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¡Warak'azo! es una revista de noticias, artículos periodísticos y literarios que tiene como objetivos, difundir temas de Bolivia, Latinoamérica y del mundo. Al mismo tiempo, dar a conocer las actividades de las organizaciones indígenas.

domingo, agosto 27, 2006

SENTIRSE DINOSAURIO




GASTÓN CORNEJO BASCOPÉ

COCHABAMBA, DE AGOSTO DEL 2006
Se encontraron más huellas de dinosaurios en Sucre y se abrió a la cultura el Parque Cretácico en la ciudad blanca. Realmente, resulta espectacular la visita a tales rastros de nuestros antepasados, antiquísimos, de 70 años a 90 millones de años en la escala evolutiva de la filogenia milagrosa en el planeta Tierra. Un experimento primario de la Madre Naturaleza y del Dios creador en este rincón alejado del sistema solar, apenas un apéndice de la pequeña estrella que nos gobierna en la Vía Láctea, miserable galaxia en el enorme, gigantesco y eterno universo.

Lo extraordinario es que, antes de la extinción dinosáurica total, por alguna convulsión planetaria que dio fin a la vida macroscópica de estos hermosos ejemplares, ya había en ellos un esbozo neuronal y posiblemente un cerebro en ciernes, el milagro de la conciencia animal primitiva pero en concreta realidad biológica. Fue el inicio de la evolución ordenada por Dios, dirigida milagrosamente hacia el animal superior, el Hombre y la Mujer humanizados, dotados de telencéfalo, dos cumbres científicas extraordinarias, mitad Calibán, mitad Ariel, mitad maldad, mitad ternura y sentimientos.

Lo extraordinario del evento conduce necesariamente a la reflexión, a la meditación sobre nuestra dimensión temporal; cuan pequeño es nuestro ciclo vital, apenas 60 años promedio, y en Bolivia mucho menos aún gracias al subdesarrollo capitalista neoliberal. Estos seres vivieron hacen tantos siglos, en el tiempo del Cretáceo, y nosotros orgullosos, nos jactamos de ser cuasi dioses cuando en verdad apenas hacemos presencia en una insignificancia de tiempo entre los dedos de Cronos, el temible dios del tiempo.

Cuando tuve la oportunidad de colocar mi diestra asentada al interior de una huella, apenas ocupaba una fracción muy pequeña. La gran pisada tenía por distintivo una garra central, por tanto era carnívoro, posiblemente el Gran Rex. Me sentí ser tan pequeño a pesar de la gran dignidad que me habita por ser persona, hijo del creador, hermano menor de las familias humanas, el más humilde, como quiero ser, entre todos los humildes de mi patria.

Se identificaron más de 5000 huellas de diferentes tipos de dinosaurios, ornitópodos, anquilosaurios, titanosaurios, prehistóricos en el farallón del Cal Orck´o y áreas vecinas, en capas calizas distintas. Lastimosamente, un empresario progresista del cemento, ordena el beneficio mercantil y en la incontrolada explotación transporta en vehículos pesados la materia prima, pasan y pasan muy próximos a los hermosos vestigios sin importar la cultura ni el patrimonio científico, en pos de réditos y réditos, sacudiendo en cada paso de las enormes orugas, la tierra y la inmediatez de la plataforma elevada, caen fragmentos de las huellas petrificadas. Todo este desarrollismo industrial al servicio de un empresario político del siglo XXI, aquel que ordenó a sus adeptos trabar la nacionalización de hidrocarburos hoy rescatados por el pueblo de Bolivia, obstaculizar la ley de la Revolución Agraria favoreciendo a los grandes terratenientes del Oriente, censurar al mejor ministro en el Senado e introducir un Recurso contra el decreto supremo en el Tribunal Constitucional.

Ya se inauguró el Parque con las figuras hieráticas, hambrientas y guturales de 26 tipos de dinosaurios dispersos. En la amplia explanada se observa las pisadas de una madre mamut acompañando a su pequeña creía. En otros lugares es visible por las huellas la violencia, son audibles los aullidos de las bestias, se imagina la batalla, la contienda, los gritos desaforados y salvajes reciclados por las ondas; mordidas incongruentes y dentelladas sangrientas… totalmente similares a los actuales gestos de nuestra política con traspiés, zancadillas traicioneras, travesuras ordenadas en consignas de ignominia, servidumbre de serviles a serpientes extranjeras.

PENSARSE DINOSAURIO

Cuando camino cansino o detengo el paso en alguna senda breve, me es dable reflexionar con pensamiento socrático y, entonces me siento un dinosaurio antiguo.

Creí a ciencia cierta que la política era un arte, el arte del buen gobierno, mas había sido una pelea con artimañas y engaños.

Para la generalidad de este tiempo postmoderno, el ser humano es simplemente un objeto, es un medio, un instrumento, no es el fin sagrado del ideario de humanismo, de la bondad desde Cristo, Tomás Moro, Albert Schweitzer o Teresa de Calcuta.

El ideario que soñamos, a la luz de la dialéctica científica y el progreso espiritual demandado en cada uno de nosotros por los hados celestiales, está inserto en el programa del socialismo político que ordena: inclusión, justicia social, derechos humanos, equidad, respeto irrestricto al medio ambiente, integración nacional, continental y universal de todas las sociedades y culturas, clases sociales y étnias, whipala multicolor para escuchar, dialogar y comprender el disenso enriquecedor de todos los pensamientos laterales y divergentes en pos de lograr la síntesis superior, la solidaridad, la racionalidad, la bondad, en el debate de las ideas del cambio.

Todo ello, qué lejos y qué apartado se encuentra en el tiempo actual cultivador de la muerte, mundo pletórico de violencias y de armamentos, de genocidios y racismos, de iglesias multiplicadas con éxito relativo, de bolsas en Nueva York que inscriben los recursos de nuestro países pobres, adueñados por petroleras voraces dinosáuricas. Y lo peor, lo reciente: la piratería del genoma por grandes universidades para robarnos el alma y el idioma del prodigioso ADN de nuestros pueblos ingenuos.

DINOSAURIO HISTÓRICO.

Sí, a veces me siento dinosaurio y no me avergüenzo por ello, cuando percibo que en la conciencia de nuestro nación ya se borró de la clásica memoria, los episodios heroicos: los caídos en el Alto de la Alianza, en el Acre, en el gran Chaco, en los campos de tortura, en Curahuara, en la Casa de San Román. Se olvidaron los crímenes, las masacres de San Juan, de Siglo XX, de la Calle Harrington. Los muertos y desaparecidos del Plan Cóndor de los siniestros gobiernos de Bánzer, de Pinochet, Natush Busch, García Meza y casi, casi se olvida la muerte de cien mineros, las heridas de otros tantos ciudadanos decididos por la patria en El Alto, en la contienda social por defender la heredad.

A propósito, en estos días de lamentable censura al ministro Andrés Soliz, emergieron episodios perdidos en la bruma del pasado mas fáciles de recordar: el “Corral de Villamontes”. El contrabando de petróleo por la Stándar Oil al Paraguay. El sacrificio feroz del Presidente Villarroel, por la Rosca minera de entonces. La “capitalización” organizada por Víctor Paz y Gonzalo Sánchez Lozada. Los contratos ilegales, el rodillo en el Parlamento enajenante de bienes. El Proyecto Pacific LNG de Jorge Quiroga Ramírez. El contrabando de gas y petróleo por la Andina, Repsol y Petrobras. El engaño explotador y abusivo de todas las petroleras.

Recordando en positivo personajes, figuras nobles de la dignidad boliviana como Carlos Salamanca Figueroa, Marcelo Quiroga Santa Cruz, el Padre Espinal, mi sobrino escritor y rebelde René Bascopé Aspiazu. Enriqueciendo mi alforja de noblezas, las lecciones del padre espiritual Alberto Cornejo Soliz en directivas de grandeza política, de ensoñaciones sublimes en la ternura de Lily Cornejo, el trágico sacrificio del médico artista don Mariano Morales Dávila.

AÑORANZAS.

Y qué lejos, el tiempo de los pantalones cortos, de los boleros bailados rostro a rostro,

de las lecturas sublimes, del “Peneca”, Constancio Vigyl, la música, la vibración de campanas en la Plazuela del Granado, las irlandesas, los desafíos a ser mayores, la corbata y el sombrero hurtado del ropero paterno y los paseos por el Prado o la galería de la plaza principal. Y el tranvía a Cala Cala cuando rochaba alguna tarde oliendo jazmines o k´uqueando más allá del río Rocha entre huertos y alfalfares de la campiña valluna. Y al término de las fiestas, 22 horas tardías, el sillp´anchu en la Colombia o a fin de semana el cariño de la casa en una buena chichería a tres cuadras de la plaza entre amigos que inventaban aventuras Quijotescas. Nada existe.

Sí, a veces me siento un real dinosaurio cuando observo referentes desconocidos, pero un dinosaurio joven aunque otros se mofen del dicho. Antiguo pero reciente, nuevo, vuelto a la juventud porque presiento que adviene la primavera en mi patria, mas a pesar de los años gastados y de tantas frustraciones, dinosaurio renacido y optimista.

A pesar del racismo en el entorno que persiste gracias a pensamientos arcaicos de nazismo trasnochado de nuestros opositores gratuitos y pagados para controlar los bienes del Imperio en nuestra patria.

TORO-TORO

Se encuentra relativamente lejos Sucre con sus huellas multiplicadas del Cretáceo, mejor viajar a Toro-Toro en el norte potosino, donde es fácil constatar las pisadas de nuestros antepasados monstruosos, del Mamut gigante huyendo de la hirviente lava y de los Pterodáctilos que eran aves de alto vuelo fallecidas por la erupción de un volcán en una muerte violenta, esos vestigios se encuentran a la entrada de la villa pintoresca y en el pueblo.

Importa poner un pie o la palma dentro de las huellas viejas, y en ese gesto profundo simbólico de la conciencia, reflexionar sobre nuestra menuda existencia y sobre el amplio horizonte que el destino nos obliga. Lo importante es el ser, la dignidad y la vida. Cumplir con la transparencia, la demanda superior de nuestro pueblo sencillo.

Sí, me siento un dinosaurio, pero un dinosaurio bueno.

GASTÓN CORNEJO BASCOPÉ

COCHABAMBA, DE AGOSTO DEL 2006

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