viernes, diciembre 21, 2007

Bolivia en el espejo


Marco Aparicio y Gerardo Pisarello
Sin Permiso (de Rebelión)

El pasado 9 de diciembre la Asamblea Constituyente aprobó en la ciudad de Oruro una nueva Constitución para Bolivia. Cuando todo parecía indicar que el proceso constituyente quedaría definitivamente bloqueado, 165 de los 255 asambleístas hicieron frente al boicot de las fuerzas más conservadoras y lograron sacar adelante el texto. 410 de los 411 artículos fueron acordados por dos tercios de los diputados presentes. Sólo uno, relacionado con los latifundios, no obtuvo el consenso previsto en la ley de convocatoria de la Asamblea. A la espera del referéndum popular sobre el texto definitivo, el espejo boliviano arroja algunas imágenes útiles para explicar no sólo lo que está ocurriendo en el país andino sino también algunas reacciones más allá del Atlántico.

Lo primero que se desprende del caso boliviano es que la Asamblea Constituyente hubiera sido impensable sin la presión de un sinnúmero de movimientos indígenas, campesinos y populares excluidos hasta entonces de la vida política del país. La convocatoria de la Constituyente, en efecto, no fue el producto de un pacto entre elites, al modo de la mitificada transición española. Fue por el contrario una impugnación democrática, "desde abajo", a una "República falseada" que había condenado a la exclusión política, social y cultural a la mayoría de la población.

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