martes, julio 13, 2021

Haití: Historia y novela


Por Alberto Pinzón Sánchez | 13/07/2021 | América Latina y Caribe

 Tomado de Rebelión

La extraña muerte del presidente de Haití Juvenel Moïse, este 7 de julio pasado, a manos de un comando colombo-estadounidense de narco para militares oficiales y sus evidentes implicaciones geoestratégicas regionales, empieza convertirse (por obra de los monopolios de la falsimedia mediática transnacional) en un novelesco “thriller”. Un alienante culebrón novelesco de la cultura traqueta colombiana para vender sus repudiados periódicos por falsificadores de la realidad, que cada día va agregando un detalle más a la información inicial que poco añade al esclarecimiento del crimen, pero qué va alejando día tras día a los lectores de la almendra real y objetiva de un asunto tan complejo como contradictorio del acontecer histórico de nuestros pueblos nuestroamericanos en lucha de más de 500 años contra el colonialismo depredador.   

¿Quién es el responsable de tan execrable crimen? Es la pregunta con la que todos los informadores tanto neocoloniales como luchadores en su contra nos hacemos. Entonces el asunto toma (como siempre sucede en la realidad) dos relatos enfrentados:

Uno, los colonialistas y neocolonialistas actuales tratan de reducir el asunto a un crimen aislado en resolución judicial, perpetrado por desalmados narco-para-militares oficiales colombianos a quienes ahora llaman y presentan profusamente con el eufemismo de mercenarios privados ajenos a cualquier objetivo político y geoestratégico, contratados por no se sabe quién (está en averiguación novelesca….y la esposa sobreviviente de Juvenel hoy ha dado algunas pistas) posiblemente algún antiguo socios gansteril entrado en contradicción y disgustado por algún reparto mal hecho del botín de sus ilegales y corruptos negocios hacia los países capitalistas desarrollados, especialmente de Norteamérica: (tráfico de drogas y lavado de dólares incluidos los del Petro-Caribe; tráfico de “neo-esclaclavos” al Canadá francés, a Francia y a Mayami; tráfico de armas; exportación de maderas originarias hasta desertificar la isla completamente; tráfico de todo tipo de minerales y tierras raras pues lo único que queda de Haití es el piso, la tierra; control de las 77 bandas armadas de la policía que operan solo en la capital; etcétera) Pero sobre todo, los beneficios de la sujeción al Poder neocolonial que contrala hasta el movimiento de las hojas de los pocos árboles que quedan y sin el cual no se podrían hacer tales negocios, ni serían posible tales ajustes de cuentas. Pues como es sabido por todo el mundo, ojo por todo el mundo; desde 1915 cuando se da la primera invasión militar de los EEUU al país de Haití, este pasó a convertirse en una Neocolonia perfecta.

 Otro, los resistentes haitianos que llevan muchos años luchando en las más duras condiciones de represión y muerte, talvez como ningún otro pueblo haya sufrido durante tanto tiempo y quienes con grandes dificultades han logrado romper el cerco mediático trasnacional tendido sobre su país, con el realismo que da su larga lucha y la confianza en el futuro que da la mirada de largo alcance que los ha caracterizado, dan otro relato completamente opuesto:  Califican de farsa el asunto (recordemos los contrarios hegelianos Tragedia y Comedia) y mencionan como truculento el asunto de la tortura y muerte del presidente Juvenel Moïse a manos de los “paracos oficiales colombianos, asistidos por jefes estadounidenses” y contratados por sus socios que hoy se proclaman autoridades legítimas de Haití (¿”A quién beneficia esa muerte”? Preguntaba siempre el Sir inglés Winston Churchill).

 Un episodio más en la cruel y trágica historia del pueblo Haitiano que lleva siglos luchando primero con pura candela y tambores de esclavos contra el colonialismo europeo, y luego con una gran lucha de masas contra el neocolonialismo transnacional actual, hasta poner en evidencia y claramente ante los ojos pasmados del mundo la descomposición final del Sistema neocolonial y el colapso del Estado  impuesto en Haití desde 1915, cuya relación de producción única ha sido el saqueo inclemente y la corrupción gansteril, apoyada en bandas armadas asesinas de la policía tipo tonton macutes, dictadores corruptos tipo Duvalier, invasiones militares o golpes de Estado cuando la situación lo ha ameritado y cuya larga lista no es necesario volver a repetir aquí.

 Pero no es todo. El incidente de la muerte del presidente haitiano, la lucha por el Poder, el colapso del Estado (llamado sarcásticamente social y de derecho) y la muy probable invasión imperial que se vislumbra pedida por el presidente de los colombianos Duque para seguir sosteniendo un sistema neocolonial agonizante; también ha puesto al orden del día una vieja relación un poco olvidada entre Historia y Novela en ese desdichado país, sobre la cual quisiera solo recordar dos importantes y esclarecedores libros:

 Primero, el libro de CLR James titulado “los Jacobinos Negros”, publicado originalmente en inglés en 1938 y luego en castellano Fondo de Cultura Económica primera edición 2003 (ya se puede ver la grieta temporal), que se ha constituido en un relato fundador de uno de los episodios más importantes y trascendentales en el continente americano : la revolución de los esclavos en Haití, la que primero izó el tricolor de la “liberté, egalité, solidarité” de la revolución francesa en nuestro Mare Nostrum del Caribe y le sirvió a uno de sus hacedores Alexander Petión, para decirle a nuestro Libertador Simón Bolivar “que, sin la libertad de Hispanoamérica Haití no llegaría nunca a ser libre”. ¿Hubiera habido liberación de la patria grande del colonialismo español sin la trascendental ayuda de Petión y sus haitianos? Pregunta que debe responderse con la historia cumplida y ya hecha.  ¡Nunca!

Segundo, el inolvidable libro del universal y moderno Alejo Carpentier “EL reino de este mundo” (¿hay otro?) escrito por uno de los más grandes innovadores del idioma castellano latinoamericano actual editado en 1949, once años después del de James, donde magistralmente uniendo con rigurosidad de pensador marxista, la ficción novelesca con la historia (también rigurosamente investigada) y la seriedad o rigor de quien escribe para el futuro; nos relata el mundo real y maravilloso de lo que fue uno de los más alucinados episodios de aquella gesta revolucionaria que condujo a la coronación del primer rey negro en América el ex esclavo, ex cocinero y liberto Henry Christophe, quien por sus conocimientos militares había logrado imponerse en la parte norte del país sobre su adversario político y rival Alexander Petión de solidos ideales republicanos y anticoloniales.

E inspirándose en el ejemplo de sus amos esclavistas franceses, Christophe constituyó una nobleza haitiana de confesión cristiana y católica con 4 príncipes, 8 duques, 22 condes, 37 barones, y 14 caballeros; escribió su cuño real así:  “Henri, por la gracia de Dios y la Ley Constitucional del Estado, Rey de Haití, Soberano de las Islas de la Tortuga, Gonave y otras adyacentes, Destructor de la Tiranía, Regenerador y Bienhechor de la Nación Haitiana, Creador de sus Instituciones Morales, Políticas y Guerreras, Primer Monarca Coronado del Nuevo Mundo, Defensor de la Fe, Fundador de la Orden Real y Militar de Saint-Henri”.

 Obsesionado con una posible invasión francesa del imperio napoleónico para recuperar su colonia, la que efectivamente fue derrotada en la parte sur del país, se empeñó en la construcción de la monstruosa e inexpugnable fortaleza-castillo-real de “Laferrière”, construida en la cima de una montaña con mano esclava de los recién liberados, lo que llevó a granjearse el odio y el rechazo de su gente resuelta a liberarse de cualquier clase de esclavitud, apegada a sus creencias tradicionales que ponían en el centro de sus rituales y tambores la lucha por la libertad como valor supremo.

Abandonado por su gente ya en franca rebelión, sufrió un ataque de apoplejía que lo llevó en su soledad al suicidio con una bala de oro que tenía su nombre escrito. Su cadáver llevado en guando a la fortaleza de “Laferrière” por sus lacayos esclavos para ser enterrado en la argamasa aún fresca de alguna parte de sus muros, quedó sepultado y confundido con aquella mole real como si fuera su panteón para la posteridad.

Solo una pluma como la del maestro Carpentier muy posiblemente influido por el libro de James, podía relatar aquella fusión real y maravillosa de Historia y Novela en el trágico devenir del pueblo haitiano, a quien ninguno de los Imperialismos le ha perdonado ni le perdonará NUNCA su gesta libertaria. Como tampoco le perdonará nunca, nada, al ejemplar pueblo cubano y a su heroica gesta en Playa Girón. No hay que olvidar que el imperialismo también tiene su memoria histórica y hace uso de ella de cuando en vez.

Fuente imagen Internet. Word Today News: El presidente de Haití Juvenel Moïse y su Primer ministro Claude Joseph en New York, junio 18/ 21

 

miércoles, julio 07, 2021

Son 8 sucesos que por sí solos demuestran el golpe de Estado en Bolivia

Fuentes: Rebelión

La detención de la autoproclamada Jeanine Añez ha reavivado el debate sobre el Golpe de Estado en Bolivia. El tema es de importancia crucial en las disputas políticas en Bolivia, pues debe desembocar en el enjuiciamiento de los golpistas de tal modo que en el futuro mediato no intenten nuevas subversiones. El asunto del establecimiento de la justicia, tampoco es de menor importancia.

En el debate, obviamente, los golpistas niegan que lo que hicieron fue un golpe, pretendiendo instalar en la opinión pública, nacional e internacional, que lo sucedido en octubre y noviembre de 2019 fue «una sublevación popular ante un fraude electoral que provocó la renuncia del dictador y ante el vació de poder dejado por éste y sus colaboradores, se procedió a una sucesión constitucional«.

Lo revelador de todo esto es que los golpistas, en su intento de distorsionar lo ocurrido, omiten referirse a las circunstancias y hechos determinantes que han sido expuestos como pruebas del Golpe. Veamos, existen 8 sucesos que, por sí solos, demuestran que lo acontecido en octubre y noviembre de 2019 efectivamente ha sido un golpe de Estado. Es decir, cada uno de estos sucesos no requeriría de relacionamiento con los demás para constituirse, él sólo, en evidencia del golpe. Ya la suma de todos ellos se revela como evidencia abrumadora.

En primer lugar está la quema de los recintos de los tribunales Electorales Departamentales mientras estos realizaban el cómputo de votos, no sólo ante la mirada complaciente y tolerante de la policía, sino incluso con la complicidad de ésta, pues se ha denunciado que varios policías tomaban parte de estos asaltos, vestidos de civiles. El hecho implica una gravísima alteración del proceso electoral, pues impidió que el denunciado fraude, fuera demostrado mediante el presunto cuerpo del delito, es decir las actas electorales. La anulación de las elecciones, después de estos hechos, sin que haya sido determinada por alguna autoridad competente resulta ya, y por sí sola, en un golpe de Estado. No requiere de más pruebas. En cualquier lugar del mundo que ocurra este sólo hecho, sería calificado de golpe a la democracia.

En segundo lugar está la Auto proclamación en recinto parlamentario vacío por parte de una persona, cuyo cargo en la Asamblea, no se encuentra en la lista de sucesión constitucional. El hecho de que la sucesión pase del presidente de la cámara de senadores directamente al presidente de la cámara de diputados, excluye en la sucesión constitucional a los vicepresidentes de las cámaras. Además, la autoproclamación en un recinto en el que no se encuentra la bancada parlamentaria del partido que cuenta con la mayoría absoluta e incluso calificada, es otra aberración que no sería aceptada en ningún sistema político del mundo, si después de eso pretende continuar denominándose democracia.

En tercer lugar (aunque por su importancia está en primer lugar) están las masacres de Sacaba y Senkata. Ningún gobierno que asuma el poder de forma legítima, menos aún si están haciendo una Revolución a un dictador, podría acometer una masacre contra la población civil. No puede haber explicación racional que explique esto. El hecho es que el golpe fue resistido por esa población y, para que el golpe se consolide tuvieron que masacrar a esa gente. Piénsese un poco, al respecto ¿podría un gobierno democrático, en cualquier parte del mundo, a los días de instaurarse, acometer una masacre de esas proporciones ?. ¿Cómo se pueden explicar esto? La única explicación posible está en que las masacres son parte del golpe , pues son los gobiernos golpistas los que se instauran cometiendo masacres, no lo hacen los democráticos. Así de sencillo y claro como el agua.

En cuarto lugar están los ataques a las familias y a las viviendas de quien en realidad se encontraba en la lista de sucesión constitucional y de quien, pese a no encontrarse en la lista de sucesión, estaba en un rango superior al de Añez. El primero es Víctor Borda, entonces presidente de la cámara de diputados, cuyo hermano fue secuestrado por paramilitares y cuya vivienda fue quemada con la explícita advertencia de que debía renunciar a su cargo. Ataques y amenazas similares experimentó Rubén Medinaceli, primer vice presidente del senado. Ahora bien, piénsese en cualquier otro país que estuviera experimentando una crisis política con la presión de la oposición, exigiendo la renuncia del presidente, y entonces quienes se encuentran en la lista de sucesión constitucional sufren ataques a sus familias y a sus viviendas con la amenaza de que deben renunciar. ¿Cómo se llamaría eso? Se llamaría golpe a la institucionalidad en cualquier parte del mundo. Eso sólo hecho es un golpe, en sí mismo, aquí en Bolivia, y en cualquier otro país.

En quinto lugar, se encuentra el «arreglo» al que llegó el padre del golpista Camacho con la cúpula militar y policial. Este «arreglo», fue de conocimiento público cuando una grabación audiovisual se viralizó en las redes sociales y en relación al cual, Camacho dijo que se refería al compromiso de militares y policías para no reprimir las protestas de la oposición. Asúmase que el «compromiso» es «solamente» ese y no había, como puede presumirse, compromisos más graves aún. Aún así, el compromiso de fuerzas que están bajo mando presidencial y al que llegan a espaldas de su autoridad, en momentos de una crisis política, en la que la oposición exige la renuncia del presidente, implica sedición y, por ende, golpe. Ese sólo hecho es gravísimo e implica golpe en sí mismo, acá en Bolivia y en cualquier otra parte del Mundo.

El sexto hecho es el del conciliábulo que reunieron en la Universidad Católica. En plena crisis política, en secreto, sin que supiera la opinión pública se reúnen los golpistas para determinar quién va a ser posesionado como nuevo mandatario una vez que ha renunciado el presidente. Ahora pretenden que la presencia de representantes de la Unión Europea, en esa reunión, constituiría una garantía de transparencia de la misma, cuando lo único que se evidencia es la intervención de potencias extranjeras en nuestros asuntos internos. Por lo tanto, el asunto no sólo prueba el golpe, sino también la traición a la patria. Ciertamente que también estuvieron presentes miembros del MAS, pero no era para negociar nada, sino para escuchar la extorsión más canallesca que se pueda imaginar, pues estaba en juego la salida (y consiguientemente, la vida) de Evo Morales del país. Incluso se evidenció en ese momento la condición de Tuto Quiroga de agente de la CIA, pues solamente alguien en esa condición, podría ordenarle al Comandante de la Fuerza Aérea que salga un avión, en momentos en que formalmente no hay gobierno alguno en el país, puesto que Evo ya había renunciado y Añez todavía no se había autoproclamado. Consiguientemente, este conciliábulo demuestra también, por sí solo, un golpe de Estado.

El séptimo hecho es mal llamado motín policial. Veamos, un motín se produce cuando la tropa se subleva a la oficialidad superior. En cambio en este caso, fue la oficialidad que determinó que la tropa se retirara a sus cuarteles en momentos en que el país estaba convulsionado. Obviamente esto resultó en una gravísima circunstancia en la que se dejaba el control de la situación a las bandas de paramilitares que paulatinamente se concentraban en la ciudad de La Paz, para dar la estocada final. Otra vez, lo que se aprecia de esta circunstancia es que por sí sola prueba el golpe de Estado.

Finalmente y, en octavo lugar, está la «sugerencia» de la Comandancia de las Fuerzas Armadas para que el presidente renuncie. Lo hace en un momento en que el país está gravemente dividido en dos posiciones acérrimamente enfrentadas. Si ésta «sugerencia» se la inserta en el marco de la disposición constitucional que prohíbe a las Fuerzas Armadas a deliberar, entonces se tiene que han faltado a su deber más importante, en momentos de la crisis política más profunda que ha tenido el país en los últimos 10 años. Como se puede ver, aún en esta interpretación más ingenua de la «sugerencia», el hecho resulta en un golpe. Se puede, por otro lado, desarrollar una interpretación menos ingenua, y advertir que la sugerencia, en realidad, no es tal. Más bien es una amenaza. De ser así, el hecho es análogo a la carta de renuncia que García Mesa puso en el escritorio de Lidia Gueiler para que lo firmara, en julio de 1980. Otra vez, por sí solo, este hecho implica un golpe.

Si decimos entonces que cada uno de estos hechos, por sí solos, constituyen evidencia del Golpe, la consideración de todos ellos en conjunto, se muestra como demostración irrefutable.

domingo, junio 20, 2021

Cómplices asesinos, cómplices de la corrupción y cómplices del narcotráfico

 Por Javier Claure C. | 19/06/2021 | Bolivia

Fuentes: Rebelión

La anterior semana se llevó a cabo, en la Cámara de Diputados de la Asamblea Legislativa de Bolivia, la interpelación a Eduardo Del Castillo, Ministro del Gobierno actual. Los asambleístas tanto de la oposición como del oficialismo llevaban pancartas, cuyos textos hacían alusión a hechos que ocurrieron antes de la toma de posición de Luis Arce Catacora.

Fue una interpelación tensa llena de insultos, descalificaciones y griteríos. Del Castillo empezó leyendo los nombres de los muertos en las masacres de Senkata y Sacaba. Y, al mismo tiempo, pedía justicia por los caídos. Luego se mostró un largo video, en donde se vieron atropellos contra los Derechos Humanos durante la dictadura de Jeanine Añez y su Gobierno. La bulla era cada vez más intensa en el parlamento. El Ministro, Del Castillo, muchas veces tuvo que alzar la voz para ser escuchado. Se presentó también documentos fehacientes, un par de ellos firmados por la propia Añez, que justifican la detención de la señora Jeanine Añez. Asimismo, se exhibió documentos fidedignos que atestiguan que en ningún momento hubo fraude electoral, sino más bien golpe de Estado. El interpelado invitó a la oposición a presentar pruebas del “supuesto fraude”. Lo cierto es que todas estas verdades minuciosamente acreditadas, se convirtieron en una cadena pesada para la oposición. No pudieron aguantar. Las injurias y los chillidos se incrementaron. El ministro, en un momento dado, gritó por el micrófono: “cómplices, cómplices asesinos, cómplices de la corrupción, cómplices del narcotráfico” haciendo referencia a los asambleístas de los partidos fascistas Comunidad Ciudadana y Creemos.

No podemos olvidar a las personas que participaron en el golpe de Estado. A los jinetes y las sirenas del Apocalipsis en Bolivia como: Carlos Mesa (agente de la CIA), Roxana Lizárraga (acusada de genocidio, prófuga de la justicia), Samuel Doria Medina, Karen Longaric (prófuga de la justicia), José Luis Parada, María Elba Pinker (prófuga de la justicia), Marcelo Navajas, Yerko Núñez (prófugo de la justicia), Jorge “Tuto” Quiroga (agente de la CIA), Ricardo Paz, Luis Fernando López (acusado de genocidio, prófugo de la justicia), Erik Foronda Prieto (agente de la CIA), Williams Kaliman, Yuri Calderón, Arturo Murillo (acusado de genocidio, prófugo de la justicia), Jerjes Justiniano, Carlos Sánchez Berzaín (acusado de genocidio, prófugo de la justicia), Marco Pumari, Luis Fernando Camacho (agente de la CIA) Waldo Albarracín, Óscar Ortiz, Jeanine Áñez (acusada de genocidio, recluida en la Cárcel de Miraflores) y otros. Tampoco podemos ignorar la intromisión fascista de la Iglesia Católica en el golpe de Estado, el autoritarismo infundado y aberrante de la Universidad Católica en La Paz, las blasfemias de algunos pastores que asistieron al Palacio Quemado para lanzar gritos hitlerianos bajo una cruz, la injerencia en asuntos de Bolivia por parte de Brasil, Ecuador, Inglaterra y la Comunidad Europea.

No podemos olvidar las amenazas, las torturas, los chantajes infames, las persecuciones, los incendios, las violaciones a mujeres indígenas, las mentiras, el gabinete de ministros de la señora Añez adictos a la cleptomanía en grado superlativo, los ataques a periodistas, los negocios turbios con sobre precio, la quema de la Whipala, el nepotismo, los robos de las arcas del Estado, etc.

No podemos olvidar los muertos, las calumnias de periodistas “pititas” a sueldo, los secuestros a militantes del MAS, las masacres de Senkata, de Sacaba y de otros lugares del país, las patadas a mujeres de pollera, los medios de comunicación vendidos al fascismo y difundiendo noticias falsas con ventilador, los amedrentamientos a la población por parte de grupos paramilitares como la Unión Juvenil Cruceñista y la Resistencia Cochala que fueron protegidos por el Gobierno de Añez, etc.

El Ejército y la Policía oprimían al pueblo. Y como si fuera poco, los grupos paramilitares torturaban y atemorizaban a la población. ¿En qué país se ha visto semejante barbarie? El ex ministro del Gobierno de Añez, Arturo Murillo, prometió “ir a la cacería y perseguir” a militantes del MAS. Pidió a la Fiscalía ejecutar una purga, y amenazó a los jueces y fiscales en caso de liberar a los “delincuentes del MAS”. Todo este aparato de represión generó susceptibilidad, miedo y pánico en la población. No había libertad de expresión, nadie caminaba tranquilo por las calles, nadie confiaba en nadie, muchos militantes del MAS fueron encarcelados sin motivo. Por ejemplo, personas por haber creado “memes” en Internet, por simpatizar con las ideas del MAS, por protestar contra las violaciones, el Trópico de Cochabamba y las calles de las ciudades de Bolivia fueron militarizadas bajo el decreto 4078 que eximia a los militares y policías de cualquier responsabilidad penal. A los miembros del MAS se los tildó de animales y “bestias humanas” (palabras de Rómulo Calvo, presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz), violadores de sus hijos (palabras de Arturo Murillo) y hordas salvajes (palabras de Jeanine Añez).

Conozco a padres de familia, cuyos hijos son militantes del MAS (Movimiento al Socialismo). Tenían terror de hablar acerca de la opresión que reinaba durante la gestión de Añez, se sentían perseguidos y acosados. Es más, a veces negaban la militancia de su hijo o hija, en el partido del MAS, por temor a tremendas represalias. Quizá el ejemplo más patético es el de la señora Patricia Hermosa, quien fue la responsable de llevar a cabo los trámites de Evo Morales para su postulación como asambleísta. Por este encargo la secuestraron de forma ilegal y arbitraria. Además, le quitaron todos los documentos que portaba, entre ellos, la libreta del servicio militar de Evo Morales Ayma que según informes, Arturo Murillo, ordenó quemarla. En otras palabras, todo lo que tenía que ver con el MAS y con Evo Morales era destruido y fusilado con aborrecimiento, con rabia y con gran desprecio. Es decir, existía un silencio forzado, una aniquilación individual y colectiva y, por supuesto, temor a la muerte por parte de las fuerzas represivas del Estado. Así, se instaló, en las estructuras de la sociedad, un odio entre los que apoyaban la democracia y los que pregonaban por la instalación de un régimen fascista. Al mismo tiempo la pandemia azotaba a la sociedad.

El discurso de fraude versus golpe de Estado causó y sigue causando acalorados enfrentamientos. Al contrario de los movimientos sociales, las pruebas y documentos veraces que presentó el Ministro Del Castillo para demostrar que en Bolivia se dio un golpe de Estado, el fascismo ha fabricado la narrativa de “fraude electoral” sin poder demostrarlo. Esa narrativa se convierte en violencia simbólica (Pierre Bourdieu). Al no ser reconocida la violencia de Estado y los crímenes de lesa humanidad; se viola nuevamente la ley, la justicia y los sentimientos de todo un pueblo masacrado en muchos aspectos. Sigmund Freud, médico austriaco padre del psicoanálisis decía: “En los hechos traumáticos de origen social, los individuos pueden presentar estupor inicial, paulatino embotamiento, abandono de toda expectativa o formas de narcotización de la sensibilidad frente a estímulos desagradables”. Este cuadro social encaja perfectamente con los partidarios del fascismo boliviano que sufren de estupor intelectual, de narcotización de justicia frente a muchas verdades que ellos perciben como estímulos desagradables. Y para justificar la violencia de Estado y los crímenes de lesa humanidad, durante el Gobierno de Añez, se apoyan en calumnias y mentiras. ¿Con qué fin? Conseguir la “impunidad” de los que participaron en el golpe de Estado y de los que violaron y mataron en Senkata, en Sacaba y en otros lugares de Bolivia.

Todo el trauma vivido entre opresores y oprimidos, organizado por el Gobierno de Jeanine Añez, ha dejado graves secuelas en la sociedad, como toda dictadura. Y, por supuesto, ha afectado a la parte psíquica de las víctimas, pero también de todos los bolivianos y las bolivianas. Bolivia ya no es lo que fue antes. Hoy en día es una sociedad dividida con mucho odio de por medio. La pelea a puños, en el Parlamento boliviano, entre el senador Henry Montero del partido Creemos y el diputado Antonio Colque del MAS, es una muestra de ese odio. La pelea con empujones, jalones de pelo, insultos y arañazos, en el mismo parlamento, entre la diputada Tatiana Áñez (Creemos) y la diputada Gloria Calisaya (MAS) es una muestra de intolerancia, falta de inteligencia y rencor entre dos partidos rivales. Son actos infantiles y muy vergonzosos. No voy a especular quién provocó a quién. Considero que estas cuatro personas deberían ser suspendidas de sus labores en el parlamento, tomando en cuenta la incapacidad de empatía.

No hay olvido, ni perdón; menos habrá clemencia para los asesinos y los que desmantelaron Bolivia en el Gobierno de Añez. Actualmente no existen persecuciones políticas en Bolivia. Lo que existe, en este país andino, es una “hambre de justicia”. Y en esa dirección apunta el Gobierno de Luis Arce Catacora. ¡Enhorabuena! Por fin hay un Gobierno que se empeña en sacar a Bolivia de las tinieblas. Más allá del partido x o z, Bolivia quiere paz, trabajo, salud, educación, desarrollo y una buena economía. Nunca más se repetirá lo que sucedió en octubre de 2019. Y lo más importante: para que en Bolivia reine la paz, “tiene que haber justicia”. Bolivia y el MAS no negocian la impunidad.