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miércoles, octubre 14, 2009

Las cifras que escandalizan


El gobierno de Bolivia pidió, a los organismos internacionales, créditos y donaciones por una cifra estimada en diez mil millones de dólares. Este país, que acostumbraba medir sus finanzas en algunos cientos de millones, ahora puede hablar de cifras reales. Por supuesto, quienes creyeron ser dueños eternos del poder, se escandalizan y acusan al presidente Evo Morales de buscar endeudarnos en forma catastrófica.

Siempre es importante recordar que, a enero de 2006, cuando Evo inicia su periodo, las cifras económicas eran éstas: exportaciones que apenas superaban 2.000 millones de dólares, deuda externa muy cercana a 5.000 millones, reservas internacionales que apenas eran 1.600 millones. Ahora, en octubre de 2009, menos de cuatro años de aquel inicio, los datos son diferentes: las exportaciones en diciembre de 2008 superaron 6.000 millones, la deuda externa disminuyó a poco más de 2.000 millones, las reservas internacionales alcanzan a 8.500 millones de dólares. Es lamentable que el dólar siga siendo la moneda de referencia.

El proceso debiera tener una proyección mayor, pero los datos más significativos de la distribución de la riqueza siguen siendo contrarios al desarrollo. Tenemos que salir de la pobreza. Es decir, la mayoría de la población que no percibe suficiente ingreso para vivir bien, no tiene oportunidades para mejorar su situación. La creación de empleo debiera ser una política que alcance a todos, pero surgen grandes dificultades: recuperar el patrimonio productivo del país, que fue entregado a las empresas transnacionales, hacer que esas empresas amplíen su oferta de empleo sin afectar el equilibrio financiero, invertir en obras de gran aliento y aquellas otras que suponen el uso intensivo de mano de obra.

Basta un ejemplo: la agricultura y la ganadería, vale decir la actividad primaria, absorbe la mayor cantidad de mano de obra. Sin embargo, los gobiernos anteriores no alentaron y hasta desalentaron esta actividad, favoreciendo a los grandes empresarios en desmedro de los pequeños y medianos agricultores y ganaderos. Para alcanzar la soberanía alimentaria, se precisa un programa de vasto alcance cuya puesta en ejecución requiere de varios años. Es más: lograr que el campesino asentado en las ciudades retorne al campo requiere de grandes incentivos. Ahí está el caso de los grupos llevados a Pando que, desacostumbrados a las condiciones agrarias, reclaman servicios básicos que no están disponibles. Para lograrlo, por supuesto, se requiere grandes inversiones.

Otra proyección: Bolivia requiere vías de comunicación, además de las carreteras, es preciso restablecer la comunicación ferroviaria, construyendo vías modernas. El corredor bioceánico precisa de un ferrocarril de trocha ancha y doble vía cuya construcción sobrepasa los 10 mil millones de dólares. No es preciso recordar que, su alto costo de construcción se compensa con los bajos costos de mantenimiento. Por otro lado, la rapidez y alto volumen de transporte hacen que sea el mejor servicio para trasladar grandes tonelajes de carga.

Bolivia requiere de energía eléctrica a razón de 100 megavatios anuales, en las actuales condiciones de consumo. El desarrollo del país hará que, este requerimiento, sea cada vez mayor. Se está proyectando una represa en Cachuela Esperanza, al norte del país. Para producir 500 megavatios. Por supuesto que sería muy fácil hacer cálculos sobre la base del consumo actual y propiciar la venta al Brasil de la energía restante. Un proyecto ambicioso debe ser la promoción de industrias y actividades que absorban esa energía dentro del país y, especialmente, en la zona norte. Eso también requiere de una fuerte inversión que el país debe hacer en los siguientes años.

Diez mil millones de dólares es un requerimiento serio. No se trata de que, como ocurrió con el HIPC (países pobres de alto endeudamiento), nos hagan concesiones en el registro de los libros y nos digan: gasten el dinero que debían pagarnos. Si de pago se trata, sólo entre 1982 y 2002, Bolivia pagó tres veces la deuda externa, sin que ésta haya disminuido.

El modelo de acaparamiento, propiciado por el neoliberalismo, terminó su ciclo, es obsoleto. La crisis desatada en los países enriquecidos, cuyos efectos se sienten en todo el mundo, ha barrido con las normas que nos impusieron desde los años ’80. Hoy, la humanidad se dirige en otro sentido. Eso requiere de inversiones que hagan posible el bienestar de los más, acabando con los beneficios que aún tienen unos cuantos. Alan Greenspan, quien presidió durante tantos años la Reserva Federal de Estados Unidos, ha alertado a los grupos de poder de Washington: hay mucho dinero circulante, la inflación está a las puertas. Esta vez, no vamos a pagar el despilfarro de los países enriquecidos a costa de nuestros recursos. Esos recursos son nuestros y los debemos usar para establecer un mínimo de condiciones favorables para vivir bien.

Quienes se escandalizan por la demanda del gobierno boliviano ante los organismos internacionales, son quienes piensan que el modelo de beneficio para unos pocos retornará a Bolivia. La respuesta está en el futuro que construye el pueblo boliviano.


Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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