el funcionamiento de la aeronave y sus sistemas, la tripulación realizó una inspección al exterior, con objeto de verificar que no tuviera algún daño ocasionado por una ojiva disparada por algún arma de fuego u otra clase de proyectil, sin que se encontrara ningún daño evidente.


Después de unos momentos de charla entre los pasajeros y el embajador de México en Paraguay, el licenciado Gámez Gamboa informó a la tripulación que se les proporcionaría combustible, por lo que procedieron a coordinar la recarga y a llenar los depósitos a la capacidad total de la aeronave, realizando también la planificación para efectuar el vuelo a nuestro país. El general Hernández Velázquez pidió al licenciado Gámez Gamboa, con objeto de que realizara las gestiones necesarias para obtener las autorizaciones correspondientes, que la ruta más conveniente sería volar desde su actual ubicación hacia el norte, para ingresar al espacio aéreo brasileño y sobrevolar el territorio de ese país hasta llegar a la frontera con Perú, para de ahí volar hacia Guayaquil, prosiguiendo hacia el oeste por unas ochocientas millas náuticas con objeto de llegar a aguas internacionales y ya sobre estas dirigirse hacia el norte, directamente a México.

En cuanto el licenciado Gámez les indicó que se habían realizado con éxito las gestiones para obtener los permisos de sobrevuelo, aproximadamente a las 01:30 horas (tiempo local de México), la tripulación puso en marcha los motores y repasó cuidadosamente cada punto considerado en las listas de verificación, efectuando el despegue a las 01:56 horas (tiempo local de México), siguiendo el itinerario conforme a lo que habían planificado, saliendo del espacio aéreo de Paraguay y volando sobre territorio brasileño.

Poco antes de llegar a la frontera de Perú con Ecuador, el Centro de Control de Quito les indicó que tenían prohibido ingresar al espacio aéreo de ese país, por lo que procedieron a enfilarse a la frontera entre Perú y Ecuador, ajustando la potencia para obtener la máxima velocidad posible y ascender a una altitud de 45.000 pies, logrando mantener Mach. 84 (aproximadamente 850 km/h); en cuanto llegaron a la zona limítrofe, se enfilaron hacia el oeste para volar hacia el mar, manteniéndose sobre la virtual que define el límite fronterizo entre los dos países, con objeto de volver a internarse en aguas internacionales, volando por una distancia de ochocientas millas náuticas con rumbo 280° para volar más allá de las Islas Galápagos y librar la jurisdicción territorial de Ecuador; al arribar al punto limítrofe del espacio aéreo ecuatoriano viraron hacia el norte franco, enfilándose directamente hacia el espacio aéreo mexicano.

Fue en ese punto, al saber que ya habían completado con éxito la parte más difícil de la misión, que los tripulantes sintieron algún alivio, conscientes de que no deberían relajarse a tal grado que pudieran cometer un error por descuido.

Durante el vuelo sobre el océano Pacífico, al arribar a aguas internacionales y con objeto de diluir la tensión acumulada por los pasajeros, circunstancia comprensible por la difícil situación vivida en las últimas horas, el teniente coronel Jarquín y el capitán Sánchez se mantuvieron pendientes de la condición de los pasajeros; verificaron visualmente y mediante sencillas preguntas formuladas con amabilidad su estado físico y, al constatar que se encontraban bien y que no requerían alguna clase de auxilio, les ofrecieron bebidas y alimentos, así como almohadas y cobertores para que tuvieran un adecuado descanso.

Cuando tuvieron la certeza de encontrarse en espacio aéreo internacional, ambos pilotos y el mecánico de a bordo sintieron de lleno el peso de la fatiga acumulada; hasta ese momento se habían mantenido más de veinticuatro horas en vigilia y aún les faltaban más de siete horas para llegar a México; sabían que el esfuerzo tenía que continuar y se daban ánimo mutuamente, después de todo, también son seres humanos.


Acostumbrados a las fatigas, conocedores de los signos de agotamiento que aparecen en misiones prolongadas y versados en la utilización de los trucos para ahuyentar el sueño y el cansancio, establecieron una charla sobre cosas triviales; a pesar de ostentar jerarquías diferentes que hacía menester mantener el respeto y la subordinación que hacen posible el funcionamiento de la estructura militar, las muchas misiones realizadas como equipo y los años de convivencia continua en el servicio habían formado entre esos hombres un vínculo de amistad, una especial amistad que los soldados desarrollan, por lo que además de ser tripulantes con una función específica, también eran compañeros de armas que compartían la confianza y la sinceridad que se le permiten a un amigo.

De esa forma, entre conversaciones amistosas, atención a la situación y desarrollo del vuelo, revisiones periódicas a la condición de los sistemas de la aeronave, vigilancia al entorno en el exterior del avión y verificaciones periódicas al estado de los pasajeros, se cubrió el trayecto de regreso a la patria.

Nueve horas con cuarenta minutos después de iniciado el vuelo de retorno a México, con el pasajero principal y sus dos acompañantes sanos y salvos, aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, dirigiéndose hacia la plataforma de servicios del 6° Grupo Aéreo, donde descendieron del avión el señor Evo Morales, la señora Gabriela Montaño y el señor Álvaro García Linera, así como el licenciado Gámez, siendo recibidos por el canciller Marcelo Ebrard considerándose en ese momento como concluida la misión, encontrándose los pasajeros, la tripulación y la aeronave en territorio mexicano y sin ninguna novedad.

Respondiendo en forma apropiada y con celeridad a un requerimiento del Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, la Secretaría de la Defensa Nacional puso de manifiesto su vocación de servicio, su capacidad de respuesta para dar solución a eventualidades y el profesionalismo de sus integrantes. ¡Misión Cumplida!

A los cuatro integrantes de esta misión los consideramos militares, ciudadanos, servidores públicos ejemplares y patriotas. El 20 de noviembre de 2019, en la ceremonia de entrega de condecoraciones y ascensos de las Fuerzas Armadas, tuve el honor de entregar las insignias al ahora general de Ala dos estrellas piloto aviador diplomado del Estado Mayor Aéreo Miguel Eduardo Hernández Velázquez, quien es el hijo fallecido general de Ala P.A.D.E.M.A. Fernando Hernández Vega, integrante del Escuadrón Aéreo 201, que luchó representando a México en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente el general  Hernández Velásquez se desempeña como director del Colegio del Aire en Zapopan, Jalisco.

No hace falta subrayar el mal comportamiento de personas, militares y gobernantes de países que como se indica en el reporte, no estuvieron a la altura de las circunstancias. Más bien quiero dejar de manifiesto el apoyo que recibimos para el buen cumplimiento de esta misión de gobiernos de Paraguay y Brasil, así como la ayuda del entonces presidente electo de Argentina, nuestro amigo Alberto Fernández.

Al pueblo de Bolivia, sobre todo, a los más pobres de ese gran país, les repito lo que expresé cuando nos visitó su actual presidente, Luis Arce Catacora.

Bolivia es el mejor ejemplo a seguir para hacer justicia a los pueblos. En Bolivia, luego de las dictaduras y regímenes autoritarios entreguistas, llego a la presidencia un indígena, Evo Morales, y en 14 años cambió la realidad que imperaba de oprobio y desprecio a la población mayoritariamente indígena por una forma de vida fincada en la igualdad, el respeto a la pluralidad cultural y el progreso con justicia.

Usted, presidente Luis Arce, ha sido protagonista de esa transformación, porque fue el encargado del manejo de la economía y supo equilibrar crecimiento con bienestar. Ustedes han logrado en Bolivia cosas espectaculares, han sido el país del continente con más crecimiento económico en más de una década, recuperaron los recursos naturales del país que estaban en manos de extranjeros, sacaron de la marginación a millones de familias pobres y, por si fuera poco, acabaron con el mito de que el pueblo es malagradecido, porque después del reciente golpe de Estado, en medio de amenazas y persecuciones, la gente humilde, los indígenas fueron a las urnas y votaron por usted, que ganó en las elecciones desde la primera vuelta con mucha ventaja. Esa lección de civismo y democracia es admirada por nosotros y por muchas otras personas, mujeres y hombres libres de nuestra América y del mundo. Gracias por su visita a México, digno presidente de Bolivia, Luis Arce Catacora. Gracias de todo corazón. Y a Evo, un abrazo de compañero.


viernes, septiembre 03, 2021

BOLIVIA: El golpista Gral. Terceros fue el que amenazó al piloto del avión mexicano que trasladaba a Evo el 11/10/19

 

Diario AHORA EL PUEBLO / La Paz.-
En el libro A mitad del camino, escrito por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, se reveló que el excomandante de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) Jorge Gonzalo Terceros Lara, acusado dentro del caso Golpe de Estado, se habría comunicado con el general Hernández Velásquez, quien con tono molesto le advirtió que el avión onde era trasladado el expresidente Evo Morales tenía 30 minutos para abandonar el espacio aéreo del país, caso contrario no se garantizaba la seguridad de la tripulación.
 

“Con un tono molesto, le advirtió (al piloto mexicano) que a partir de ese momento tenía 30 minutos para abandonar el espacio aéreo de su país”, le indicó con énfasis que él (Jorge Terceros) no respondería por la seguridad de los ocupantes ni por la integridad de la aeronave si no se cumplía con su instrucción, describe el texto del libro.

Menciona también que “el piloto del avión le solicitó al militar boliviano que le transmitiera la autorización al personal (efectivos bolivianos) que se encontraba rodeando la aeronave con armas. Le solicitó además que los militares bolivianos que apuntaban el dispositivo lanzador hacia la nave dejaran de hacerlo”, relata.

Fuertemente custodiados por militares bolivianos que se encontraban en la pista de aterrizaje en el aeropuerto de Chimoré, en el trópico cochabambino en noviembre de 2019, el libro menciona que el capitán de Ejército boliviano instruye al personal uniformado y al que vestía de civil para que se alejaran del avión, le dijo al efectivo que apuntaba a la aeronave que dejara de hacerlo.

“Después de concluir la llamada y habiendo verificado que la periferia de la aeronave se encontraba despejada, el piloto se despidió con prudencia del capitán y del personal ahí presentes, agradeciéndoles a todos su gentileza y transmitiéndoles los saludos y los buenos deseos de sus camaradas mexicanos, después de lo cual abordó el avión”, refiere el libro.

“Al ingresar a la aeronave, el señor Gámez Gamboa le indicó que disponían de una autorización, pero que no estaba para ingresar al espacio aéreo de Paraguay y para aterrizar en el aeropuerto de Asunción, por lo que mientras ponían en marcha los motores, ambos pilotos efectuaron la planificación del vuelo. Definieron el procedimiento de salida e iniciaron el rodaje, precisando la ruta más directa y expedita hacia la frontera con Paraguay para poder abandonar el espacio aéreo boliviano dentro del plazo de los 30 minutos otorgados por el general Terceros Lara”, relata.

En otro párrafo narra que habiendo iniciado el rodaje a las 20.55 horas (tiempo de México), despegaron a las 21.01 (tiempo local de México); durante el ascenso inicial el piloto alcanzó a observar desde el lado izquierdo de la cabina de mando y cuando casi alcanzaban 1.500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete en la posición de las siete (atrás y a la izquierda de la trayectoria del avión) por debajo del horizonte, estimando el piloto que, en caso de tratarse de un proyectil, el punto desde donde fue lanzado podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochabamba.

Efectuó un viraje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil (lado derecho) incrementando el régimen de ascenso para evitar el impacto, observando que la traza, muy por debajo de la aeronave, efectuaba una parábola hacia el terreno sin haber alcanzado la altura que en ese momento ya tenían, aproximadamente, de 3.000 pies sobre el terreno, concluyendo su apreciación que el posible cohete podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto. Respecto a esa situación, decidió abstenerse de comunicar a la tripulación para evitar incrementar la tensión existente y poder mantenerse concentrado en el ya de por sí complicado vuelo.

Después de esto, ajustaron la potencia de los motores para obtener la máxima velocidad posible y buscaron el mejor régimen de ascenso, dirigiéndose directamente a la posición geográfica denominada como fijo ‘MOMDI’, ubicada en la frontera entre Bolivia y Paraguay, logrando arribar a esa ubicación justo a los 30 minutos que se les habían concedido.

PIDEN INICIO DE PROCESO INVESTIGATIVO

Para los parlamentarios del oficialismo, las revelaciones del piloto de la Fuerza Aérea de México afirman que durante el golpe de Estado hubo una clara muestra criminal de intentar acabar con la vida del expresidente Evo Morales por ser una amenaza para el modelo capitalista e imperialista que concentra la riqueza en pocas manos y lleva a la miseria a muchos.

Según el informe de la Fuerza Aérea de México (FAM), el piloto que sacó a Evo Morales de Bolivia en noviembre de 2019 reveló que vio “una estela luminosa similar a la característica de un cohete” pasar cerca del avión en el cual se transportaba al expresidente boliviano, luego de despegar del aeropuerto de Chimoré en Cochabamba. Después de ver la estela, el piloto giró la aeronave en sentido contrario para evitar el impacto. Notó que había hecho una parábola hacia el terreno y ya empezaba a bajar sin haber alcanzado la altura de 914 metros que tenía el avión.

El diputado por el Movimiento Al Socialismo (MAS) Héctor Arce manifestó que el Gobierno nacional, en el marco de la soberanía, debe investigar este nuevo hecho para dar con los responsables de la planificación que intentó terminar con la vida de un mandatario legal y constitucionalmente electo.

“Eso se tiene que esclarecer, el pueblo boliviano tiene derecho a saber la verdad. Existen supuestas auditorías que en vez de transparentar un proceso llevaron el dolor a cientos de familias y hoy se constituyen en unos simples panfletos. Por tanto, todos estos hechos deben ser sancionados con todo el peso de la ley contra los responsables de los hechos violentos en 2019”, aseguró.

El diputado por el mismo partido político Ramiro Venegas coincidió con su colega e indicó que el imperialismo, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la derecha extremista boliviana planificaron este atentado contra la vida del expresidente Evo Morales, lo que debe ser investigado por la justicia.

“Claro que se debe investigar, pero nuestra justicia es muy lenta y no se aclaran con rapidez todos los casos que ocurrieron antes de la sucesión ilegal de Jeanine Añez al poder y cuánta participación tuvieron los que ahora se encuentran investigados”, puntualizó.

El diputado Danny Daniel Rojas sostuvo que la teoría sobre un atentado contra la vida de Evo Morales se reafirma con las declaraciones del piloto mexicano. Recordó que en uno de sus viajes de entrega de obras en el país, el helicóptero que trasladaba al entonces Presidente desde el municipio de Colquiri hasta la ciudad de Oruro sufrió un percance y tuvo que aterrizar de emergencia debido a una supuesta falla mecánica.

El parlamentario declaró que este nuevo hecho que revela el piloto debe ser investigado y todos aquellos malos militares  que participaron deben ir a la cárcel.

“Yo creo que estos hechos deben investigarse y aquellos malos militares que supuestamente estuvieron implicados en este caso deben ser castigados con todo el peso de la ley”, expresó.

LA EXAUTORIDAD MILITAR ES PROCESADA POR EL CASO GOLPE DE ESTADO

Guarda detención desde julio en el penal de Palmasola de la ciudad de Santa Cruz.

Está acusado por los delitos de terrorismo, sedición y organización criminal por la denuncia penal interpuesta por la exdiputada Lidia Patty.

Los abogados de la defensa del excomandante de la FAB niegan su participación.

Atentado contra avión mexicano que rescató a Evo Morales se constituye en una prueba contundente del golpe de Estado en 2019

ABI.- El director de la revista “Presente” de México, el politólogo Hugo Garciamarín Hernández, dijo este miércoles que el atentado contra el avión que rescató al expresidente Evo Morales, cuando despegaba del aeropuerto del municipio de Chimoré, en el trópico de Cochabamba, es una prueba contundente de que Bolivia tuvo un golpe de Estado en 2019.

“Es una prueba más contundente de que realmente se trató de un golpe de Estado, con el cual se intentaba terminar con la vida del expresidente Evo Morales”, manifestó en una entrevista en el programa “Primer plano” de Bolivia Tv.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, publicó el libro “A la mitad del camino” que cuenta con el capítulo denominado “Misión Bolivia”, en el cual se revela un informe de la Secretaría de la Defensa Nacional de ese país que menciona que el piloto del avión que despegó del aeropuerto de Chimoré observó desde el lado izquierdo de la cabina de mando una estela luminosa similar a la característica de un cohete que logró esquivar con un viraje ceñido.

En ese contexto, Garciamarín indicó que la revelación hace todavía más fuerte la exposición de la “inmoralidad” de quienes niegan que se haya registrado un golpe de Estado en Bolivia.

En un parafraseo de análisis al libro de López Obrador, mencionó que la ruptura constitucional se dio por una confabulación de intereses extranjeros y fuerzas reaccionarias bolivianas.

“No hay que dejar el contexto de un lado, de un claro señalamiento de la intromisión extranjera que ha estado viniendo haciendo el presidente (López Obrador) y que también ha hecho México en la Organización de Estados Americanos (OEA), diciendo lo escandaloso y terrible que ha sido la intromisión de este organismo internacional en la política boliviana y que estuvo a punto de costarle la vida al expresidente Morales”, añadió.

El director de la revista “Presente” de México destacó, por último, que la finalidad del atentado contra al avión que trasladaba al mandatario boliviano era terminar con su vida, por lo que “no hay razón” para considerar un debate sobre un supuesto fraude electoral.

Evo Morales estuvo cerca de morir en traslado a México; piloto esquivó un proyectil, revela AMLO

EL FINANCIERO / MEXICO.- Evo Morales estuvo a punto de morir… y un piloto de las fuerzas armadas mexicano le salvó la vida, al esquivar un cohete lanzado contra el avión que lo transportaba a nuestro país. Y no, no es una trama de película.

El presidente Andrés Manuel López Obrador reveló, en su más reciente libro, que la operación para rescatar al presidente de Bolivia, tras haber sido depuesto del poder, fue más peligrosa de lo que, en su momento, se hizo saber públicamente.

De hecho, sin la participación del Ejército mexicano, Morales habría sido asesinado cuando las fuerzas opositoras con el apoyo de militares bolivianos lo despojaron del poder presidencial, luego de que, a finales de 2019, la OEA señalara irregularidades en la reelección del mandatario de ese país.

“Había una misión que cumplir, una misión en la que no existía un margen posible de error, la orden fue clara y concisa: traer a México al señor Evo Morales”, narra AMLO en A mitad del camino.

Uno de los momentos más dramáticos del rescate de Morales fue cuando el avión que lo sacó de Bolivia para traerlo a nuestro país, tuvo que realizar una maniobra para esquivar un cohete RPG lanzado desde el aeropuerto momentos después de que la aeronave despegó.

“Habiendo iniciado el rodaje a las 20:55 horas (tiempo local de México), despegaron a las 21:01 (tiempo local de México); durante el ascenso inicial el piloto alcanzó a observar, desde el lado izquierdo de la cabina de man do y cuando casi alcanzaban 1 500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete en la posición de las siete (atrás y a la izquierda de la trayectoria del avión) por debajo del horizonte, estimando el piloto que, en caso de tratarse de un proyectil, el punto desde donde fue lanzado podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochamba, por lo que efectuó un viraje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil (lado derecho)”, cuenta López Obrador, quien cita un informe del Ejército.

“Incrementando el régimen de ascenso para evitar el impacto, observando que la traza, muy por debajo de la aeronave, efectuaba una parábola hacia el terreno sin haber alcanzado la altura que en ese momento ya tenían, aproximadamente, de 3 000 pies sobre el terreno, concluyendo su apreciación que el posible cohete podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto, respecto a esta situación, decidió abstenerse de comunicar a la tripulación para incrementar la tensión existente y poder mantenerse concentrado en el ya de por sí complicado vuelo”.

AMLO relata que, incluso antes del vuelo, militares bolivianos armados amagaron con bajar a Evo Morales del avión y amenazaron al piloto de la Fuerza Aérea Mexicana, golpeándole el abdomen y apuntándole al pecho sin ninguna razón aparente.

Una vez que el avión cruzó la frontera paraguaya, se sometió a revisión y, por intermediación del embajador de México en Paraguay, Gámez Gamboa, se les reabasteció de combustible. Posteriormente, la aeronave sobrevoló el espacio aéreo brasileño, llegó a Perú, para volar ahí a Guayaquil, prosiguiendo hacia el oeste con la finalidad de llegar a aguas internacionales y dirigirse a México.

Evo Morales arribó a territorio nacional el 12 de noviembre de 2019.

https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/09/01/evo-morales-estuvo-a-punto-de-morir-piloto-mexicano-esquivo-un-proyectil-revela-amlo/

Militares de Bolivia casi tumban el vuelo de Evo a México, dice López Obrador

Newsroom Infobae /Ciudad de México, 1 sep (EFE).- Militares bolivianos habrían intentado derribar con un cohete el avión del Ejército mexicano que trasladó en 2019 a Evo Morales desde Bolivia hacia su refugio en México, según expone el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador en su último libro.
 
«Durante el ascenso inicial el piloto alcanzó a observar, desde el lado izquierdo de la cabina de mando y cuando casi alcanzaban 1.500 pies sobre el terreno, una estela luminosa similar a la característica de un cohete», detalla un informe de la Secretaría de la Defensa Nacional publicado en el libro «A la mitad del camino».

Según este relato, el piloto mexicano estimó que se trataba de un «proyectil», cuyo punto de lanzamiento «podría estar ubicado en las inmediaciones del aeropuerto de Cochabamba (Bolivia)», desde donde acababan de despegar con Evo Morales a bordo.
Por ello, el aviador «efectuó un viraje ceñido hacia el lado contrario de la trayectoria del proyectil» para «evitar el impacto».

Evo Morales llegó a México el 12 de noviembre de 2019 como asilado político del Gobierno de López Obrador luego de la crisis política que lo obligó a dejar la presidencia tras un cuestionado informe de la OEA que denunció un fraude electoral en Bolivia.
 
En el libro de balance de su primera mitad de mandato, López Obrador revela que el domingo 10 de noviembre de 2019 pidió a la Cancillería y al Ejército sacar a Morales de Bolivia ante «la violencia y el racismo de los golpistas».

El avión de las Fuerzas Armadas, un Gulfstream 550, tenía cuatro integrantes, entre ellos el piloto militar Miguel Eduardo Hernández y el representante de la Cancillería Froylán Gámez, quienes enfrentaron problemas tanto para llegar como para salir de Bolivia.
México recibió autorización de Perú para atravesar su espacio aéreo en dirección a Bolivia, por lo que el avión sobrevoló durante seis horas las aguas internacionales del Pacífico hasta aterrizar el lunes por la mañana en Lima.

Unas tres horas después despegó hacia la frontera de Bolivia, pero las autoridades bolivianas le denegaron el acceso a su espacio aéreo, por lo que, «ante la posibilidad de ser interceptados por una aeronave de combate», regresaron a la capital peruana.
Por la tarde recibieron finalmente el permiso para volar hacia el aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba (Bolivia), donde al aterrizar encontraron «una abundante presencia de personal militar y civil armado».

Allí recogieron a Evo Morales, al exvicepresidente Álvaro García Linera, y la exministra de Salud Gabriela Montaño, pero la torre de control no les dio permiso para despegar.

Posteriormente, presuntos militares bolivianos intentaron acceder a la aeronave y golpearon con sus armas al piloto mexicano, que había bajado del avión buscando señal para comunicarse con México.
Tras persuadirlos durante varios minutos, el piloto logró que lo pusieran en contacto con el general boliviano Jorge Terceros Lara, quien le dio 30 minutos para que el avión con Evo a bordo saliera de Bolivia.

«Indicándole con énfasis que él no respondería por la seguridad de los ocupantes ni por la integridad de la aeronave si no se cumplía con esa instrucción», relata el informe.
 
Tras despegar, sucedió el episodio del presunto cohete, que «podría haber provenido del lanzador RPG que observó en el aeropuerto».

Para el regreso, Perú ya no dejó aterrizar al avión mexicano a recargar combustible, por lo que lo hizo en Asunción (Paraguay); luego sobrevoló Brasil y Perú, pero Ecuador le prohibió el paso, por lo que tuvo que rodear el país para llegar finalmente a México.

«Evo decía que le habíamos salvado la vida; yo pensaba que era solo un gesto de agradecimiento por nuestra solidaridad, pero cuando el secretario de la Defensa me entregó el informe caí en la cuenta del gran riesgo que se había corrido», reflexiona el presidente en el libro.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, agosto 20, 2021

Bolivia: radiografía del horror

Tomado de Página 12

Autor: Jaime Iturri Salmón

No existe la menor duda de que lo ocurrido en Sacaba y Senkata (foto, velatorio en El Alto) fueron masacres, señaló Patricia Tappatá Vásquez, vocera del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que por encargo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA investigó la violencia desatada en Bolivia entre septiembre y noviembre de 2019.

La conclusión ya se sabía pero dicha en boca de un árbitro imparcial terminaba por echar por tierra la cadena de mentiras que habían cubierto los luctuosos hechos. Después de la matanza de Sacaba en el ingreso a la ciudad de Cochabamba el por entonces ministro de Gobierno y hoy reo en Estados Unidos por corrupción, Arturo Murillo, señalo que los manifestantes se habían disparado entre ellos

Y días después en Senkata, Murillo manifestó que los actores de la protesta querían hacer volar la planta de hidrocarburos de la zona.

Prensa golpista

Dos insultos a la inteligencia humana. Ofensas que fueron refrendadas por la prensa golpista. Por ejemplo, Página 7 tituló el 19 de noviembre, día de la masacre de Senkata: “Afines a Evo intentan incendiar la planta de Senkata en El Alto”, mientras que Los Tiempos puso un larguísimo titular: “Turba uso armas de fuego e intento explotar la planta de Senkata, según informe reservado de las FFAA” Pero este texto no fue escrito en medio del golpe sino el 30 de julio de 2021 con la sola finalidad de atenuar el informe del GIEI que estaba por leerse.

Tampoco las redes televisivas se quedaron atrás. Red Uno del grupo Kuljis que ganó mucha plata en el gobierno de Evo tituló: “Ministro de Defensa: El ejército no disparó un solo proyectil".

En medio de la persecución policial los ejecutivos de ATB, la red privada de televisión más antigua del país, fueron o encarcelados o tuvieron que salir al exilio. Marcelo Hurtado, presidente del directorio de la red dice: “Periodistas que dirigieron el canal en nuestra ausencia prohibieron que se hablara de masacres en Senkata y Sacaba y señalaron que debía hablarse de enfrentamiento”.

Racismo y persecución 

En resumen, a los caídos en las masacres los mataron las balas de los uniformados y también la prensa golpista.

Pero el informe del GIEI es claro y no solo habla de masacres sino de ejecuciones extra judiciales, es decir de asesinatos, y de violencia sexual contra mujeres detenidas a las que se obligaba a desnudarse y eran manoseadas por uniformados.

Y todo teñido de racismo y persecución a ciudadanos por el solo hecho de tener rasgos indígenas.

Los expertos agregan que no existe evidencia ni de enfrentamiento ni de que hubiera deseos ni intensión de hacer volar la planta de Senkata.

La centroderecha pierde el tren

Era natural que la ultraderecha saliera por los foros y defendiera al gobierno de Jeanine Añez, finalmente Luis Fernando Camacho puso ministros y funcionarios públicos. Pero lo extraño es que Carlos Mesa y los suyos se le sumaran.

Para evitar el juicio de responsabilidades que correspondería a Añez y compañía el ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, condiciona el voto de su bancada a que primero se reestructure la justicia. Algo que es necesario y que fue recomendado por el propio GIEI, pero que tardaría un considerable tiempo, más aún, tomando en cuenta, que ello requeriría un referéndum.

La jugada es muy arriesgada pues con ella Mesa podría perder a parte de la clase media que considera que hubo excesos en la represión del gobierno de facto.

Uno no puede dejar de preguntarse ¿dónde quedó el vicepresidente que en nombre del humanismo rompió con su gobierno porque se negaba a matar? Claro que con esa ruptura el propio Mesa se habilitaba como carta de remplazo.

"Masacres necesarias"

Hoy, parece ser que los muertos de Senkata o Sacaba valen menos o que, cuando menos, una parte del mesismo cree que las masacres fueron necesarias

Tras esta línea estaría quien fuera asesor de prensa de Mesa, Raúl Peñaranda, que en su artículo del compilado publicado por el periódico Página 7, "La revolución de las pititas", que salió a la luz en plena dictadura de Jeanine, dice:

“… el MAS recibió otro mensaje: el gobierno no estaba dispuesto a ceder y usaría la fuerza aunque fuera de manera abierta, para evitar su caída y el retorno de Morales. Para ello aprobó un DS (decreto) que les daba inmunidad a los militares por sus acciones. Los ejemplos de Senkata y Sacaba, si bien enardecieron a los simplatizantes de Morales, también los amedrentaron”.

Las masacres fueron producto del odio racista y del deseo de amedrentar a la población que se oponía a la salida de Evo Morales. Para la analista Pamela Portillo fue un claro ejemplo de Terrorismo de Estado: “se quiso afectar la psiquis de los movimientos sociales con el mensaje: si sales a protestar te vamos a matar. Se llegó al extremo de gasificar la marcha que conducía los féretros de las víctimas”.

Ni Carlos Mesa ni los miembros de su partido denunciaron las matanzas. Portillo piensa que: “primó el odio al masismo y particularmente hacia Evo Morales. Ya con anterioridad Mesa vetó que cualquier miembro del MAS remplazara al presidente indígena permitiendo el ingreso ilegal de Jeanine al poder”.

Polarización

Al buscar postergar hasta las calendas griegas el juicio a Añez, Carlos Mesa deja sin centro a Bolivia y polariza aún más la política boliviana. Su círculo rojo está complacido pero… ya antes de la publicación de una encuesta de la empresa Q Social Now, una mayoría señalaba estar de acuerdo o muy de acuerdo con enjuiciar a Jeanine Añez y sus cómplices.

La encuesta señala que el 25,4 por ciento estaría muy de acuerdo, un 20, 6 de acuerdo y tan solo en contra un 14, 6 por ciento y 14, 1 por ciento muy en contra.

Después de la radiografía del horror que fue el informe de la GIEI es seguro que esas cifras aumentaron a favor de los que consideran que ha llegado la hora de la Justicia, la verdad y la memoria.

martes, agosto 03, 2021

Los “vicios” del ecologismo


Por Alfredo Apilánez | 03/08/2021 | Ecología social

Fuentes: Rebelión

“La sociedad capitalista es una sociedad que corre hacia el abismo, desde todos los puntos de vista, porque no sabe autolimitarse. Y una sociedad verdaderamente libre, una sociedad autónoma, debe saber autolimitarse” (Cornelius Castoriadis)

Estamos jodidos

“Estamos condenados. El desenlace es la muerte, con el final de la mayor parte de la vida en el planeta”. El poeta y filósofo Jorge Riechmann comparte la demoledora sentencia del científico social Mayer Hillman acerca del funesto destino que aguarda a la especie humana a medida que avanza de forma irreversible el proceso de volver completamente “asqueroso” su propio nido. Sin embargo, de la desesperación puede surgir también la esperanza: “Hay que repetirlo una y otra vez: paradójicamente, sólo asumir de verdad que no hay solución -que ‘estamos jodidos’- podría abrir un camino que evitase lo peor. Dar por muerta esta civilización, dar por muerta esta economía y esta cultura, darnos por muertos a nosotros mismos, y quizá entonces estar dispuestos a las hoy imposibles transformaciones que nos salvarían”.

El diagnóstico es por tanto de una claridad meridiana: el violento choque de la sociedad humana contra los límites biofísicos del planeta -el denominado overshoot o extralimitación- es irreversible y la forma actual de la organización social capitalista no sólo es incapaz, por su naturaleza autoexpansiva y depredadora, de adoptar siquiera mínimas medidas correctoras sino que, bien al contrario, lo está agravando con su propia tendencia degenerativa. La atonía de la acumulación de capital – la progresiva reducción de la rentabilidad y de la productividad del trabajo- durante el último medio siglo, las recurrentes y crecientemente violentas convulsiones sociales provocadas por las crisis y las mutaciones de su matriz de rentabilidad hacia la hipertrofia del casino financiero no han hecho sino agudizar el doble carácter de depredador de la naturaleza y de explotador de “los que nada tienen que perder salvo sus cadenas” que caracteriza al capitalismo desquiciado: los precios de los alimentos y de las materias primas y fuentes de energía que mantienen en marcha el metabolismo social se fijan en el casino de los mercados de futuros, templos de la especulación donde campan por sus respetos los tiburones financieros. El “ecocidio más genocidio” en ciernes, descrito por el propio Riechmann, presenta su siniestro espectro sin que haya la más mínima posibilidad de que “esta economía y esta cultura” lo mitiguen siquiera. El capitalismo ya cumplió por tanto su función histórica progresiva y actualmente no es otra cosa que una rémora, aceleradamente destructiva, para la esperanza en la posibilidad de alcanzar una organización social racional en armonía con la naturaleza.

¿Cuáles serían por tanto, en este lúgubre escenario, las “hoy imposibles transformaciones” que nos alejarían de ese aciago horizonte? ¿Resulta factible concebir siquiera la posibilidad de construcción de alternativas de organización de la vida humana capaces de echar el benjaminiano “freno de emergencia” y evitar al menos los escenarios más acerbos del colapso en ciernes?

La respuesta en principio no debería ser demasiado difícil. El pensador y activista anarquista Murray Boockchin, pionero del ecologismo social, lo expresa en un principio básico: “La dominación de la naturaleza por el hombre se deriva de la dominación real de lo humano por lo humano”. Así pues, si el desastre ecológico es una derivada de un sistema económico basado en la explotación del trabajo humano y en la acumulación sin fin de capital como si no hubiera un mañana, la premisa para alcanzar una conciliación del metabolismo social con la preservación de la naturaleza debería ser evidente: la “muerte de esta economía y de esta cultura” y su sustitución por una sociedad racional, que preserve el equilibrio entre la satisfacción de las necesidades humanas y la consecución de las aspiraciones a una “vida buena” en un planeta habitable, mediante el uso no depredador de los dones de la naturaleza. Una sociedad, en las bellas palabras de Marx, que “produzca de forma sistemática el intercambio entre la especie humana y la naturaleza como ley reguladora de la producción social y en una forma adecuada al pleno desarrollo humano.

El hecho decisivo, verdaderamente inédito pero también esperanzador, que distingue a la situación actual de otras épocas históricas, es que tal aspiración sería, a pesar de la sideral distancia existente entre el deseo emancipador y el devastador paisaje que deja el reino del capital, perfectamente realizable: nunca antes en la historia humana ha sido mayor la brecha entre, por un lado, la capacidad potencial de producir bienes y servicios para proporcionar un nivel de vida digno a todos los seres humanos, con tecnologías y recursos sostenibles ecológicamente y, por otro, las deplorables condiciones de vida de una gran parte de la población mundial en un contexto de destrucción acelerada del medio natural. Tal es la constatación que simboliza, mejor que cualquier otro aspecto de la acerba realidad circundante, la irracionalidad suicida -la “carrera hacia el abismo”, en los premonitorios términos de Castoriadis- que caracteriza al capitalismo desquiciado.

Parecería por tanto de todo punto evidente que las respuestas sociales y las prácticas emancipatorias necesarias para detener in extremis esta carrera autodestructiva tendrían que ser, por decirlo en el lenguaje clásico, revolucionarias o no serán soluciones reales. Sin embargo, el consenso acerca de lo anterior dista mucho de ser mayoritario entre las fuerzas transformadoras.

El movimiento ecologista ha asumido en las últimas décadas la ímproba e ingrata tarea de dar respuesta a estas arduas cuestiones denunciando, con abrumador sustento científico, la apremiante emergencia y la extraordinaria gravedad del desastre ecológico y promoviendo las inaplazables transformaciones que permitirían, en los lúcidos términos de Marx, “gobernar el metabolismo humano con la naturaleza de una manera racional. De este modo, trascendiendo el “techo de cristal” de los movimientos -como los calificaba el filósofo Francisco Fernández Buey- de “un solo asunto”, las corrientes ecologistas que “van en serio” no se han limitado al ámbito de la denuncia del colapso ambiental sino que han tratado asimismo de desarrollar abundantes prescripciones político-económicas en pos de detener el ecocidio. ¿Lo han logrado? ¿Ha conseguido el ecologismo, más allá del abrumador consenso científico acerca de la contundencia del diagnóstico y la apremiante urgencia de las soluciones, elaborar un conjunto coherente de prácticas y reflexiones sociopolíticas que iluminen las sendas emancipatorias que pugnen por aunar la preservación del metabolismo socionatural con la liberación del yugo del capital? O, dicho de otro modo: ¿existe una correspondencia entre la dureza del diagnóstico “terminal” del paciente y la radicalidad de las luchas y de las propuestas transformadoras para “dar por muertas esta civilización y esta cultura”?

La primera constatación es que, aunque el movimiento ecologista que “va en serio” -lo cual excluye por principio el “ambientalismo del capital”, el oxímoron del capitalismo “verde, resiliente e inclusivo” o la entelequia de la “economía circular”, ingredientes de la pátina greenwashing que recubre los vanos intentos de las grandes corporaciones y de sus “espadachines a sueldo” por poner cataplasmas al desastre en ciernes- constituye un magma sumamente heterogéneo, podría establecerse, a título expositivo, un eje divisorio fundamental que reprodujera –mutatis mutandis– la vieja querella de la izquierda clásica entre reformistas y revolucionarios. Es decir, entre los creyentes en la posibilidad de la regulación del capitalismo para encauzarlo hacia una drástica corrección de su impacto destructivo sobre el medio natural, y, por otro lado, los convencidos de la incompatibilidad radical entre la esencia depredadora de la acumulación de capital y cualquier noción mínimamente viable de autocontención y de preservación de un lugar apto para una vida buena en el “tercer planeta del sistema solar”.

En este marco, lo que llama extraordinariamente la atención es que, incluso en el caso de las posiciones presuntamente rupturistas -llámense ecosocialistas o libertarias-, las propuestas concretas y las vías de acción político-social que se desarrollan se mantienen, salvo contadísimas excepciones, dentro de los márgenes de las reglas del juego fijadas por el discurso del capital. Es decir, queda patente el agudo contraste entre, por un lado, la contundencia y la casi completa unanimidad en el diagnóstico del inexorable colapso ecosocial y, por el otro, la pusilanimidad de la mayor parte de las alternativas que se plantean para al menos atenuarlo.

Para tratar de ilustrar y desentrañar la paradoja anterior nos centraremos, de forma no exhaustiva, en tres “vicios” que, interrelacionados de múltiples formas y gradaciones, lastran en gran medida la capacidad de los ámbitos sedicentemente radicales del movimiento ecologista para transformarse en un freno eficaz de la insaciable sed depredadora del capitalismo desquiciado y avanzar en la apremiante necesidad de construcción de nuevas formas de organización social alternativas: el decrecentismo, el estatismo y el curanderismo económico.

Decrecentismo: la ilusión de “poner a dieta” al capitalismo

“La civilización es sólo una coartada endeble para una destrucción brutal. El veneno sigue brotando y el sistema entero parece dispuesto a intoxicar hasta el último rincón del planeta, porque son más rentables la destrucción y la muerte que detener la máquina” (Subcomandante Insurgente Galeano)

Con fuerza redoblada si cabe tras el brutal impacto de la pandemia en curso, adquiere creciente predicamento en los últimos tiempos dentro del movimiento ecologista la tendencia “decrecentista”. Se trataría de focalizar las propuestas transformadoras del metabolismo socionatural en torno al concepto de “decrecimiento”, estableciendo un programa que incluiría el conjunto de “frenos de emergencia” acuciantemente necesarios para corregir el rumbo suicida de la sociedad capitalista y evitar la hecatombe que se avecina: atajar el flagelo del “ecocidio más genocidio” a través de la reducción radical de la producción y el consumo de masas, así como poniendo coto al desaforado expolio de las riquezas naturales. La abstrusa jerga “decrecentista” -desmaterializar, desmercantilizar, descomplejizar, destecnologizar, descentralizar, relocalizar, ruralizar, etc.- apunta pues a esa necesidad de reducción drástica del consumo energético-material en pos de una urgente adaptación a las capacidades biofísicas del planeta. La cuestión neurálgica residiría pues en cómo lograr esa imperiosa metamorfosis de la depredación del capital hacia un sistema social que “haga las paces” con la naturaleza.

A pesar del consenso abrumador existente en cuanto al diagnóstico -de hecho se trata de un escenario conocido ya desde, al menos, el famoso informe Meadows al Club de Roma de 1972 sobre los “límites del crecimiento”-, harina de otro costal es el contenido del ámbito propositivo. El historiador y destacado teórico anarquista Miquel Amorós resalta la falta de novedad del diagnóstico “decrecentista”: “En general, parten de los límites del proceso de acumulación ampliada (el ‘crecimiento’) y de su repercusión en el entorno, ya señalados en los años sesenta del siglo pasado por economistas críticos y por los primeros ecologistas”.

¿En qué consiste entonces la aportación original del contenido de las propuestas decrecentistas? ¿Dónde reside la pertinencia de acuñar un nuevo concepto y cuáles serían las prácticas sociopolíticas que se derivarían de su aplicación?

Si bien la enorme heterogeneidad del movimiento -que abarca desde la pléyade de ONG’s de corte ambientalista hasta figuras señeras del anarquismo patrio como Enric Duran o Carlos Taibo, pasando por los restos del movimiento antiglobalización ejemplificados en ATTAC e incluso algunos jirones insepultos del movimiento comunista- impide una conceptualización uniforme valga, como botón de muestra del núcleo duro decrecentista, la definición propuesta por uno de sus fundadores:

“Latouche, referente indiscutido del decrecimiento, lo define como una ‘revolución cultural que lleva a una refundación de la política’ lo cual implica ‘pasar de consumidores esclavos a ciudadanos responsables’”. Con este criterio, es lógico que la gran mayoría de las propuestas para decrecer -”decrecimiento o barbarie” es el provocativo slogan luxemburguiano popularizado por Latouche- aludan a cambios en las pautas de conducta individuales: sobriedad, austeridad, reevaluar (revisar los valores), reconceptualizar términos como riqueza y pobreza, reestructurar, relocalizar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar. El ecologista y escritor Luis González Reyes abunda en lo anterior: “Es decir, debemos autolimitarnos con un modelo de vida más austero. Sólo una disminución drástica del consumo en los países sobredesarrollados permitirá el moderado, pero necesario, aumento en los empobrecidos. Es decir: reducir, reutilizar y reciclar por este orden”.

La apelación a la contención individual, como si la demoledora apisonadora de la acumulación de capital pudiera detenerse mediante cambios, generalmente cosméticos, de los hábitos de consumo, asociada a una terminología -productivismo, sostenibilidad, cambio de modelo económico, redistribución de la riqueza- cuya finalidad es dejar de dar cuenta de las relaciones de explotación y difuminar la esencia irreformable del capitalismo desquiciado, conforman el carácter dulcificado de las propuestas decrecentistas. La cuestión central sería, en definitiva, tratar de esclarecer si el decrecimiento tiene algo realmente novedoso que aportar o sólo estamos ante la última reencarnación de la añeja ilusión reformista de meter en vereda a la “bestia” mediante laboriosos diseños de estrategias de contención que empero eluden la urgencia de desarrollar auténticas vías de colisión contra la depredación capitalista.

Podríamos plantearnos incluso la pertinencia del recurso al eje crecimiento-decrecimiento para describir la esencia de la acumulación de capital en su actual fase degenerativa: ¿Es el “crecimiento” un imperativo del capitalismo o se trataría más bien de un concepto postizo, no esencial, utilizado en la actualidad de forma abusiva por los “espadachines a sueldo” del capital para ocultar los rasgos esenciales de este modo de producción? ¿Realmente se trata del rasgo neurálgico de la acumulación de capital, cuya desactivación facilitaría la transición hacia una economía no depredadora de la naturaleza, o resulta más bien un epifenómeno superficial y una trampa tendida por el “enemigo” para impedir un análisis profundo de la matriz de rentabilidad del capitalismo degenerativo? En ese caso, ¿no parece más bien un error “comprar” el marco que instaura el falaz discurso del capital para tratar de instaurar una praxis alternativa?

Habría, dicho de una manera sumaria, dos críticas básicas hacia la elección del binomio crecimiento-decrecimiento como eje del análisis del capitalismo realmente existente y como base para la adopción de medidas correctoras del ecocidio. Por un lado, una objeción técnica -no existen parámetros o índices adecuados para medir el “crecimiento” económico- y, por otro, una objeción histórico-estructural -estamos ante un capitalismo, al menos en el Centro global, sin reproducción “saludable”, es decir, sin “crecimiento”, al menos en el último medio siglo-.

Para evaluar el desenfoque absoluto de las medidas estándar de la riqueza generada en la economía –simbolizadas en el Producto Interior Bruto, como fetiche del “crecimiento”, la obsesión de los mamporreros del capital en la política y en la pseudociencia económica– no hay más que prestar atención a un dato apabullante: el defectuoso radar del PIB no detecta las plusvalías generadas en los mercados financieros ni el descomunal «efecto riqueza» provocado por la revalorización especulativa de los activos inmobiliarios, dos de los pilares basales en los que se sustenta actualmente el sostenimiento de la precaria rentabilidad del capital. Verbigracia, el descomunal tamaño de los mercados de derivados -con los futuros de alimentos, fuentes de energía y materias primas en lugar destacado-, que representan aproximadamente diez veces el PIB global, la descomunal capitalización bursátil o el vertiginoso incremento de la deuda privada y de sus costes financieros asociados -el ritmo del crecimiento actual de la deuda global y del casino financiero quintuplica el de la producción de “cosas útiles para la gente”- no existen para las estadísticas oficiales de la macroeconomía ortodoxa. En resumen, el único crecimiento real y exponencial que se produce -más allá del brutal aumento de la desigualdad de rentas y de riqueza que presenciamos en nuestras “civilizadas” sociedades, que tampoco recoge en absoluto el PIB- en la actual fase rentista-financiarizada de la economía capitalista en las fortalezas primermundistas es el de los precios de los activos financiero-inmobiliarios, que es totalmente indetectable para los agregados macroeconómicos oficiales: los mercados bursátiles occidentales batieron, durante el periodo más dramático de la pandemia en curso, sus máximos históricos, mientras la actividad económica global estaba colapsando y el PIB de las principales economías batía récords negativos.

Es decir que, aparte de la completa omisión –denunciada por José Manuel Naredo, uno de los pioneros de la economía ecológica en la “piel de toro”- de los flujos energéticos, los daños ecológicos (denominados groseramente “externalidades” por la ortodoxia neoclásica) y el formidable consumo de recursos no renovables generado por la ciega acumulación capitalista, incluso en términos puramente monetarios, el PIB es un parámetro totalmente defectuoso para reflejar los nichos claves de la rentabilidad y las tendencias estructurales de la acumulación de capital en la fase neoliberal. Podríamos afirmar incluso que precisamente el decrecimiento del flujo de plusvalor extraído del trabajo vivo -la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, pilar basal de la formidable construcción marxiana- es el que explica el perfil agudamente depredador del capitalismo desquiciado: hace al menos medio siglo que no hay crecimiento “saludable” en el Centro capitalista, al menos en el sentido tradicional de los manuales de macroeconomía, sino degradación, regresión y aumento de la toxicidad de la acumulación de capital.

En las rotundas palabras de Andrés Piqueras: “Hoy vivimos en un capitalismo irreal, ficticio, moribundo, cuya economía aparenta que sigue funcionando porque vive asistida a través de la invención incesante de dinero de la nada y de una deuda creciente que está devorando toda la riqueza social y natural”.

Tras el final de los añorados “treinta gloriosos” y la subsiguiente reacción neoliberal en toda la línea, la atonía de la acumulación, las violentas sacudidas de las crisis y la formidable expansión del globo financiero conforman un escenario de “decrecimiento acelerado” de los dos flujos esenciales que permitirían una acumulación saludable: el flujo de trabajo vivo, agostado por la incorporación de nuevas tecnologías y por la proliferación de actividades improductivas provenientes de la denominada terciarización y, como resultado inevitable de lo anterior, las crecientes dificultades del sistema -la formidable explosión de la deuda global es la prueba irrebatible del “gripado” del motor de la acumulación- para mantener una rentabilidad adecuada. El overshoot, el choque de la maquinaria capitalista con los límites biofísicos del planeta, impacta por tanto en un organismo ya de por sí degenerativo agravando y retroalimentando las tendencias anteriores.

Las consecuencias del carácter crecientemente depredador de este capitalismo patológico -sobreexplotación del trabajo, incremento exponencial de la deuda y del globo financiero, que genera descomunales burbujas bursátiles e inmobiliarias, y crecimiento desorbitado de actividades rentistas e improductivas (verbigracia, el turismo como bomba ecológica)- son determinantes para conformar el desastre socio-natural en el que nos hallamos. En palabras del profesor y economista ecológico Giorgos Kallis :

“Un capitalismo sin crecimiento es posible, y es un capitalismo de rostro cruel y, de hecho, es como ha sido en muchos períodos y lugares: quiebras, desempleo, reducción de los niveles de vida, bienes comunes privatizados, desahucios y desigualdad creciente”.

José Manuel Naredo pone el dedo en la llaga acerca de la completa inadecuación del discurso del decrecimiento -más aun si pretendemos aplicarlo a los desheredados de la tierra- para describir el estado actual del sistema capitalista y construir un marco alternativo: “Se produce así una doble paradoja. Por una parte, que el mismo sistema que prometía múltiples parabienes asociados al crecimiento económico, nos viene ofreciendo con largueza el decrecimiento del empleo, de los salarios, de las ayudas sociales, de los derechos… y de los bienes y servicios públicos. Por otra, que cuando el sistema nos impone, de hecho, el decrecimiento, evidenciado su agotamiento y crisis, el movimiento ecologista abraza la palabra decrecimiento como propuesta”. A medida que avanza la degeneración del sistema, la putrefacción acelerada del capital, su destrucción se vuelve más urgente y la “ilusión gradualista” inscrita en el ADN del paradigma decrecentista resulta cada vez menos adecuada para apuntalar la necesidad perentoria de un cambio radical.

Tales premisas defectuosas en cuanto al objeto de análisis y al diagnóstico de la situación únicamente pueden desembocar en una estrategia político-cultural desnortada, enmarcada en una panoplia de propuestas plácidamente reformistas. El propio concepto de decrecimiento remite a procesos graduales, bien alejados del conflicto directo y de la lucha antidesarrollista y anticapitalista por la construcción de alternativas verdaderamente radicales que avancen hacia el ineludible horizonte de acabar con “esta civilización, esta economía y esta cultura”. Se mantiene por tanto prisionero de una problemática cuantitativa: producir y consumir “menos” y no “más”. En ningún caso se trataría de renunciar a los mercados, al dinero o a la explotación laboral sino de “controlar” la economía a través de la implicación personal y la supervisión democrática. El propio Naredo, a pesar de su expreso alejamiento del credo decrecentista, propone -además de una serie de reformas “blandas” del sistema centradas en desactivar el “globo financiero”, atajar la desaforada especulación financiera e inmobiliaria o acabar con los paraísos fiscales- un eslogan alternativo -”vivir mejor con menos”- que encaja como anillo al dedo en esta dulcificada amortiguación de los peores efectos del business as usual que caracteriza al credo decrecentista.

La descripción de Miquel Amorós de las falencias decrecentistas no por menos ácida deja de ser certera: “Como sus seguidores provienen de muy diversos sectores los métodos aplicados naturalmente divergen, pero todos oscilan entre la acción política ciudadanista y la construcción de un modelo económico ‘justo’ y por supuesto ‘sostenible’, hecho ‘a la medida de las personas y los ecosistemas’. Revolución y lucha de clases están excluidos del vocabulario decrecentista ‘reconceptualizado’. Nada de huelgas, ocupaciones, sabotajes, autodefensa, boicots y demás formas clásicas de resistencia. Todos los decrecentistas desean una ‘transición’ tranquila y serena hacia la sociedad ‘convivencial’. Estamos muy lejos de caminar hacia lo que en otra época se llamó socialismo o comunismo. Lo que se pretende es más sencillo: poner a dieta al capitalismo”.

El eclecticismo político del magma decrecentista –que vale tanto, como irónicamente dice Amorós, para un roto como para un descosido- queda palmariamente reflejado en esta, cuando menos curiosa, “declaración de principios”:

“Aunque haya defensores del decrecimiento que no hablen de lucha de clases, otros si lo hacemos, y casi todos abogamos por una sociedad sin desigualdades, poniendo mucho énfasis en la redistribución de los bienes y servicios. Algunos defendemos que eso se puede hacer en el marco del socialismo, del comunismo o del anarquismo y otros no se pronuncian sobre el particular”. Todo un dechado de concreción, qué duda cabe.

El binomio crecimiento-decrecimiento es, en definitiva, un punto de partida totalmente erróneo para constituir el eje de la crítica anticapitalista y de la construcción de alternativas reales al ecocidio rampante. Sólo la desactivación completa y de raíz de las entrañas de la bestia de un modo de producción depredador y ecocida abrirá el horizonte de las -hoy remotas- posibilidades de reconciliación de la especie humana con el malhadado entorno natural.

El estatismo ecosocialista: la falacia de las estrategias “duales”

Los que se reclaman herederos de la centenaria tradición del socialismo de inspiración marxista son especialmente críticos de la ambigüedad y pusilanimidad de las propuestas decrecentistas. John Bellamy Foster -autor de un extraordinario trabajo sobre los, escasos pero significativos, atisbos ecológicos de la obra de Marx- resume la posición dominante: “El decrecimiento, en la forma en que se presenta normalmente hoy, no puede ser el principal objetivo organizativo del movimiento ecosocialista, puesto que ni aborda la amenaza ecológica inmediata ni se compromete con la necesidad de un cambio estructural del sistema capitalista”. El filósofo Michael Löwy, coautor del “Manifiesto Ecosocialista Internacional”, abunda en la inconsistencia del programa decrecentista: “a) el concepto de decrecimiento es insuficiente para definir un programa alternativo; b) no aclara si el decrecimiento puede lograrse en el marco del capitalismo o no; c) no distingue entre actividades que es preciso reducir y las que hace falta desarrollar”.

Partiendo por tanto de una posición claramente anticapitalista, el ecosocialismo busca asimismo distanciarse drásticamente, no sólo de la malhadada distopía burocrática del socialismo real, furibundamente depredador de la naturaleza y opresor de las clases populares, sino también de la profunda raíz productivista de la tradición del socialismo de estirpe marxista: el desarrollo de las fuerzas productivas, como vía de superación del capitalismo a través de su progresiva socialización, ya no sería en absoluto, en el marco de la catástrofe ecológica en curso, un ingrediente de una visión radical pero temperada de la transformación social.

Jorge Riechmann, inspirado en los pioneros trabajos de su maestro, el filósofo marxista y luchador antifranquista Manuel Sacristán -suyo es el concepto de “fuerzas productivo-destructivas”, que incorpora el ecocidio, como un “nuevo problema”, en el paradigma marxista-, proporciona una definición del ecosocialismo: “Se trata de una reformulación antiproductivista de los idearios de izquierda que se hace cargo de los nuevos ‘desafíos civilizatorios’, señaladamente los problemas ecológicos”. Así pues, al ideal socialista basado en que el trabajo deje de ser una mercancía y la medida del valor, se añade el principio de sustentabilidad, de homeostasis y equilibrio con la naturaleza.

Sin embargo, en contraste con su vocación renovadora de la “casa de la izquierda”, centrada en otorgar prioridad a los problemas ecológicos abandonando el productivismo desarrollista del marxismo ortodoxo, el ecosocialismo mantiene incólume otro rasgo característico de la tradición del socialismo marxista heredero de las, hoy extintas o embalsamadas, Internacionales Socialista y Comunista: la creencia en la centralidad estratégica de la lucha por el control del Estado para avanzar hacia la transformación ecosocial. Adrián Almazán nos brinda una precisa caracterización del estatismo ecosocialista: “Casi todas las expresiones del ecosocialismo otorgan un papel estratégico determinante para el Estado: desde las visiones ecocomunistas-leninistas, que hacen del Estado el actor principal de la transformación socio-ecológica de las sociedades contemporáneas, hasta algunas de las teorizaciones más contemporáneas del pensamiento ecosocialista, como aquellas que se agrupan en torno a la idea de «ecosocialismo descalzo». Aunque éste se encuentre aún en proceso de construcción, casi todos/as sus teóricos/as comparten que el punto de partida estratégico de la transformación social es la necesidad de «estrategias duales», es decir, actuaciones estatales dirigidas y sustentadas en la existencia y la actividad de los movimientos sociales”.

La diferencia profunda entre el ecosocialismo y el planteamiento, típicamente reformista y keynesiano, de los apóstoles del Green New Deal, no reside por tanto en la común vocación estatista de ambos -si bien los ecosocialistas profesan un estatismo crítico y desconfiado, de “nariz tapada”- sino en la radicalidad de las medidas propuestas: los ecosocialistas niegan la posibilidad de regulación o reverdecimiento del capitalismo para reconvertirlo, a través de formidables inversiones estatales, hacia el uso masivo de tecnologías verdes no fosilistas que atenúen el ecocidio.

El propio Riechmann, principal acuñador del concepto de “ecosocialismo descalzo”, reproduciendo fielmente el tradicional menosprecio que el presunto “desprecio anarquista al poder” ha suscitado entre los herederos del gigante de Tréveris, defiende rotundamente la aspiración a la transformación del Estado burgués en favor de los intereses de las clases populares y de la contención del ecocidio: “Frente a la tentación de refugiarse en los márgenes, el ecosocialismo mantiene la lucha por la transformación del Estado (…) Es llamativa la coincidencia de esa propuesta de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido, con la tentación de una parte considerable de los movimientos alternativos indignados: organicémonos por nuestra cuenta al margen del Estado (si destruyen la sanidad pública, creemos cooperativas de salud autogestionadas, etc.). Frente a esa tentación, el ecosocialismo afirma: no renunciamos a la transformación del Estado, de manera que llegue a ser alguna vez de verdad social, democrático y de Derecho”. Cabría preguntarse, dicho sea de paso, si Riechmann incluiría, en esa “tentación de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido”, a los centenares de clínicas y farmacias autogestionadas creadas en toda Grecia “al margen del Estado” para atender a las decenas de miles de personas expulsadas del sistema público de salud por los criminales recortes impuestos por la Troika durante la infausta crisis de la deuda griega de hace una década.

Tal combinación de profesión de fe anticapitalista y confianza “agónica” en la herramienta estatal como actor imprescindible de la transformación social se refleja asimismo de forma paradigmática en el siguiente extracto del “Programa ecosocialista básico para hacer frente al vuelco climático”, elaborado por Daniel Tanuro:

-Expropiación (sin indemnización) y socialización de las grandes compañías energéticas, así como de las redes de distribución.

-El nuevo sistema energético basado en fuentes renovables ha de ser de titularidad pública.

-Pero ¿de dónde los recursos para esas cuantiosas inversiones? Expropiación y socialización de la banca y el sistema financiero.

-Gratuidad de los bienes básicos (agua, energía, movilidad), provistos por el sector público, hasta el nivel de satisfacción de necesidades humanas básicas determinado democráticamente.

Estatización, expropiación -¡nada menos que de la banca y el sistema financiero, peccata minuta!- y socialización desde arriba a través de la palanca legalista-institucional conforman el lenguaje tradicional del comunismo de estirpe marxista-leninista. Tal planteamiento no puede por menos de suscitar una mezcla de pasmo e incredulidad.

¿Resulta pertinente, en la actual coyuntura de extinción absoluta de las organizaciones revolucionarias del panorama político-social de nuestras democracias “avanzadas”, mantener contra viento y marea la ilusión de la posibilidad de la transformación radical del Estado burgués dotándolo de un contenido mínimamente ecosocialista? Y, aun más importante, ¿realmente existen, en la furibundamente neoliberal Europa de Maastricht y bajo la dictadura de la renta financiera y del poder en la sombra de los implacables mercados, herramientas reales en manos del Estado-nación para desarrollar políticas que rocen siquiera los intereses del gran capital, sea en el ámbito ecológico o en cualquier otro?

No parece que este sea el caso.

El Estado-nación de la fase languideciente del capitalismo iniciada hace medio siglo tiene como función primordial la de tratar de asegurar la maltrecha acumulación de capital pugnando por apuntalar los factores contrarrestantes de su creciente decadencia. Las crecientes dificultades de reproducción “saludable” del capital, resultado de la inexorable tendencia declinante de su rentabilidad, exigieron la adecuación estricta del papel del Estado a la función de potenciar al máximo las contratendencias –con la extraordinaria hipertrofia de la deuda, las burbujas de activos y el casino financiero en lugar destacado- que pudieran atenuar dicha declinación. De ahí la supeditación absoluta de los “títeres de los hemiciclos” a los designios de los sacrosantos “mercados” a través de los privatizados canales de financiación de los recursos públicos, controlados completamente por la banca central y comercial, las fábricas de dinero que condicionan decisivamente las políticas de las instituciones “soberanas”. En los certeros términos de Emilio Santiago Muiño, uno de los grandes adalides del Green New Deal en la “piel de toro”: “Toda la actividad estatal es mediada por el dinero, y el dinero no se puede generar arbitrariamente”. O, dicho de otro modo, “tal y como está diseñado y configurado el Estado-nación en nuestros días, la supuesta primacía de la esfera política está llamada a ser siempre el condottiero del dinero”. Por lo tanto, el precio a pagar para asegurar la completa adecuación de las políticas públicas a las apremiantes necesidades del capital en la fase neoliberal es la amputación de cuajo de cualquier ilusión de mantenimiento -como demuestra, entre otros muchos ejemplos, la triste historia de la “crisis del euro” de principios de la década pasada, que provocó los humillantes “rescates” de los PIGS y la aplicación subsiguiente manu militari del “austericidio”- de la “soberanía” fiscal o monetaria por parte de los Estados nacionales.

El Estado neoliberal carece por tanto totalmente de las herramientas necesarias para emprender, aun en el caso de que así lo pretendiera un gobierno realmente de izquierdas, políticas que erosionen mínimamente los intereses del capital financiero. La heroica aspiración de “no renunciar a la transformación del Estado para que sea de verdad social, democrático y de derecho” choca por tanto frontalmente con la evolución irreversible hacia la total subalternidad de la función estatal a la cuenta de resultados del gran capital fraguada en las cinco décadas de hegemonía neoliberal.

Sobran los ejemplos ilustrativos de cómo las palancas «técnicas», a través de las que el Estado podía atenuar levemente el embate del capital desembridado desarrollando políticas redistributivas de estirpe keynesiana, han sido cercenadas por la dictadura de la renta financiera aplicada con mano de hierro por los «mamporreros» ideológicos e institucionales de las entrañas de la bestia.

John Bellamy Foster describe el cepo al que someten los dueños de la fábrica de dinero y de las grandes corporaciones oligopólicas al Estado neoliberal: “Ahora la política fiscal y la monetaria están fuera del alcance de cualquier gobierno que se atreva a hacer algún cambio que afecte a los grandes intereses creados. Los Bancos Centrales se han transformado en entidades controladas por los Bancos Privados. Los Ministerios de Hacienda están atrapados por los límites de la deuda y las agencias reguladoras están en manos de los monopolios financieros y actúan en interés directo de las corporaciones”.

Tales “barrotes dorados” dejan inermes a las “orgullosas” democracias occidentales frente al voluble arbitrio de los todopoderosos mercados y de sus «espadachines a sueldo» en las organizaciones internacionales de la globalización capitalista, en una suerte de chantaje flagrante que implica, bajo la expresa amenaza de ruina fulminante -el drama desplegado durante el gobierno de Syriza en la primavera griega de 2015 es un ejemplo paradigmático-, el completo sometimiento a los dictados de los amos del dinero.

Las estrategias duales propugnadas por los ecosocialistas pecan por tanto de situarse fuera de la realidad sociopolítica vigente al ignorar la profunda metamorfosis sufrida por el Estado burgués en la fase degenerativa de la acumulación de capital que se inicia con la crisis de los años 70 y que da pie a la aplicación del talón de hierro de las políticas neoliberales.

El desolador panorama político-institucional imperante en las fortalezas occidentales, caracterizado por el ascenso vertiginoso del populismo zafio, la extraordinaria degradación del discurso y la pasmosa mediocridad de la llamada «clase política», es la contraprueba fehaciente del completo vaciamiento de los mecanismos reales para incidir, a través de las instituciones “soberanas”, en la mejora de las condiciones de vida de las clases subalternas.

Por todo lo anterior, de ningún modo estas demediadas instituciones pueden concebirse como ámbitos adecuados -ni siquiera desde un punto de vista defensivo- para la consecución de mayores cuotas de poder popular ni para el fortalecimiento de las organizaciones o colectivos de base. La amarga y reiterada decepción sufrida por los activistas sociales que albergan aún algún resto de esperanza en las posibilidades de avanzar hacia una auténtica “transición ecológica” a través de las políticas públicas es una prueba fehaciente de la inanidad de depositar esperanzas en la “lucha por la transformación del Estado”. Bien al contrario, lo que demuestra la experiencia reciente -el triste caso de Podemos y sus “confluencias”, sin ir más lejos- es que las organizaciones populares y los movimientos sociales -en el ecologismo abundan por desgracia los ejemplos históricos- tienen muchas posibilidades de ser fagocitados o neutralizados por el Estado y sus instituciones, incluyendo en ellas a todos aquellos “compañeros de viaje” que llegaron a los hemiciclos y a las poltronas supuestamente a caballo de las movilizaciones populares que los encumbraron y con el expreso objetivo de reforzarlas. Por lo tanto, quizás sean más “funcionales al desorden establecido” la excitación de vanas esperanzas transformadoras a través de las periclitadas vías institucionales y la legitimación que el refuerzo de ese falso pluralismo ofrece a los poderes fácticos y al circo mediático de la farsa partitocrática que la aspiración autogestionaria y la condición antiestatista del comunismo libertario.

El marxista heterodoxo John Holloway resume el carácter contraproducente del estatismo instrumental de “nariz tapada” profesado por la mayor parte de los ecosocialistas:

“Cualquier gobierno de este tipo implica una canalización de las aspiraciones y de las luchas dentro de conductos institucionales que necesariamente tienen que buscar la conciliación entre la rabia que estos movimientos expresan y la reproducción del capital (atrayendo inversión extranjera o de otra forma). Esto implica inevitablemente participar en la agresión que es el capital”.

La triste realidad es que la imposibilidad de lograr transformaciones de calado a través de las vías legal-institucionales sume en el desaliento -cuando no en el premioso burocratismo legalista que absorbe enormes energías con ínfimos y tardíos resultados- a las organizaciones y colectivos que no trascienden las lindes del enclave marcadas por las superestructuras del capital.

El historiador Miguel Mazzeo abunda asimismo en la esterilidad del “asalto a los cielos” institucional:

“No se puede construir un bloque social revolucionario desde el Estado, desde un ministerio, desde la gestión y las ‘políticas públicas’. Las concepciones ‘institucionalistas’, invocan en vano el concepto de poder popular, porque para ellas el sujeto histórico es el Estado. Ningún poder ejercido individualmente, del tipo ‘poder ciudadano’, merece el rótulo de poder popular. Solo el poder colectivo de los y las de abajo, un poder con proyecciones contra-hegemónicas, puede llamarse poder popular. No se construye poder popular con sujetos electorales, con sujetos beneficiarios de políticas públicas”.

Si el análisis anterior resulta mínimamente certero, la conclusión inevitable es que la defensa de la posibilidad de alcanzar cotas reales de transformaciones sociales radicales a través de las vías institucionales o de los constreñidos ámbitos de la farsa partitocrática es estéril y desmovilizadora y por tanto deletérea para la potenciación de los movimientos sociales y de las luchas populares desde abajo.

Ignorando esta lúgubre constatación, la defensa numantina de las estrategias duales, en un contexto de completa desaparición de las organizaciones revolucionarias del erial político de los países occidentales, genera la paradójica situación de que las más insignes figuras del ecosocialismo acaben participando -”cabalgando las contradicciones”, como expresaba el propio Pablo Iglesias- en opciones políticas -Podemos y la nebulosa de “los comunes” son los ejemplos paradigmáticos en la piel de toro- declaradamente reformistas y aceleradamente integradas en la gobernanza responsable.

Las justificaciones de la decisión son siempre variadas y creativas, si bien en todas ellas asoma un regusto de resignación vergonzante: la apelación al principio del “mal menor”, el “sin nosotros sería aún peor”; la defensa contra viento y marea de la posibilidad, más bien remota, de lograr microavances en ámbitos concretos; la necesidad de alzar un dique de contención ante el ascenso del populismo criptofascista o, last but not least, el socorrido recurso al “mientras tanto”, pretendiendo sustituir la falta de movilización social con la presencia, temporal y sacrificada, en los “puestos de mando”, conforman la panoplia de coartadas del asalto institucional. Sin embargo, las múltiples experiencias recientes demuestran que el remedio acaba siendo peor que la enfermedad y que la apuesta acaba teniendo efectos contraproducentes. El desengaño provocado por la tozuda imposibilidad de introducir transformaciones de calado -más aun en el ámbito ecológico, donde el choque con el poder económico es más frontal, que en los más plácidos terrenos de la cultural war– acaba generando desilusión y desmovilización a raudales -la rápida desactivación de la explosión de vitalidad y frescura que representó el 15-M es sin duda un triste botón de muestra- y contribuyendo a ahogar aquello que aún está en ciernes.

Frente al caduco proyecto político del marxismo ortodoxo, centrado en la aspiración a la toma del poder del Estado por parte del «Príncipe» del proletariado, cuyo pálido rescoldo sigue aún vigente en la farsa reformista representada por la abrumadora mayoría de las organizaciones herederas del fenecido movimiento comunista, el viejo y desprestigiado anarquismo antiestatista tuvo por tanto razón en su planteamiento esencial: el Estado burgués es, no sólo irreformable sino, sobre todo, un eficaz corruptor de los que pretenden asaltarlo.

Nos remitimos por último a las contundentes pero certeras palabras de Miquel Amorós contra la ilusión estatista: “Capital y Estado son las dos caras de la misma moneda. Salirse de uno y apartarse del otro vendría a ser lo mismo. Rechazar la dictadura de la economía mundializada implica necesariamente repudiar el sistema político parlamentario con el que esta se muestra y trata de legitimarse. El sistema no representa nada, ni a la democracia que proclama, ni al pueblo cuya delegación usurpa. Los hilos de la globalización mueven las marionetas del espectáculo político con el que se hipnotizan los pasivos ciudadanos”.

Las estrategias duales defendidas por los ecosocialistas acaban desembocando, en definitiva, en el arrinconamiento o la postergación definitiva de la perspectiva revolucionaria y en la supeditación de los movimientos sociales, supuestamente autónomos, a los ritmos, las servidumbres y la esterilidad de la apuesta legalista-institucional.

Y quizás no resulte demasiado aventurado conjeturar que otro sorprendente efecto colateral de esa frustración generada por la inanidad de la apuesta por “asaltar los suelos” de los hemiciclos y las poltronas gubernamentales sea la inusitada proliferación de propuestas de “balas de plata” y de soluciones mágicas a los gravísimos males ecológicos y sociales que brotan como hongos de las organizaciones ecologistas, incluso de las sedicentemente anticapitalistas.

Curanderismo económico: ¿puede usarse el dinero para cosas buenas?

De igual forma que los antiguos curanderos basaban su poder de sugestión en la pretensión de poseer la capacidad de sanar a sus crédulos pacientes con remedios mágicos o pseudocientíficos que obrarían el milagro de extirpar el mal del maltrecho organismo, proliferan en la actualidad, tanto en el movimiento ecologista como en otros movimientos sociales, los acérrimos creyentes en curas milagrosas que, correctamente administradas, mejorarían notablemente la salud del organismo social capitalista atajando de paso el formidable destrozo ambiental en curso.

El rasgo común a todas ellas es la creencia irreductible en la posibilidad de introducir modificaciones “quirúrgicas” en los engranajes de la maquinaria capitalista, a través de reformas fiscales y financieras que corregirían sus defectos neurálgicos y, por consiguiente, contribuirían a restaurar la justicia social y el metabolismo socionatural: “balas de plata” que desactivarán la tendencia destructiva del capitalismo desquiciado.

Una gran parte del movimiento ecologista se lanza con entusiasmo a la adopción de tales panaceas en pos de dotar de contenido concreto a sus programas de lucha contra el ecocidio. Comenzando, en lugar prominente, por los “reguladores” decrecentistas, pero continuando -lo que es más sorprendente- con gran parte de los ecosocialistas y, lo que es aún más llamativo, incluyendo asimismo a una parte nada despreciable del ecologismo social de estirpe anarquista, amplios grupos de activistas e intelectuales, profusamente apoyados por publicaciones, medios académicos y organizaciones sociales, defienden entusiásticamente una miríada de recetas fiscales y financieras en pos de atenuar el destrozo ambiental mediante mágicos “trucos de distribución” de la riqueza social.

La esencia de las variopintos trucos circulatorios referidos se podría resumir en la siguiente máxima: lo que necesitamos es más dinero, más dinero para masivas inversiones en la “transición verde”, para crear empleo público a mansalva o para dárselo a las legiones de excluidos del sistema, porque el dinero, el “objeto por excelencia”, el elemento material más importante de la vida social, puede usarse para cosas buenas. ¿Quién osaría ponerlo en duda?

Sobran los ejemplos. Desde los aguerridos adalides de la Teoría Monetaria Moderna, con su defensa incondicional del uso masivo de la palanca monetaria pública -según reza su Primer Mandamiento: ”el Estado, como emisor monopolista de su propia moneda, no tiene, en principio, ninguna restricción de gasto”- para generar pleno empleo y financiar las colosales inversiones del Green New Deal, que posibilitarían la “transición energética” hacia un escenario “todo renovable”, hasta los partidarios de prohibir la creación de deuda ex nihilo por parte de la banca comercial a través de la obligación de mantener un 100% de reservas, pasando por los curanderos fiscales que propugnan reformas tributarias “revolucionarias”, como el impuesto universal sobre la riqueza de Piketty o la prohibición de los paraísos fiscales, la panoplia de propuestas salvíficas que “salvarán al capitalismo de sí mismo”, desactivando asimismo la bomba del ecocidio, es casi inabarcable.

Herman Daly, pionero de la economía ecológica y acuñador del concepto de “economía de estado estacionario”, simboliza lo que podríamos denominar el curanderismo financiero, cuya esencia sería la pretensión de despojar a la banca privada de su poder de generación infinita de deuda sin respaldo real para extirpar el “tumor” de la especulación financiera que parasita el bendito “capitalismo del tendero” y alimenta la suicida vorágine del crecimiento exponencial del interés compuesto. En concreto, Daly propugna nada menos que la prohibición a la banca de crear deuda del “puro aire” -lo denomina el “truco del prestidigitador”- mediante la obligación de mantener un 100% de reservas sobre los depósitos de los clientes, en pos de desactivar la contradicción flagrante entre el crecimiento explosivo de la deuda a interés compuesto y la finitud de la riqueza real para, de este modo, “acabar con el desacople entre la economía real y la financiera”:

“Aunque la deuda pueda seguir la ley del interés compuesto, el ingreso de energía real a partir de la luz solar futura, el ingreso futuro real con respecto al cual la deuda es un derecho, no puede crecer a interés compuesto durante mucho tiempo”.

De este modo, como por ensalmo, el pilar basal en el que se sustenta el modo de producción y de inyección en los circuitos económicos del dinero moderno, a saber, la generación de enormes niveles de deuda -actualmente un 96% del dinero circulante es deuda creada “a golpe de tecla” por la banca- por parte de los bancos comerciales hacia las burbujas de activos financieros e inmobiliarios y el casino de las finanzas globales, quedaría fulminado por decreto. Los castillos de naipes de derivados, las titulizaciones de activos hipotecarios y demás entelequias que sostienen el formidable globo del casino financiero global, sostén esencial de la matriz de rentabilidad del capitalismo desquiciado, derribados de un plumazo. ¡Qué sencillo resulta refundar el capitalismo y extirpar de raíz su tendencia destructiva!

Pero si hubiera que destacar una medida estrella, diseñada para atenuar la violencia del sistema contra las clases populares amén de desactivar su dinámica depredadora de la naturaleza, y cuya transversalidad abarca una gran parte de las distintas sensibilidades dentro del magma ecologista, esta sería sin duda la renta básica universal.

La instauración por parte del Estado de una “asignación monetaria pública incondicional a toda la población” es el epítome de la ilusión paliativa de los curanderos económicos. En ella se fusionan los dos “vicios” descritos anteriormente. Estamos pues ante el símbolo por antonomasia de la aspiración de “poner a dieta” al capitalismo de los reguladores “decrecentistas” y de la firme creencia en el Estado benefactor de estirpe socialdemócrata.

¿No resulta de una sencillez apabullante y de un atractivo irresistible la posibilidad de garantizar a toda la población una renta vitalicia que le permita subvenir sus necesidades básicas, llevar una vida digna e incluso emanciparse de la servidumbre asalariada? ¿Quién podría resistirse a semejante panacea? ¿Estamos soñando despiertos o tales maravillas son realmente factibles?

El siguiente programa “decrecentista” conecta la necesaria reducción de “las dinámicas destructivas de producción y consumo” con la implantación del colchón amortiguador encarnado en la renta básica universal e incondicional:

“Plantearemos un ciclo ‘decrecentista’ a través de la redefinición del concepto de trabajo y riqueza basada en el reconocimiento y valor de las actividades no mercantiles, cooperativas y autónomas. En este sentido, vemos en una Renta Básica de Ciudadanía universal e incondicional no sólo una medida de lucha contra la pobreza, sino una herramienta de emancipación capaz de romper de manera efectiva las dinámicas de producción y consumo, abriendo el camino hacia una sociedad decrecentista”. 

El cordón umbilical que une el paradigma decrecentista con la renta básica sería por tanto la necesaria liberación del trabajo asalariado, justificada por la enorme destrucción de empleo que provocaría -amén de la ya de por sí elevada tasa de paro que caracteriza al terciarizado y digitalizado capitalismo del siglo XXI- la imperiosa reducción o eliminación de aquellas actividades incompatibles con la mínima preservación del metabolismo socionatural.

En un capitalismo catatónico, con un agudo incremento del paro crónico, de los sectores improductivos y de la obsolescencia acelerada de una miríada de actividades incompatibles con el mantenimiento de tasas de rentabilidad y productividad suficientes en la actual era de la “digitalización”, la liberación de la “servidumbre asalariada” que representa la obtención de un ingreso suficiente y garantizado podría ser por tanto el amortiguador perfecto que nos encaminara hacia una sociedad “homeostática”. El profesor y prolífico escritor anarquista Carlos Taibo resalta la pertinencia de la renta básica para “hacer frente a los problemas derivados de un programa decrecentista”:

“De manera más precisa, el decrecimiento reivindica la primacía de la vida social frente a la lógica de la producción, la competitividad y el consumo; el ocio creativo frente a las formas de ocio siempre vinculadas con el dinero y el consumo; el reparto del trabajo; el establecimiento de una renta básica de ciudadanía que permita hacer frente a los problemas innegables que se revelarán al calor de la aplicación de un programa de decrecimiento”.

También desde el ámbito libertario, el activista Enric Durán defiende incluso -en coherencia con el ingenuo antiestatismo proverbial del ciberanarquismo- la posibilidad de instauración de una renta básica basada en criptomonedas -otra de las utopías encantatorias favoritas de los curanderos de la moneda- que sustituyera a los “sistemas centrales burocráticos”:

Los sistemas monetarios descentralizados pueden ser la solución para generar sistemas de renta básica en el futuro; reducen mucho los costes de hacerla posible al sustituir sistemas centrales burocráticos por sistemas de democracia directa”.

Véase, como botón de muestra del idealismo que rezuman las “balas de plata” de los curanderos, la siguiente enumeración de las “irresistibles” ventajas de la renta básica para escapar de la “lógica” del mercado laboral:

“Permite escapar de la simple lógica del «mercado laboral» y rechazar cualquier trabajo no digno, no solidario (especialmente a nivel intra o intergeneracional), peligroso para la salud y/o el medio ambiente, etc; invierte la relación  de fuerzas entre empresa y trabajador y, tanto de manera individual como colectiva, supone un escudo de protección a la hora de reivindicar cambios y mejoras laborales”.

¡Qué maravilloso sería sin duda “invertir la relación de fuerzas entre empresa y trabajador” y revertir, por arte de birlibirloque, nada menos que el mecanismo básico de generación de la riqueza social en el reino de la mercancía: la explotación de la fuerza de trabajo!

Tal concepción del desempleo, como un asunto meramente técnico-político, resoluble en las probetas de laboratorio de los curanderos económicos y mediante decretos de la autoridad competente -que comparten por cierto los adalides de la Renta Básica con sus “archienemigos”, los defensores del pleno empleo a través del Trabajo Garantizado por el Estado de la Teoría Monetaria Moderna- está en las antípodas del planteamiento marxiano, la descripción más precisa de la dinámica explotadora y degenerativa del sistema de la mercancía: en la teoría de Marx, la desocupación -el “ejército industrial de reserva”- es generada de manera endógena por los ciclos recurrentes del sistema capitalista. Es decir, el desempleo es sistémico, sirve a un propósito fundamental en el curso de la acumulación -regular el precio de la fuerza de trabajo y aumentar la explotación laboral, como vía de superación de las crisis periódicas- y no se puede eliminar a discreción por un Estado benefactor.

Toda la tradición histórica del movimiento obrero y de las miríadas de luchas sociales contra la explotación acrecentada ejercida por el “enemigo de clase” se fundamenta sobre ese principio neurálgico sin el cual resulta incomprensible la evolución social y económica del capitalismo en los últimos dos siglos. Extirparlo de raíz -pretendiendo “escapar de la simple lógica del mercado laboral” mediante una renta monetaria incondicional que libere al trabajador del yugo del capital- representa por tanto el primer paso para desactivar la condena in toto del capitalismo abriendo el camino a los “arreglos de detalle” y a las reformas paliativas que corregirán los rasgos más inicuos del sistema encaminándonos hacia un capitalismo armonioso y dulcificado, que derramará sus dones sobre todo el cuerpo social amén de preservar el malhadado entorno natural.

El mito de la renta básica emerge por consiguiente como la coronación de este fútil intento de construcción de un capitalismo con «corazón», en busca del retorno del «genio malo» del capitalismo desquiciado a la botella donde lo encerrará el papá Estado al servicio del interés general. ¿Y ya puestos a pergeñar remedios salvíficos, no sería mucho más sencillo y rápido, dicho sea de paso, implantar la propuesta del mediático economista y exministro griego Yanis Varoufakis, ahora metido a constructor futurista de utopías sociales? Esta consistiría, ni más ni menos, que en abrir, con un mágico “golpe de tecla”, una cuenta a cada ciudadano ¡desde el nacimiento! en el Banco Central por una cantidad suficiente para subvenir sus necesidades básicas. En lugar de los gravosos aumentos impositivos, necesarios para la financiación de la Renta Básica, en este caso, el “árbol mágico de dinero” derramaría graciosamente sus dones sobre toda la población. Miel sobre hojuelas.

La metafísica idealista y la completa evacuación de las condiciones materiales de producción y del análisis riguroso de la historia reciente del capitalismo, implícitas en tales invocaciones a los «anhelos de vida buena», pueden llevar a enajenaciones ideológicas como la que emana de la extravagante proclama de Daniel Raventós, uno de los mayores gurúes españoles de la renta básica:

“Lo escribiré de forma lapidaria y más adelante lo argumentaré con algún detalle: la Renta Básica no es una propuesta ni de izquierdas ni de derechas (…) La propuesta de la RB tiene vocación ecuménica [sic]. Que la RB puede ser justificada desde idearios normativos de derechas o de izquierdas me parece algo ya tan demostrado que casi resulta tedioso volver a insistir”.

Ciertamente, justo es reconocer que algunos de sus adalides no caen en fantasías tan desnortadas y reconocen la condición de cataplasma de un remiendo semejante que no trasciende en absoluto los estrechos márgenes del reino del capital: “Una sociedad con Renta Básica no dejaría de ser, ciertamente, una sociedad capitalista. Pero se acercaría más a una sociedad mejor porque la erradicación de la pobreza dejaría de ser un objetivo –siempre presente en los objetivos de las burocracias internacionales- para ser una realidad disruptiva”.

La cuestión decisiva a plantearse sería por tanto la siguiente: ¿resulta útil, para avanzar en la imperiosa necesidad de una transformación social radical encaminada a atajar el ecocidio, el diseño de quiméricas propuestas reformistas de ingeniería fiscal o financiera que pretendan, en el mejor de los casos, promover el avance hacia un idealizado capitalismo bonancible y redistributivo donde la pobreza fuera sólo “una realidad disruptiva”?

Las prescripciones de las distintas escuelas de curanderos, a pesar de la multiplicidad de sus formulaciones, comparten un rasgo esencial: hacer abstracción de la lógica interna del funcionamiento del capitalismo realmente existente y de las funciones reales y las formas de generación e inyección en la actividad económica del dinero en la actual fase neoliberal. La pobreza, el desempleo, la aguda desigualdad y por supuesto el expolio criminal de la naturaleza no son aspectos aislables de la acerba realidad, que se puedan corregir por tanto a discreción, con la buena voluntad de los gestores del bien público, a través de recetas mágicas diseñadas ad hoc, sino rasgos consustanciales a la acumulación de capital en su fase degenerativa. Tal concepción idealista implica, como describe el economista marxista, recientemente fallecido, Michel Husson una enorme “marcha atrás” respecto de la tradición revolucionaria y materialista del movimiento obrero y del pensamiento socialista:

“Los defensores del ingreso universal proponen a las ‘multitudes’ dar marcha atrás, instaurando una renta monetaria e individualizada, y esta perspectiva sustituye de hecho a la movilización por una reducción radical del tiempo de trabajo mediante la transformación de las relaciones de producción en un sentido socialista. A estas aproximaciones teóricas se añade una orientación estratégica cuyo efecto es dejar de dar cuenta de la centralidad de las relaciones de explotación”.

Haciendo abstracción de la lógica interna del capitalismo, los curanderos llegan por tanto a soluciones taumatúrgicas que ignoran las estructuras profundas de las relaciones socioeconómicas y la agudización de las dificultades de la reproducción del capital en las décadas recientes. Con el agravante de la extensión masiva del campo de la mercancía y del elemento pecuniario que implica proponer una renta universal e incondicional en forma monetaria. La concepción implícita en tales recetas de que el dinero puede usarse para cosas buenas a través de los “trucos circulatorios” revela una completa incomprensión de las funciones y de la forma de generación e inyección en el circuito monetario capitalista del dinero moderno. El dinero, la encarnación del poder social y del conflicto de clases deviene, en las recetas de los curanderos, una herramienta técnica, aséptica, cuyo modo de producción y distribución habría únicamente que arreglar para alcanzar un funcionamiento óptimo que corrigiera eficazmente el comportamiento tóxico del motor de la acumulación de capital para que derramara sus dones sobre las capas más desfavorecidas. Quitémosle pues al dinero de los curanderos su «bendita» inocencia e integrémoslo en la argamasa de la matriz del proceso de reproducción ampliada del capital, en su pugna continua por extraer el máximo flujo del trabajo vivo: «El dinero es, por lo tanto, el único medio de que dispone la sociedad capitalista para validar el trabajo social y viabilizar la reproducción del capital». Se trata, en definitiva, de la herramienta par excellence a través de la que se ejerce el poder social.

Resulta pueril por consiguiente creer que su generación y distribución, totalmente privatizadas actualmente en manos de la banca comercial y enfocadas hacia la tóxica matriz de rentabilidad financiarizada del capitalismo patológico, se pueden poner al servicio de las mayorías sociales a través de las funciones redistributivas del Estado -despojado, por cierto, de cualquier rastro de autonomía financiera y sometido a los implacables designios del talón de hierro de los mercados financieros globales-, máxime si ello redunda en un perjuicio para las acuciantes exigencias de la valorización del capital. La omisión absoluta de estas decisivas cuestiones sitúa a las propuestas de los curanderos fuera de la realidad del capitalismo realmente existente.

¿Cuál es, en definitiva, la razón del aparente éxito de tales recetarios entre amplios sectores -incluidos los supuestamente anticapitalistas- del movimiento ecologista y de una pléyade numerosa de organizaciones y colectivos sociales?

Como explica Michel Husson, quizás el hecho de vivir “un periodo de pesadilla”, de derrotas y de pérdida de vigencia de los proyectos “holísticos” realmente transformadores, explique la proliferación de estas “utopías encantatorias”:

“De forma general, el éxito de estos proyectos se explica sin duda por las coordenadas de un período bastante de pesadilla. Parecen representar atajos que permiten sortear los obstáculos y pasar de nuevo a la ofensiva (…) Estas utopías encantatorias no son solamente estériles: son también, desgraciadamente, obstáculos a la construcción de una estrategia alternativa encarnada en la realidad de las relaciones sociales”.

Vayamos pues más allá de los estériles y desmovilizadores atajos de los curanderos y tratemos de recuperar las prácticas y los planteamientos verdaderamente alternativos que nos permitan desarrollar ámbitos de lucha y de resistencia contra la barbarie del capital alejados de los remedios taumatúrgicos, de la delegación legalista-institucional y de la ilusión de los reguladores de poner a dieta al capitalismo, cada vez más atiborrado de capacidad de destrucción y de expolio y, por lo tanto, cada vez más irreformable.

En el fondo quizás encierre mucha más sabiduría, para la construcción de prácticas realmente transformadoras -y asimismo profundamente ecológicas-, el mensaje que se extrae de la siguiente lección impartida en una Escuelita Zapatista del sureste mejicano. La anécdota la relata Jérôme Baschet, autor del iluminador texto «Adiós al capitalismo»: «Durante una de las sesiones de la Escuelita zapatista, una maestra se paró en medio de su explicación y presentó dos bolsas, una con monedas y otra con maíz. La conclusión de la lección fue: el maíz es vida y el dinero muerte». El dinero no puede por tanto usarse para cosas buenas ya que, como decía el sabio polígrafo anarquista Agustín García Calvo: “el enemigo está inscrito en la forma misma de sus armas”.

Comunismo o catástrofe

“El comunismo es, en definitiva, el único plan viable para la especie” (John Holloway)

“No hay una tercera alternativa. O la frugalidad igualitaria o la barbarie desencadenada, la violencia totalitaria, la guerra global, la devastación mortífera. Comunismo o extinción” (Franco “Bifo” Berardi)

Entre los días 28 de julio y 1 de agosto de 2021 tendrá lugar en la ZAD de Notre Dame des Landes -un extenso territorio autónomo y autogestionado en el noroeste de Francia, ocupado inicialmente como vía de resistencia a la construcción de un aeropuerto- el “Encuentro Intergaláctico en relación con la invasión zapatista”.

El estrambótico título sirve de marco a unas jornadas de “celebración y de reflexión” acerca de la visita -denominada, en clara profesión de fe ecologista e internacionalista, ”La Travesía por la Vida”- de una delegación del EZLN a la vieja Europa. Sin duda las dos experiencias tienen muchas cosas en común. En ambos casos se trata de colectivos que luchan contra la depredación del territorio, que caracteriza a los “megaproyectos” patrocinados por el capital y el “mal gobierno”, mediante proyectos de construcción de autonomía y de desarrollo de nuevas prácticas de convivencia y de relación armónica con la naturaleza.

La experiencia de la autonomía zapatista, vigente desde el levantamiento armado de 1994 en las montañas del sureste mejicano, representa sin duda un ejemplo inspirador de resistencia frente al despojo de las riquezas naturales perpetrado por el capitalismo depredador y de construcción paralela de una organización comunal autogestionada que trata de desarrollarse, contra viento y marea, en las antípodas de las reglas impuestas por los dueños del poder y del dinero.

Si bien son perfectamente conscientes de los límites que la acerba realidad sistémica capitalista impone hoy en día a su autonomía, los zapatistas han avanzado en la construcción de relaciones sociales en armonía con la naturaleza -sirva de botón de muestra la abundante y totalmente ecológica producción agrícola autóctona- que dejen de pasar, en lo esencial, por el dinero y el trabajo asalariado. Como refiere Baschet: “La autonomía zapatista, en lo que se refiere a la educación, la salud, la justicia y las instancias de gobierno, ha logrado avances impresionantes sin recurrir a la forma-salario y de manera ampliamente desmonetizada”.

Los resultados pueden resultar asombrosos. En una visita a las comunidades -denominadas con el bello nombre de ”caracoles”- zapatistas, el escritor John Berger mostró un decidido interés en visitar la clínica del caracol Oventic: laboratorios, farmacia, consultorio de ginecología y dormitorios. La encontró limpia, sencilla, modestamente equipada, en servicio. “Nada es más conmovedor que esto” dijo.

El zapatismo no se hace por supuesto ilusiones respecto a las posibilidades de arreglar el capitalismo ni mucho menos de esperar nada de los cambios que vengan desde arriba, desde el “mal gobierno”. Miquel Amorós resume la esencia del ideario zapatista: “Como bien decís, es imposible reformar el capitalismo, hacerlo menos inhumano: hay que destruirlo. El aparato estatal con el que se reconfigura es inservible, hay que dejarlo desmoronarse. La vida no puede fertilizar la tierra con plusvalías, ni la sociedad fomentar la autonomía de sus miembros con decretos gubernamentales o subvenciones”.

¿Resulta extrapolable una experiencia semejante a nuestras hipertecnificadas e hipercomplejas fortalezas occidentales o se trata de un reducto de resistencia condenado a la irrelevancia y a no desbordar las “lindes del enclave”?

La vocación internacionalista y ecologista de los zapatistas, plasmada en su “Travesía por la Vida” y en su encuentro en la “Zona a Defender” y asimismo con otros centenares de colectivos y organizaciones anticapitalistas en el marco de su “invasión” europea, encierra la explícita pretensión de extenderse o al menos de conectar con otras luchas populares en las fortalezas primermundistas.

Por fortuna no faltan los ejemplos.

“Tenemos tan integrados y asumidos ciertos valores capitalistas que no nos damos cuenta del absurdo que supone tener una lavadora en cada casa”. La rotunda afirmación corresponde a Unai, vecino del barrio okupado vitoriano de Errekaleor, una de las comunidades autogestionadas más importantes del país. “Errekaleor bizirik” (‘Errekaleor vivo’) representa un magnífico ejemplo en curso de experiencia anticapitalista y ecologista, fundamentada en relaciones de apoyo mutuo y solidaridad desde abajo: ”Vamos a dar un paso más y a prescindir de ciertos servicios en las viviendas como cocinas eléctricas, lavadoras, frigoríficos… para tenerlos en zonas comunes”, explica otra vecina de Errekaleor.

Después de un intento de acabar con el proyecto autogestionario de Errekaleor, por parte de la administración y la megaempresa eléctrica, cortando el suministro de luz al barrio, los ocupantes decidieron avanzar asimismo hacia la autosuficiencia y la drástica reducción del consumo energético instalando paneles solares. El éxito fue rotundo: “El movimiento defiende el autoabastecimiento y el uso de energías 100% renovables: Poniendo en duda el modelo energético y la propiedad privada de la energía, hemos dado el salto a un modelo de barrio soberano y feminista, así como colectivizado la propiedad de la energía”.

Tales “grietas” en el muro del capital, por mínimas y precarias que sean, muestran que, frente al derrotismo y al desaliento, herederos de la derrota y la práctica desaparición del movimiento obrero occidental, y frente al idealismo estéril de los atajos de los curanderos, existen vías de expansión y profundización, “en la correosa textura de la dominación capitalista”, de lo que John Holloway denomina “comunizares”:

“Tenemos que romper por tanto el espinazo de la dinámica destructiva del capital, pero el modo de hacerlo no es proyectando el comunismo en el futuro, en la escatológica creencia en una revolución salvífica, sino reconociendo, creando, expandiendo y multiplicando los “comunizares”, las grietas en la correosa textura de la dominación capitalista y fomentando su confluencia”.

Sin embargo, como alerta Miquel Amorós, tales cuñas intersticiales en el universo de la mercancía no dejan de ser medios para un fin, limitados atisbos de autogestión y autonomía que necesitarían, para trascender las lindes del enclave, extenderse a un número significativo de ámbitos ahora colonizados totalmente por el reino del capital: “De ningún modo las aludidas realizaciones podrían constituir por sí mismas, dentro de la sociedad capitalista con la que cohabitan, otra cosa que ensayos muy limitados de autogestión a escala ínfima. El error garrafal sería considerarlas fines en sí y no medios para un fin, tal como hace la economía social. No son objetivos únicos, totalmente desligados de los conflictos sociales, sino armas para intervenir en éstos. Sin embargo, para trascender las lindes del enclave, o sea, para generalizarse, haría falta pasar a la ofensiva, invadir a gran escala el espacio dominado por el capital. Sería necesaria una verdadera revolución”.

Lo cierto es que produce vértigo siquiera imaginar, ante la apremiante emergencia del ecocidio y del acelerado deterioro de las condiciones mínimas para una vida buena en un planeta habitable, las ingentes y urgentísimas transformaciones necesarias y los formidables obstáculos que se elevan para poder llegar a “invadir a gran escala el espacio dominado por el capital” a través de un proyecto revolucionario; para dejar de ser, en las bellas palabras de Manuel Sacristán, la especie de la hybris, del pecado original, de la soberbia, la especie exagerada”.

Pero sin duda la recompensa compensaría todos los desvelos y sacrificios.

¿Somos capaces siquiera de concebir la drástica reducción en el consumo de materiales y de recursos naturales y la transformación radical de la vida cotidiana que producirían la eliminación de las actividades ecocidas y superfluas que caracterizan al capitalismo desquiciado? Sin la industria militar genocida ni la inmensa mayoría de los medios de transporte fosilistas; eliminando la mayor parte del turismo de masas, con todos los megaproyectos e infraestructuras que conlleva, así como las, ferozmente depredadoras, agricultura y ganadería intensivas, culpables directas de la pandemia en curso; suprimiendo la masiva publicidad engañosa y el sinfín de duplicidades y procesos despilfarradores, en lugar muy destacado todos los absurdos e ineficientes aparatos burocráticos estatales y paraestatales de vigilancia y seguridad que copan crecientes recursos de las gigantescas administraciones y, por supuesto, como expresaba la bella utopía zapatista, aspirando a una existencia sin dinero ni sistema financiero. Sin todo lo anterior y tantas otras fruslerías y cachivaches superfluos que pueblan el reino de la mercancía, ¿no resulta evidente la sobrada suficiencia de los recursos y dones de la sufrida naturaleza para subvenir lo necesario para una vida buena en el tercer planeta del sistema solar? Qué duda puede caber acerca de que la eliminación de todas aquellas actividades nocivas o no universalizables (“El socialismo puede llegar sólo en bicicleta”, como reza el bello título del libro de Jorge Riechmann), que únicamente sirven al Dinero y al Capital y van en detrimento de cualquier noción temperada de progreso humano en un planeta habitable, permitiría adaptarnos sobradamente a la necesaria reducción drástica del consumo de energía y materiales exigida por la preservación del metabolismo socionatural. En las inspiradoras palabras de Murray Bookchin: “Liberados de las rutinas opresivas, de las represiones e inseguridades paralizantes, de la carga del trabajo pesado y de las falsas necesidades, de las trabas que suponen la autoridad y la compulsión irracional, los individuos podrán finalmente estar en posición, por primera vez en la historia, de realizar plenamente sus potencialidades como miembros de la comunidad humana y del mundo natural”. No se trata por tanto de un desabrido empobrecimiento, como se desprende de algunos idearios “decrecentistas”, sino de rescatar la riqueza real de las potencialidades humanas en una “sociedad de la abundancia” fuera del universo mercantil.

De este modo se alcanzaría la utopía “homeostática” expresada en el programa ecosocialista. El trabajo dejaría de ser la medida del valor cuando la productividad del trabajo humano haya superado la restricción material de la escasez de recursos naturales mediante una organización social racional basada en la máxima marxiana acerca de la regulación armoniosa de las “capacidades y las necesidades humanas”. De ahí se sigue que, si no hay necesidad de medir el valor generado por el trabajo para regular la escasez y la riqueza “abundante” se distribuye de forma comunitaria, el dinero deviene asimismo superfluo. Como dice John Holloway: “Sólo rechazando el dominio del dinero podríamos avanzar hacia un escenario compatible con la supervivencia de los humanos”.

El filósofo marxista István Mészáros proporciona una iluminadora descripción de la “sociedad de la abundancia”: “La realización verdadera de la sociedad de la abundancia requiere la reorientación del proceso reproductivo social de tal modo que los bienes y servicios comunalmente producidos puedan ser plenamente compartidos – y no desperdiciados de modo individualista – por todos aquellos que participan de la producción y el consumo directamente sociales (…) No obstante, aunque la plena realización de esa visión -que postula la necesidad de una transformación global- tardará un tiempo muy largo para ocurrir, los pasos prácticos necesarios para avanzar pueden ser dados (en el “aquí” y “ahora”) por cualquier sociedad, incluso en una situación relativamente limitada, sin esperar a la reversión radical de las relaciones de poder existentes entre el capital y el trabajo a escala global”.

Quizás la enseñanza principal que podría extraerse del desarrollo anterior acerca de los objetivos y las estrategias del ecologismo “que va en serio” sería una lección de humildad: la necesidad de supeditar sus demandas a la virtualidad de una transformación social radical basada en el reconocimiento de que el correcto metabolismo ecológico sólo se alcanzará en una sociedad racional. En la rotunda formulación de Manuel Sacristán: “La sociedad socialista queda así caracterizada como aquella que establece la viabilidad ecológica de la especie”.

Los “vicios” someramente reseñados son por tanto la prueba fehaciente de la urgencia de un ecologismo verdaderamente radical, que parta humildemente de la prioridad de la lucha contra el reino del capital como conditio sine qua non para la obtención de una regulación armoniosa del metabolismo socionatural. Al haberse desarrollado principalmente en el contexto histórico de la derrota del movimiento obrero, la desaparición de las organizaciones de clase y la reclusión minoritaria de los colectivos libertarios, las organizaciones ecologistas se han visto masivamente fagocitadas por la ola reformista imperante. El desafío es pues colosal: extraer la conclusión lógica del diagnóstico condenatorio de las posibilidades de una vida buena en un planeta habitable bajo el capitalismo desquiciado exigiría una drástica transformación de las estrategias ecologistas en un sentido profundamente anticapitalista y antiestatista que no se deje embaucar por los cantos de sirena de las ilusiones reguladoras “decrecentistas” ni por la reclusión autorreferencial de los movimientos de un solo asunto. La posición para lograrlo es, a pesar de todo, privilegiada: el ecologismo que “va en serio” aúna la urgencia perentoria de la transformación radical de la vida cotidiana con la apremiante exigencia política de la destrucción del sistema social ecocida basado en la depredación de la naturaleza y en la explotación del trabajo humano.

En caso contrario, como describe Anselm Jappe, las implicaciones del progresivo desquiciamiento del sistema de la mercancía pondrán a la especie humana y a su crucificado planeta ante una perspectiva catastrófica: “Lo que se avecina tiene más bien el aspecto de una barbarie a fuego lento, un sálvese quien pueda. Antes que el gran crash, podemos esperar una espiral que descienda hasta el infinito, una demora perpetua que nos dé tiempo para acostumbrarnos a ella como en la fábula de la rana y el agua caliente. Seguramente asistiremos a una espectacular difusión del arte de sobrevivir de mil maneras y de adaptarse a todo, antes que a un vasto movimiento de reflexión y de solidaridad, en el que todos dejen a un lado sus intereses personales, olviden los aspectos negativos de su socialización y construyan juntos una sociedad más humana”.

Ojalá se equivoque.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2021/07/27/los-vicios-del-ecologismo/