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miércoles, abril 27, 2011

Washington embarrancado

Un imperio de autócratas, aristócratas y matones uniformados comienza a tambalearse

Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Introducción del editor de Tom Dispatch

Las potencias imperiales se protegen de los riesgos. El ejemplo reciente más impresionante es Egipto. Mientras el Pentágono inyectaba dinero en las fuerzas armadas egipcias (aproximadamente 40.000 millones de dólares desde 1979), gracias a WikiLeaks sabemos que el gobierno entregaba montos mucho más pequeños (millones, no miles de millones) a diversas “organizaciones financiadas por el gobierno de EE.UU.” con ciertas relaciones con el Congreso o con los partidos demócrata y republicano. Parte de ese dinero, a su vez, se invertía en “campañas de construcción de la democracia” orientadas a enseñar a jóvenes activistas egipcios cómo organizar un movimiento contra su gobernante autocrático, cómo hacer mejor uso de las redes sociales, etc.

En otras palabras, en Egipto (y en otros sitios de Medio Oriente) Washington financiaba tanto a los autócratas como a los jóvenes activistas que se les oponían y quienes jugaron un papel crucial en Egipto en el movimiento de la Plaza Tahrir que derrocó al presidente Hosni Mubarak. Como dijo al New York Times uno de los activistas: “Aunque apreciamos el entrenamiento que recibimos a través de las ONG patrocinadas por el gobierno de EE.UU., y nos ayudaron en nuestras luchas, somos conscientes de que el mismo gobierno también entrenó al servicio de investigación de seguridad del Estado, responsable del acoso y encarcelamiento de muchos de nosotros”.

Mientras tanto, gracias a otros documentos del Departamento de Estado publicados recientemente por WikiLeaks, sabemos que, por lo menos en un país de Medio Oriente donde Washington no apoyó con entusiasmo al autócrata local –Siria– el Departamento de Estado canalizó cantidades importantes de dinero hacia el “financiamiento secreto de… grupos políticos opositores y proyectos relacionados, incluido un canal de televisión satelital que transmite programación antigubernamental al el país”. Preparaba, en otras palabras, una nueva elite para un futuro “cambio de régimen”.

Es una especie de grotesca ironía que una parte significativa del alto comando militar egipcio haya estado a finales de enero en Virginia del Norte, asistiendo a una reunión anual del Comité de Cooperación Militar Egipto-EE.UU., cuando se armó la grande en la Plaza Tahrir, gracias a esos activistas egipcios, algunos entrenados con dinero de Washington. La creación o apoyo de elites, como escriben Alfred McCoy y Brett Reilly, siempre ha sido crucial en el manejo de los imperios globales. E incluso las elites clientes es uno de los temas a los que pocas veces se dedica mucha atención, a pesar de que Gran Bretaña, por ejemplo, gobernó durante interminables décadas el Raj Indio con eficiencia impresionante, aunque opresora, con una cantidad sorprendentemente pequeña de personal de Inglaterra. ¿De qué otra manera, después de todo, podía seguir existiendo un imperio global? Y sin embargo, a medida que decrece la fuerza y la influencia de la gran potencia, esas apuestas –como la que Washington hizo en Egipto– comienzan a salir mal, desde un punto de vista imperial. Si McCoy, colaborador regular de TomDispatch y autor reciente de Policing America’s Empire, y Reilly tienen razón, el toque de Washington cuando se trata de mantener en línea a elites locales puede ciertamente haberse embarrancado. Tom

Washington embarrancado

Un imperio de autócratas, aristócratas y matones uniformados comienza a tambalearse

Alfred W. McCoy y Brett Reilly

En uno de los accidentes afortunados de la historia, la yuxtaposición de dos eventos extraordinarios ha puesto al desnudo la arquitectura del poder global de EE.UU. En noviembre pasado, WikiLeaks salpicó retazos de cables de embajadas de EE.UU., cargados de comentarios abusivos sobre dirigentes nacionales de Argentina a Zimbabue, en las primeras planas de periódicos de todo el mundo. Entonces, solo unas pocas semanas más tarde, Medio Oriente hizo erupción en manifestaciones por la democracia contra los dirigentes autocráticos de la región, muchos de ellos estrechos aliados de EE.UU. cuyos puntos vulnerables se habían detallado convenientemente en esos mismos cables diplomáticos.

Repentinamente, se pudieron ver los fundamentos del orden mundial de EE.UU. basados significativamente en dirigentes nacionales que sirven a Washington como leales “elites subordinadas” que son, en realidad, una abigarrada colección de autócratas, aristócratas y matones uniformados. También quedó a la vista la lógica más amplia de decisiones de política exterior estadounidense durante el último medio siglo que de otra manera era inexplicable.

¿Por qué la CIA iba a arriesgarse a controversias en 1956, en el clímax de la Guerra Fría, derrocando a un líder tan aceptado como Sukarno en Indonesia o alentando el asesinato del autócrata católico Ngo Dinh Diem en Saigón en 1963? La respuesta -gracias a WikiLeaks y a la “primavera árabes” queda ahora mucho más clara– es que ambos eran subordinados elegidos por Washington hasta que el uno y el otro se convirtieron en insubordinados y descartables.

¿Por qué, medio siglo después, traicionó Washington sus supuestos principios democráticos respaldando al presidente egipcio Hosni Mubarak contra millones de manifestantes y luego, cuando flaqueó, utilizó su influencia para reemplazarlo, por lo menos inicialmente, por su jefe de inteligencia Omar Suleiman, un sujeto bien conocido por dirigir las cámaras de tortura de El Cairo (y prestárselas a Washington)? De nuevo, la respuesta es: porque ambos fueron subordinados fiables que habían servido durante mucho tiempo los intereses de Washington en ese crucial Estado árabe.

En todo Gran Medio Oriente, desde Túnez y Egipto a Bahréin y Yemen, las protestas democráticas amenazan con barrer a elites subordinadas cruciales para el despliegue del poder estadounidense. Por supuesto todos los imperios modernos se han basado en testaferros fiables para convertir su poder global en control local –y para la mayoría, en cuanto esas elites comenzaban a agitarse, a ser impertinentes y fijar sus propias intenciones, llegó también el momento en el que quedó claro que el colapso imperial era una de las posibilidades.

Si las “revoluciones de terciopelo” que se extendieron por la Europa Oriental de 1989 dieron el toque de despedida al imperio soviético, las “revoluciones de jazmín” que se propagan por Medio Oriente podrían marcar el principio del fin del poder global estadounidense.

Los militares son puestos a cargo

Para comprender la importancia de las elites locales, hay que volver a los primeros días de la Guerra Fría cuando una Casa Blanca desesperada buscaba algo, cualquier cosa, que pudiera detener la propagación aparentemente imparable de lo que Washington veía como un sentimiento antiestadounidense y pro comunista. En diciembre de 1954, el Consejo Nacional de Seguridad (NSC) se reunió en la Casa Blanca para elaborar una estrategia que pudiera amansar a las poderosas fuerzas nacionalistas de cambio que crecían en el globo.

En toda Asia y África, una media docena de imperios europeos que habían garantizado el orden global durante más de un siglo daban paso a 100 nuevas naciones, muchas –desde el punto de vista de Washington– susceptibles de “subversión comunista”. En Latinoamérica había atisbos de oposición izquierdista a la creciente pobreza urbana y a la carencia de tierras en el campo.

Después de un análisis de las “amenazas” que enfrentaban a EE.UU. en Latinoamérica, el influyente secretario del Tesoro, George Humphrey, informó a sus colegas del NSC que deberían de “dejar de hablar tanto de democracia” y “apoyar dictaduras derechistas si sus políticas eran pro estadounidenses”. En ese momento, en un destello de visión estratégica, Dwight Eisenhower interrumpió para señalar que lo que Humphrey estaba diciendo, era en realidad: “Está bien si son nuestros hijueputas”.

Fue una ocasión memorable, porque el presidente de EE.UU. acababa de articular con total claridad el sistema de dominación global que Washington implementaría durante los 50 años siguientes, dejando de lado los principios democráticos a favor de una dura realpolitik de respaldo a cualquier dirigente fiable dispuesto a apoyar a EE.UU. construyendo así una red mundial de dirigentes nacionales (y a menudo nacionalistas) que pusieran, en un santiamén, las necesidades de Washington por encima de las de sus países.

Durante toda la Guerra Fría, EE.UU. favoreció a autócratas militares en Latinoamérica, aristócratas en todo Medio Oriente y una mezcla de demócratas y dictadores en Asia. En 1958 los golpes militares en Tailandia e Iraq concentraron repentinamente la atención en los militares del Tercer Mundo como fuerzas que había que considerar. Entonces el gobierno de Eisenhower decidió llevar a dirigentes militares extranjeros a EE.UU. para darles más “capacitación” con el fin de facilitar “‘el manejo’ de las fuerzas de cambio liberadas por el desarrollo” de esas naciones emergentes. Desde entonces, Washington canalizó ayuda militar hacia el cultivo de las fuerzas armadas de aliados y potenciales aliados en todo el mundo, mientras utilizaba “misiones de entrenamiento” para crear vínculos cruciales entre los militares de EE.UU. y los cuerpos de oficiales de un país tras otro, -o, donde las elites subordinadas no parecían serlo suficientemente, para ayudar a identificar dirigentes alternativos.

Cuando los presidentes civiles se insubordinaban entraba en acción la CIA promoviendo golpes que llevaron al poder a sucesores militares confiables –reemplazando al primer ministro iraní Mohamad Mossadeq, quien trató de nacionalizar el petróleo de su país, por el general Fazlollah Zahedi (y luego el joven Shah) en 1953; al presidente Sukarno por el general Suharto en Indonesia durante la década siguiente; y, claro está, al presidente Salvador Allende por el general Pinochet en Chile en 1973, por nombrar solo tres de los casos correspondientes.

En los primeros años del Siglo XXI, la confianza de Washington en los militares de sus Estados clientes no dejó de aumentar. EE.UU., por ejemplo, prodigó 1.300 millones de dólares de ayuda al año a los militares de Egipto, pero invirtió solo 250 millones de dólares al año en el desarrollo económico del país. Como resultado, cuando los manifestaciones estremecieron al régimen en El Cairo en enero pasado, como informó el New York Times, dio su resultado la inversión de treinta años cuando los generales estadounidenses… y agentes de inteligencia llamaron sin bombo ni platillos… a los amigos con los que se habían entrenado”, incitando exitosamente a que el ejército apoyara una “transición pacífica” hacia, claro está, un régimen militar.

En otros sitios de Medio Oriente, Washington ha seguido, desde los años cincuenta, la preferencia imperial británica por aristócratas árabes privilegiando a aliados que incluyeron al shah (Irán), sultanes ( Abu Dabi, Omán), emires (Bahréin, Kuwait, Qatar, Dubai), y reyes (Arabia Saudí, Jordania, Marruecos). Por toda esa vasta y volátil región desde Marruecos a Irán, Washington cortejó a esos regímenes monárquicos con alianzas militares, sistemas de armas estadounidenses, apoyo de la CIA a la seguridad local, un refugio seguro estadounidense para su capital y favores especiales para sus elites, incluido el acceso a instituciones educativas en EE.UU. o escuelas en el exterior del Departamento de Defensa para sus hijos.

En 2005, la secretaria de Estado Condoleezza Rice resumió este historial como sigue: “Durante 60 años, EE.UU. buscó la estabilidad a costa de la democracia… en Medio Oriente, y no logramos ni lo uno ni lo otro.”

Cómo solía funcionar

EE.UU. no es de ninguna manera el primer poder hegemónico que basó su poder global en la telaraña de vínculos personales con dirigentes locales. En los Siglos XVIII y XIX, Gran Bretaña pudo imperar sobre las olas (como EE.UU. después dominó los cielos), pero cuando llegó a tierra necesitó aliados locales, como por ejemplo imperios del pasado, que pudieran servir de intermediarios en el control de sociedades complejas y volátiles. De otra manera, ¿cómo podría una pequeña nación insular de solo 40 millones con un ejército de solo 99.000 hombres gobernar un imperio global de unos 400 millones, casi un cuarto de toda la humanidad?

Desde 1850 a 1950, Gran Bretaña controló sus colonias mediante una serie extraordinaria de aliados locales –desde los jefes de las islas Fiji a los sultanes malayos, maharajás indios y emires africanos. Simultáneamente, mediante elites subordinadas, Gran Bretaña reinó sobre un “imperio informal” que incluía emperadores (de Pekín a Estambul), reyes (de Bangkok a El Cairo) y presidentes (de Buenos Aires a Caracas). En su clímax en 1880, el imperio informal de Gran Bretaña en Latinoamérica, Medio Oriente y China era mayor en población que sus posesiones coloniales formales en India y África. Todo su imperio global, que cubría casi la mitad de la humanidad, se basó en esos finos vínculos de cooperación con elites locales leales.

Después de cuatro siglos de incesante expansión imperial, sin embargo, los cinco principales imperios europeos en ultramar fueron repentinamente borrados del globo en un cuarto de siglo de descolonización. Entre 1947 y 1974 los imperios belga, británico, holandés, francés y portugués desaparecieron rápidamente de Asia y África, cediendo el paso a cien nuevas naciones, más de la mitad de los actuales Estados soberanos. Al buscar una explicación de este repentino y arrollador cambio, la mayoría de los eruditos están de acuerdo con el historiador imperial británico Ronald Robinson, quien genialmente argumentó que “cuando a los gobernantes coloniales se les acabaron los colaboracionistas indígenas”, su poder comenzó a palidecer.

Durante la Guerra Fría, que coincidió con esta era de rápida descolonización, las dos superpotencias del mundo volvieron a los mismos métodos utilizando regularmente sus agencias de espionaje para manipular a los dirigentes de los Estados recientemente independizados. El KGB de la Unión Soviética y sus sustitutos como el Stasi de Alemania Oriental y Securitate en Rumania impusieron la conformidad política en los 14 Estados satélites soviéticos en Europa Oriental y desafiaron a EE.UU. en la busca de aliados leales en el Tercer Mundo. Simultáneamente, la CIA controló las lealtades de presidentes, autócratas y dictadores en cuatro continentes, utilizando golpes, sobornos y penetración clandestina para controlar y, cuando fue necesario, eliminar a dirigentes fastidiosos.

En una era de sentimiento nacionalista, sin embargo, la lealtad de las elites locales resultó ser un asunto complejo. Muchas eran impulsadas por lealtades conflictivas y a menudo profundos sentimientos de nacionalismo, lo que significaba que había que controlarlas muy de cerca. Tan críticas eran esas elites subordinadas, y tan problemáticas eran sus repetidas insubordinaciones, que la CIA lanzó repetidamente arriesgadas operaciones clandestinas para controlarlas, provocando algunas de las grandes crisis de la Guerra Fría.

Ante el aumento de su sistema de control global en una era de independencia posterior a la Segunda Guerra Mundial, Washington no pudo seguir trabajando simplemente con testaferros o marionetas, sino con aliados que –aunque desde posiciones más débiles– todavía trataban de maximizar lo que consideraban los intereses de sus naciones (así como los suyos propios). Incluso en la cima del poder global estadounidense en los años cincuenta, cuando su dominación era casi indiscutible, Washington se vio obligado a duras negociaciones con Raymond Magsaysay en las Filipinas, el autócrata sudcoreano Syngman Rhee y Ngo Dinh Diem de Vietnam del Sur.

En Corea del Sur durante los años sesenta, por ejemplo, el general Park Chung Hee, entonces presidente, negoció despliegues de tropas a Vietnam por miles de millones de dólares de EE.UU. para el desarrollo, que ayudaron a activar el “milagro” económico del país. Al hacerlo, Washington pagó la cuenta, pero consiguió lo que más quería: 50.000 de esos duros soldados coreanos como ayudantes pagados para su impopular guerra de Vietnam.

El mundo después de la Guerra Fría

Después de que cayó el Muro de Berlín en 1989, al terminar la Guerra Fría Moscú perdió rápidamente sus Estados satélites de Estonia a Azerbaiyán, cuando los sustitutos soviéticos, otrora leales, fueron derrocados o abandonaron el barco a la deriva del imperio. Para Washington, el “vencedor” y pronto la “única superpotencia” del planeta Tierra, el mismo proceso comenzaría pronto, pero a un ritmo mucho más lento.

Durante las dos décadas siguientes, la globalización promovió un sistema multipolar de potencias ascendientes en Pekín, Nueva Delhi, Moscú, Ankara y Brasilia, incluso mientras un sistema desnacionalizado de poder corporativo reducía la dependencia de las economías en desarrollo de algún Estado en especial, por imperial que fuera. Con la decadencia de su capacidad de controlar a las elites, Washington ha enfrentado la competencia ideológica del fundamentalismo islámico, de los regímenes reguladores europeos, del capitalismo de Estado chino y de la creciente marea de nacionalismo económico en Latinoamérica.

A medida que el poder y la influencia de EE.UU. disminuían, los intentos de Washington de controlar a sus elites comenzaron a fallar, a menudo de manera espectacular –incluyendo sus esfuerzos por derrocar a su pesadilla, Hugo Chávez de Venezuela, en un golpe chapucero en 2002, de separar a su aliado Mijeil Saakashvili de Georgia de la órbita rusa en 2008, y de deponer a su némesis Mahmud Ahmadineyad en las elecciones iraníes de 2009. Donde otrora bastaba un golpe de la CIA o dinero clandestino para derrotar a un antagonista, el gobierno de Bush necesitó una invasión masiva para derrocar a un solo dictador engorroso, Sadam Hussein. Incluso entonces vio que sus planes para cambios subsiguientes de régimen en Siria e Irán se bloquearon cuando esos Estados ayudaron, en su lugar, a una devastadora insurgencia contra las fuerzas de EE.UU. dentro de Iraq.

De la misma manera, a pesar de inyecciones de miles de millones de dólares de ayuda extranjera, a Washington le ha resultado casi imposible controlar al presidente afgano que instaló en el poder, Hamid Karzai, quien resumió memorablemente ante los enviados estadounidenses su díscola relación con Washington como sigue: “Si buscáis un títere, y lo llamáis socio, no. Si buscáis un socio, sí.”

Entonces, a finales de 2010, WikiLeaks comenzó a distribuir esos miles de cables diplomáticos estadounidenses que ofrecen visiones no censuradas del control debilitado de Washington sobre el sistema de poder por medio de sustitutos que construyó durante 50 años. Al leer esos documentos, el periodista israelí Aluf Benn de Haaretz pudo ver “la caída del imperio estadounidense, la decadencia de una superpotencia que gobernó el mundo a fuerza de su supremacía militar y económica”. “Los embajadores estadounidenses”, agregó “…ya no son recibidos en las capitales del mundo como ‘altos comisionados’… [son] burócratas cansados [quienes] pasan sus días escuchando aburridos las conversaciones de sus anfitriones, sin recordarles quién es la superpotencia y quién es el Estado cliente”.

Por cierto, lo que muestran los documentos de WikiLeaks es un Departamento de Estado con dificultades para manejar por todos los medios posibles un sistema global desafiante de elites cada vez más insubordinadas –a través de intrigas para reunir información e inteligencia necesaria, actos amistosos con el propósito de comprar conformidad, amenazas para forzar a cooperar y miles de millones de dólares de ayuda malgastados para comprar influencia. A principios de 2009, por ejemplo, el Departamento de Estado instruyó a sus embajadas de todo el mundo para que jugaran a ser policía imperial recolectando datos exhaustivos sobre dirigentes locales, incluyendo “direcciones de correo electrónico, números de teléfono y fax, huellas digitales, imágenes faciales, ADN, y escaneado de ojos”. Mostrando su necesidad, como cualquier gobernador colonial, de información incriminatoria sobre la gente del lugar, el Departamento de Estado también presionó a su embajada en Bahréin por medio de sórdidos detalles, dañinos en una sociedad islámica, sobre los príncipes herederos del reino, y preguntó: “¿Hay alguna información derogatoria sobre alguno de los príncipes? ¿Bebe alcohol alguno de los príncipes? ¿Consumen drogas algunos de ellos?”

Con la arrogancia de enviados de los últimos días del imperio, los diplomáticos estadounidenses parecieron buscar poder para dominar, desdeñando “la postura neo-otomana de los turcos en Medio Oriente y los Balcanes”, o conociendo las debilidades de sus elites subordinadas, por ejemplo la “voluptuosa rubia” enfermera del coronel Muamar Gadafi, el morboso miedo a los golpes militares del presidente paquistaní Asif Ali Zardari o los 52 millones de dólares de fondos robados del vicepresidente afgano Ahmad Zia Masud.

A medida que su influencia disminuye, sin embargo, Washington descubre que muchos de sus aliados locales elegidos son cada vez más insubordinados o irrelevantes, en especial en el estratégico Medio Oriente. A mediados de 2009, por ejemplo, el embajador de EE.UU. en Túnez informó de que “el presidente Ben Ali… y su régimen han perdido contacto con el pueblo tunecino”, y se basa “en la policía para mantener el control”, mientras “aumenta la corrupción en su círculo íntimo” y “aumentan los riesgos para la estabilidad del régimen a largo plazo”. A pesar de ello, el enviado estadounidense solo pudo recomendar que Washington “reduzca la crítica pública” y en su lugar se base sólo en “la franqueza privada a alto nivel” –una política que no produjo ninguna reforma antes de que las manifestaciones derrocaran al régimen solo 18 meses después.

De la misma manera, a finales de 2008, el embajador estadounidense en El Cairo temía que “la democracia egipcia y los esfuerzos por los derechos humanos… están siendo sofocados”. Sin embargo, como admitió la embajada, “no quisiéramos ver la posibilidad de que haya complicaciones para los intereses regionales de EE.UU. si el lazo entre EE.UU. y Egipto se debilitara seriamente”. Cuando Mubarak visitó Washington unos meses después, la embajada instó a la Casa Blanca “a restaurar el ambiente cálido que ha caracterizado tradicionalmente la cooperación entre EE.UU. y Egipto”. Y así, en junio de 2009, solo 18 meses antes de la caída del presidente egipcio, el presidente Obama saludó a ese dictador útil como “un aliado incondicional… una fuerza de la estabilidad y el bien en la región”.

Mientras se desarrollaba la crisis en la Plaza Tahrir en El Cairo, el respetado líder opositor Mohamed El-Baradei se quejó amargamente de que Washington estaba empujando a “todo el mundo árabe hacia la radicalización con su política inepta de apoyo a la presión”. Después de 40 años de dominación estadounidense, el Medio Oriente era, dijo, “una colección de Estados fallidos que no agregan nada a la humanidad o a la ciencia” porque “no se ha enseñado a la gente a pensar o actuar y se le dio deliberadamente una educación inferior”.

A falta de una guerra global capaz de barrer simplemente un imperio, la decadencia de una gran potencia frecuentemente es un asunto espasmódico, doloroso, prolongado. Aparte del deterioro de las dos guerras estadounidenses en Iraq y Afganistán hacia algo que no está tan lejos de una derrota, la capital de la nación se retuerce ahora en la crisis fiscal, la moneda de la nación pierde su solvencia y los antiguos aliados forjan lazos económicos e incluso militares con el rival chino. A todo esto tenemos que agregar ahora la posible pérdida de testaferros leales en todo Medio Oriente.

Durante más de 50 años, a Washington le ha ido bien con un sistema de poder global basado en elites subordinadas. Ese sistema facilitó otrora la extensión de la influencia estadounidense a todo el mundo con una eficiencia sorprendente y (hablando relativamente) economías de fuerza. Ahora, sin embargo, esos leales aliados se parecen cada vez más a un imperio de Estados fallidos o insubordinados. Que no quepa duda: es probable que la degradación o el fin de medio siglo de semejantes lazos haga embarrancar a Washington.

Alfred W. McCoy es profesor de historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, colaborador regular de TomDispatch y autor de Policing America’s Empire: The United States, the Philippines, and the Rise of the Surveillance State. También convocó al proyecto “Imperios en transición”, un grupo de trabajo global de 140 historiadores de universidades en cuatro continentes. Los resultados de sus primeras reuniones fueron publicados como Colonial Crucible: Empire in the Making of the Modern American State, y los resultados de su última conferencia, en Barcelona, en junio pasado, aparecerán el próximo año como Endless Empires: Spain’s Retreat, Europe’s Eclipse, and America’s Decline.

Brett Reilly es estudiante de posgrado de historia en la Universidad Wisconsin-Madison, donde estudia política exterior de EE.UU. en Asia.

Copyright 2011 Alfred W. McCoy and Brett Reilly

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175383/



martes, abril 26, 2011

Autómatas de la información

Ignacio Ramonet

Tomado de http://www.e24n.com.ar

Identificar lo que el público quiere leer con base en los términos ingresados en los motores de búsqueda y alistar grandes cantidades de redactores para producirlo: éste es el principio de las “granjas de contenidos” que se multiplican en internet. Nace así un nuevo periodismo, cuya fórmula es la de “artículos a pedido” que satisfagan las necesidades comerciales de sus clientes y hagan felices a sus lectores.

La búsqueda de rentabilidad lleva a los medios de comunicación a interrogarse más que nunca acerca del tipo de informaciones que le gustaría leer al público. Parten de una constatación: a la mayoría de la gente le interesa verdaderamente menos del 15% de lo que publican los diarios. Habría entonces un problema de oferta, que no se correspondería, o no suficientemente, con la demanda. Se plantean entonces dos preguntas: ¿qué tipo de informaciones brindar?, ¿y cuándo hacerlo exactamente?

Preguntas tan antiguas como los medios masivos, a las que internet podría permitir responder, por primera vez, con la ayuda de algunos nuevos instrumentos. Entre otros, Google Trends, un servicio que ofrece la posibilidad de “conocer la frecuencia con que un término ha sido escrito en el motor de búsqueda de Google, con la posibilidad de conocer esos datos por región y por idioma” (1). Así, es posible saber, en tiempo real, cuáles son los temas de actualidad que más interesan a los internautas en un momento dado.
Partiendo de esta información, Google News puso a punto un servicio gratuito, agregador de informaciones en línea, que presenta, de manera automatizada, artículos extraídos en forma permanente de innumerables fuentes de la red y, en particular, de los demás medios. (…) [Pero] el gran pionero de una fórmula nueva de “artículos a pedido” es el sitio estadounidense Demand Media (www.demandmedia.com) creado en 2006. Según su “Manifiesto”, se ha fijado la “misión” de “satisfacer la demanda mundial de contenidos de valor comercial”. Pero no de cualquier contenido, dado que su muy ambicioso objetivo es “crear contenidos que resuelvan problemas, respondan a los interrogantes, permitan ahorrar dinero, hagan ganar tiempo y hagan feliz a la gente” (2). ¡El medio-felicidad!
Contenidos low cost
¿Cómo lo hace? Es muy simple, explica una periodista: “Para determinar qué temas deben ser tratados, el algoritmo de Demand Media toma en cuenta los términos más buscados en internet, las palabras clave más solicitadas por los publicitarios, y la existencia o no de artículos relativos a esos temas en la red. Pone sobre la balanza lo que quieren saber los internautas y hasta qué punto los anunciantes están dispuestos a pagar para aparecer junto a esos temas. Una vez que la demanda ha sido identificada por el algoritmo, los temas a tratar se ponen en línea en Demand Studio, la plataforma por la que pasan los 10.000 redactores y videastas freelance que suministran a la sociedad artículos y videos. A estos últimos les basta con inscribirse en el sitio internet del Studio y esperar los pedidos de los temas que allí se exhiben; a veces 62.000 sugerencias en un solo día. Se les paga por artículo (10 dólares) o por video (20 dólares)” (3).
Demand Media ha inventado así, con la industrialización masiva de la producción de contenidos en línea, la información low cost. A título de ejemplo, durante el segundo trimestre de 2010, sus 10.000 colaboradores produjeron, en promedio, cerca de 6.000 artículos escritos o videos, ¡por día! (…) Por supuesto, a semejante ritmo, no debe esperarse una información de calidad. Pero este sitio se ha convertido en el más importante contribuyente de YouTube, al que le provee entre 10.000 y 20.000 videos por mes, que generan alrededor de 1,5 millones de páginas vistas por día… Y, fenómeno raro aún en el ámbito de los medios de comunicación en línea, Demand Media es un negocio que funciona: en 2009 su facturación se estimaba entre 200 y 300 millones de dólares.
Con el mismo espíritu, uno de los portales más populares de la red y gran rival de Google, Yahoo!, creó en Estados Unidos, en julio de 2010, un sitio de información, The Upshot, en el que los temas tratados tampoco están determinados por periodistas sino únicamente por las estadísticas de búsqueda de los internautas en el conjunto de la red Yahoo!, y particularmente en su sitio agregador de informaciones Yahoo! Noticias (4). Por otra parte, en mayo de 2010 Yahoo! compró una empresa estadounidense especializada en la producción de contenidos low cost a pedido, Associated Content. “Sus trabajadores pasan revista a más de 50.000 artículos, imágenes, sonidos y videos propuestos, cada mes, por unos 380.000 contribuyentes independientes que producen todo tipo de artículos sobre los temas más variados” (5). A los internautas que desean escribir y ser publicados, Associated Content les explica que, además, pueden ganar algo de dinero, porque la empresa ha sido creada “con la idea de que cualquiera que ofrezca informaciones instructivas, críticas, guías, entrevistas, editoriales y otros, debe poder ser pagado y remunerado por su pericia” (6).
De alguna manera, se trata de una “masificación planetaria” de la colaboración a destajo. A estas plataformas se las denomina “granjas de contenidos” o “fábricas de información”. ¿Quién compra esas informaciones “a tarifas reducidas”? “Asociaciones, sociedades, sitios de internet, revistas y grupos de prensa, empresas que desean aumentar su audiencia natural y por lo tanto sus ventas, sus ingresos publicitarios o la cantidad de potenciales clientes” (7).
El grupo estadounidense AOL, uno de los pioneros de internet, hoy separado del grupo Time Warner y en fase de fuerte reestructuración, decidió a su vez “reposicionarse como empresa de información” (8); con este propósito compró, en febrero de 2011, el diario en línea The Huffington Post. AOL lanzó en 2010 su propia “granja de contenidos”, Seed.com, que recibe artículos de jóvenes nóveles en el periodismo, la literatura o la fotografía sobre temas extremadamente diversos (entretenimientos, salud, deportes, animales domésticos, nuevas tecnologías, economía y finanzas, viajes, política) para difundirlos en sus numerosos sitios especializados (Daily Finance, Stylelist.com, AOL Travel, Moviefone, Wow.com, AOL Food, etc.). Como explica Saul Hansell, uno de los responsables de Seed.com, ex reportero de The New York Times, “se trata simplemente de retomar el modelo de las colaboraciones periodísticas tal como siempre ha existido, y de hacerlo mucho más eficaz” (9). (…)
“Economía del click”
También en Europa comienzan a crearse este tipo de “granjas de contenidos”. Populis, de origen italiano, es la plataforma líder, cuyo presuntuoso eslogan proclama: “Cuando la creación de contenido se encuentra con la ciencia de la web”. Reivindica más de 18 millones de visitantes únicos por mes. Sus responsables establecieron una base de datos de unos 16 millones de temas que interesan tanto a los internautas como a eventuales anunciantes cuyas publicidades serían exhibidas junto con los artículos. Éstos no están escritos por periodistas profesionales sino por “redactores freelance”, aficionados apasionados por un tema preciso, que saben escribir correctamente y cuyas candidaturas son solicitadas por el sitio. La tarifa de las colaboraciones varía de 5 a 150 euros según la dimensión del artículo y la calidad de la escritura.
En Francia también surgen sitios de contenidos a pedido (10). Así, Wikio, portal europeo de indexación de flujos de información, seduce a alrededor de 3 millones de visitantes únicos por mes. Su sitio LesExperts (www.les-experts.com) presenta artículos –sobre todo de vida práctica (11)– establecidos en función de los temas plebiscitados por los internautas. Su ambición es ofrecer alrededor de 100.000 artículos por mes redactados por un ejército de blogueros remunerados con un fijo al momento de la aceptación del artículo, más un complemento variable en función de la audiencia de los artículos, de los ingresos publicitarios y de la experiencia del bloguero.
En cambio, la revista en línea canadiense Suite101, presente en Francia desde septiembre de 2009 (www.suite101.fr), no paga por artículo a sus colaboradores freelance. Sólo les paga lo que denomina “ingresos publicitarios” cuando los avisos publicitarios, vendidos a tarifas muy ventajosas, y difundidos con los artículos, son “cliqueados” por los internautas. Ahora bien, una encuesta estadounidense sobre la economía en línea mostró, en 2010, que el 79% de los lectores de informaciones en la red no cliquean nunca, o muy raramente, una publicidad (12). Ávidos de “reducir costos” a expensas de los periodistas, los grupos de prensa tradicionales comienzan a mostrar interés por estos nuevos métodos de producción “participativa” de contenidos. Así, el grupo de prensa alemán Hubert Burda Media, propietario de 186 revistas en una decena de países, adquirió entre el 35 y el 40% del capital del sitio Suite101.
¿Pueden estas “fábricas de información” competir con los medios de información clásicos o los sitios “en línea” producidos por periodistas profesionales? La mayor parte de los dueños de estas “granjas de contenidos” piensan que no, por dos razones: en primer lugar, consideran que el nicho de los sitios de actualidad está saturado; luego, afirman que de ninguna manera buscan insertarse en ellos. Los artículos que ofrecen (cortos, fáciles, consensuales) se refieren sobre todo a la vida práctica, a la “manera de vivir mejor cotidianamente”, a los consejos de tipo self help (auto-ayuda), a las recomendaciones en materia de salud, dinero, empleo, entretenimiento, viajes… Estos sitios de contenidos low cost buscan sobre todo grandes volúmenes de audiencia para vender publicidad a muy bajos precios y apostar a una “economía del click”. Presidente y fundador de Populis, Luca Ascani piensa que su sitio puede, de todas maneras, revelarse como complementario: “En internet, 20 a 25% de la información consumida proviene de los medios tradicionales, 60 a 65% de búsquedas, y alrededor del 15% de los contenidos compartidos a través de las redes sociales. Nosotros intentamos cubrir esas tres zonas y aportar respuestas adecuadas” (13).
Sin embargo, con la crisis de los medios, algunos sitios gratuitos de información en línea observan de cerca el éxito de las “granjas de contenidos” (…) Incluso ciertos diarios de referencia piensan en ellas. El grupo estadounidense The Washington Post Company, editor del célebre diario, adquirió en julio de 2010 iCurrent, una start-up que propone a los internautas consultar un “diario adaptado a sus centros de interés”. Está concebido automáticamente mediante la agregación de los contenidos de 27.000 sitios de prensa y de blogs ofrecidos al internauta, que puede afinar esas propuestas (14). Esta perspectiva espanta especialmente a Bill Keller, director de The New York Times: “No dejaría el destino de la información en las manos de Google” (15).
1 Artículo “Google trends” de Wikipedia, consultado el 10-2-11.
2 “Our Manifesto”, www.demandmedia.com
3 Caroline Boudet, “Demand Media, l’usine à infos du Web”, Les Echos, París, 23-11-09.
4 Véase Cécile Ducourtieux y Xavier Ternisien, “Quand les internautes dictent l’actualité”, Le Monde, París, 13-7-10.
5 Agence France Presse, 18-5-10.
6 L’Expansion.com, 19-5-10.
7 “Fermes de contenus: business plan et métriques”, diciembre de 2010, www.tubbydev.com
8 L’Expansion.com, 17-3-10.
9 Ibid.
10 Nicolas Rauline, “Les ‘fermes de contenus’ à la demande se lancent à la conquête du marché français”, Les Echos, 21-12-10.
11 Ejemplos de temas: “¿Cómo tener éxito en una entrevista de trabajo?, ¿Cómo vender el departamento?, ¿Qué shampú usar para cabellos grasos?, ¿Dónde comprar claveles baratos?”.
12 Le Monde, París, 20-3-10.
13 Nicolas Rauline, art. cit.
14 Maris-Catherine Beuth, “Les nouvelles ‘ficelles’ des sites d’infos américains”, 18-7-10, www.lefigaro.fr
15 “Yo no dejaría el destino de las noticias en manos de Google”, El País, Madrid, 25-7-10.
*Director de Le Monde diplomatique, edición española. Este texto ha sido extraído de su libro L’Explosion du journalisme. Des médias de masse à la masse de médias, Galilée, París, marzo de 2011.
Traducción Lucía vera
Fuent: www.eldiplo.org

lunes, abril 18, 2011

Bolivia: La hora de los pueblos originarios

Jorge Medina pertenece al MAS y fue elegido con el 91,97 % de los votos. Buscará en la Asamblea que se apruebe una ley que castigue la discriminación.

Masiel Fernández Bolaños (PL)
Tomado de Argenpress

¿Eres ecuatoriano, brasileño o cubano? Así recibieron a Jorge Medina cuando hace más de 20 años llegó a esta capital.
Soy boliviano, de los yungas, respondió, al tiempo que notaba la sorpresa en el rostro de las personas, quizá arrobadas por el color de su piel. ¡Un negro boliviano!

Como esta, son muchas las anécdotas que rememora Medina, miembro de ese pueblo originario de la nación andina, otrora prácticamente desconocido.

Desde la llegada de Evo Morales a la presidencia, por primera vez en la historia de este país suramericano las 36 etnias son tomadas en cuenta y están incluidas en la Constitución Política del Estado, vigente desde 2009, señala Medina.

Es una suerte tener un representante con quien nos podemos identificar, acota, y explica que más allá de la inclusión, uno de los mayores logros resulta la participación en la toma de decisiones.

Ahora los pueblos exigen sus derechos y se les escucha porque eso permite al Gobierno rectificar cuando esté equivocado.

Una realidad alucinante

Sin embargo, la realidad de Medina es más alucinante aún.

Aquel yunga desconocido es el primer diputado afroboliviano de esta nación sureña, hecho que reconoce hubiera sido imposible en otra administración.

Nosotros no existíamos, éramos vistos sólo para el fútbol, para el baile y hasta para el sexo; estábamos rodeados de estereotipos, señala.

Incluso con su presencia en la Asamblea Plurinacional, apunta que todavía a muchos les cuesta entender la existencia dentro de Bolivia de diferentes poblaciones con historia, cultura y tradiciones propias.

Pero este diputado afrodescendiente asegura no culpar a la gente, sino a los gobiernos de turno porque nunca tuvieron en cuenta a los pueblos originarios.

Estima que van por el camino adecuado pues el sueño es tener una Bolivia con igualdad de condiciones, de oportunidades, donde se respeten los derechos de los hombres y de las mujeres, en equidad.

Empero, el funcionario reconoce que toda ley es perfectible; lo importante resulta empezar, sentar las bases y tener un país cada vez mejor.

Además, entiende que no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana; se trata de un proceso a largo plazo porque implica la transformación de la gente, y eso sería lo más difícil de modificar.

Por ello, Medina insiste en la importancia de socializar las leyes aprobadas para que sean de conocimiento público.

En tal sentido, se refirió a la promulgación de la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, promulgada en 2010, proceso en el cual desempeñó un papel protagónico.

Explicó que esa ley tiene un trasfondo instructivo, por lo que estima importante el apoyo del Ministerio de Educación para dictar como materia específica el tema de la discriminación.

La única forma en que tenga éxito es con la educación de las personas, sentenció.

Priorizar lo más importante

Medina manifiesta su satisfacción de que los integrantes de las diferentes comunidades estén conscientes del proceso boliviano.

Eso en buena medida hay que agradecérselo al gobierno de Cuba, en virtud de cuya labor se erradicó el analfabetismo en este país.

Desde el inicio del gobierno del presidente Morales, se ha hecho mucho por los pueblos originarios.

Según Medina, actualmente trabajan teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada una de esas comunidades, al priorizar los aspectos más importantes.

La entrega de telecentros y la posibilidad de que las personas puedan consultar Internet sin la necesidad de trasladarse a otros lugares, están entre los principales logros.

También impulsan la construcción de escuelas en aquellos sitios donde no había, equipadas con todo lo necesario para el proceso docente educativo.

Más allá de la ayuda material, a este diputado lo impresiona la acogida de las personas, sobre todo porque le confiesan que cuando daban su voto a alguien, no volvía.

Hay otro elemento curioso en este proceso, pues independientemente de que las personas pertenezcan al Movimiento al Socialismo (MAS), lo más importante "es que la gente es evista", cuenta satisfecho.

"Cuando Evo llega pareciera que todas las inconformidades se fueran y todo es Evo, Evo".

La máxima: seguir trabajando

Seguimos trabajando fuertemente porque hay bastante pobreza en algunos municipios, sobre todo por la corrupción de los gobiernos anteriores, lo cual generó que unos cuantos se llenaran los bolsillos, desmantelaran las localidades y no se preocuparan por estas.

"El camino es largo, no muy fácil, evidentemente; pero tengo la esperanza de que un día todos se pongan la camiseta de este proceso de cambio y empujarán el carro juntos".

El pueblo indígena está consciente de que si Evo sale no tenemos más nada y por eso no van a permitirlo, sentenció.

viernes, abril 15, 2011

Un derramamiento de sangre respaldado por Estados Unidos mancha la “primavera árabe” en Bahrein

Revuelta en Bahrein

Amy Goodman
Democracy Now!
Traducido por Fernanda Gerpe y Democracy Now!


Tres días después de la renuncia de Hosni Mubarak a su larga dictadura en Egipto, el pueblo de Bahrein, pequeño Estado del Golfo, se lanzó masivamente a las calles en Manama, capital del país, y se congregó en la Plaza de la Perla, su versión de la plaza egipcia de Tahrir. Bahrein ha sido gobernado por la misma familia, la dinastía de Khalifa, desde la década de 1780, hace más de doscientos veinte años. Con las manifestaciones, los bahreiníes no reclamaban el fin de la monarquía, sino una mayor representación en su gobierno.

A un mes del levantamiento, Arabia Saudí envió fuerzas militares y policiales a través del puente de más de 25 km que une el territorio continental saudí con la isla de Bahrein. Desde ese momento, se reprime cada vez con más fuerza y violencia a los manifestantes, la prensa y las organizaciones de derechos humanos.

Una valiente joven activista bahreiní a favor de la democracia, Zainab al-Khawaja, ha visto la brutalidad de cerca. Para su horror, fue testigo de cómo su padre, Abdulhadi al-Khawaja, un destacado activista por los derechos humanos, fue golpeado y arrestado. Desde Manama, describió así lo sucedido:

"Fuerzas de seguridad atacaron mi casa. Llegaron sin previo aviso. Derribaron la puerta del edificio, derribaron la puerta de nuestro apartamento y directamente atacaron a mi padre, sin explicar los motivos de su arresto ni darle oportunidad de hablar. Arrastraron a mi padre por las escaleras y lo golpearon frente a mí. Lo golpearon hasta que quedó inconsciente. Lo último que le oí decir fue que no podía respirar. Cuando traté de intervenir, cuando intenté decirles 'Por favor, dejen de pegarle. Irá con ustedes voluntariamente. No necesitan golpearlo así.' Básicamente me dijeron que cerrara la boca, me tomaron y me arrastraron escaleras arriba hasta el apartamento. Cuando volví a salir, el único rastro que había de mi padre era su sangre en la escalera."

La organización de derechos humanos Human Rights Watch ha reclamado la inmediata liberación de Al-Khawaja. El esposo y el cuñado de Zainab también fueron arrestados. Zainab publica en Twitter como "angryarabiya" y en protesta por las detenciones inició una huelga de hambre a base de líquidos únicamente. También escribió una carta al Presidente Barack Obama en la que dice: "Si algo le pasa a mi padre, a mi esposo, a mi tío, a mi cuñado o a mí, lo declaro a usted tan responsable como al régimen de Al Khalifa. Su apoyo a esta monarquía hace que su gobierno sea cómplice de sus crímenes. Todavía albergo la esperanza de que usted se de cuenta de que la libertad y los derechos humanos significan lo mismo para una persona bahreiní que para una persona estadounidense."

En el discurso de condena al gobierno de Gadafi, Obama justificó los recientes ataques militares a Libia con estas palabras: "Asesinaron a personas inocentes. Atacaron hospitales y ambulancias. Arrestaron, violaron y asesinaron a periodistas." Ahora sucede lo mismo en Bahrein pero Obama no tiene nada que decir.

Igual que en los levantamientos de Egipto y Túnez, el sentir es nacionalista y no religioso. El país es en un 70% chií pero gobernado por una minoría suní. Sin embargo, una de las principales consignas presentes en las protestas ha sido "Ni chií, ni suní, bahreiní." Esto desacredita el argumento que esgrime el gobierno bahreiní acerca de que el actual régimen es la mejor defensa contra la creciente influencia de Irán, un país chií, en el rico en petróleo Golfo Pérsico. Súmese a esto el papel estratégico de Bahrein: es allí donde se encuentra la base de la Quinta Flota naval estadounidense encargada de proteger los "intereses estadounidenses" así como el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez y de brindar apoyo en la guerra de Irak y Afganistán. ¿No se encuentra también entre los intereses estadounidenses apoyar la democracia y no a los déspotas?

Nabeel Rajab es el presidente del Centro por los Derechos Humanos de Bahrein, organización que fue dirigida por el recientemente secuestrado Abdulhadi al-Khawaja. Rajab podría enfrentar un juicio militar por publicar la fotografía de un manifestante que murió mientras permanecía detenido. Rajab me dijo: "Cientos de personas están presas y son torturadas por ejercer su libertad de expresión. Y todo por venganza, porque un día, hace un mes, casi la mitad de la población de Bahrein se volcó a las calles a exigir democracia y respeto por los derechos humanos."

Rajab observó que la democracia en Bahrein podría implicar la lucha por la democracia en las vecinas dictaduras del Golfo Pérsico, especialmente en Arabia Saudí. Por eso la mayoría de los gobiernos regionales tienen interés en que se ponga fin a las protestas. Arabia Saudí está bien posicionada para la tarea ya que es la reciente beneficiaria del mayor acuerdo de venta de armas en la historia de Estados Unidos. A pesar de las amenazas, Rajab fue firme: "Mientras respire, mientras viva, voy a seguir haciendo. Creo en el cambio. Creo en la democracia. Creo en los derechos humanos. Estoy dispuesto a dar mi vida. Estoy dispuesto a dar lo que sea para alcanzar esta meta."

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2011/4/14/estados_unidos_respald_un_derramamiento_de_sangre_que_manch_la_primavera_rabe

rCR

jueves, abril 14, 2011

CONALCAM declara emergencia, anuncia marcha nacional y denuncia desestabilización política en Bolivia (2da Ampliación)

Tomado de ABI

La Paz, 13 abr (ABI).-
Los movimientos sociales agrupados en la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) se declararon el miércoles en emergencia, anunciaron una marcha nacional en defensa del proceso de cambio y denunciaron intentos de desestabilización camuflados en las movilizaciones, que se realizan en La Paz, convocadas por la Central Obrera Boliviana (COB).

En una conferencia de prensa el secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Roberto Coraite, dio lectura a un manifiesto en que los movimientos sociales recuerdan que la COB no sólo está conformada por los maestros, salubristas y fabriles, sino por campesinos, petroleros, colonizadores que también conforman la Conalcam.

"Hemos sacado un manifiesto apoyando la decisión del Gobierno que decretó un incremento salarial del 10%, además entendemos que detrás de todas estas movilizaciones hay un tema de fondo, un tema político que está siendo muy bien aprovechado por la oposición", argumentó el dirigente campesino.

Coraite anunció movilizaciones pacíficas, en paralelo y contra las que promueve la COB, para garantizar el proceso de cambio que lidera el presidente Evo Morales.

"Vamos a defender este proceso de cambio. Hay organizaciones están siendo inducidas por líderes que pertenecen a un trotkysmo que simplemente obedece a planes de desestabilización", denunció en conferencia de prensa.

Deploró las agresiones verbales proferidas contra Morales que "aún que fuera campesino, tiene una investidura" que respetar, durante las marchas que empuja la COB en las calles de La Paz, con ribetes de violencia y provocación recurrente a la fuerza pública, desde hace una semana.

Explicó que las organizaciones sociales declararon emergencia para convocar a una movilización nacional en defensa del proceso de cambio.

"El proceso de cambio es de las organizaciones sociales y, por lo tanto, nadie nos lo va a arrebatar", complementó.

"En este momento histórico, es lamentable que los viejos seudo dirigentes sindicales sectarios y extremistas, minúsculos partidos políticos pro imperialistas, trotskistas sectarios, encaramados eternamente en la dirigencia del magisterio urbano que siempre se ha caracterizado por preparar el terreno para la derecha", alerta el manifiesto de la Conalcam.

En el documento las organizaciones sociales lamentan que esos "individuos y caudillos estén promoviendo marchas u bloqueos en contra del Gobierno".

Además señala que ven en esos dirigentes " a los principales enemigos de la Revolución Democrática y Cultural".

Por su parte el líder de la Federación de Trabajadores Petroleros de La Paz, José Domingo Vásquez, calificó de "intransigente" la actitud de la dirigencia de la COB, de persistir en su demanda de un incremento salarial de 15%, 5 puntos más que lo decretado por el Gobierno.

La administración Morales advirtió que un incremento de la envergadura del que postula la COB erosionaría la estabilidad macroeconómica boliviana.

"Por encima de nuestras reivindicaciones está el servicio que debemos hacer al pueblo (..) Nosotros respetamos a la COB, pero lo que no respetamos alguna actitud intransigente de algunos dirigentes que no son los dueños de la Central Obrera Boliviana", afirmó.

A su vez, Maxima Apaza, representante de la organización de mujeres Juana Azurduy de Padilla, dijo que sus afiliadas "están dispuestas a defender con sus vidas este proceso de cambio".

Por último, la Confederación de Ayllus y Markas del Kollasuyu, que forma parte de la Csutcb, anunció su decisión de evitar el corte de rutas nacionales con que amenazó la COB desde el jueves.

Los mismo que los sindicatos de trabajadores petroleros, la Csutcb forma parte de la COB -que en esta coyuntura lucía dividida- desde la década de los años 70.

La Conalcam también lamentó la actitud de los trabajadores de la Caja Nacional de Salud, a quienes acusa de ser los principales enemigos del Seguro Universal, defendiendo sólo sus privilegios laborales, con jugosos sueldos "y a las camarillas corruptas que manejan y desfalcan las arcas de las cajas".

En el manifiesto, las organizaciones sociales rechazan "la movilización infundada" de la COB, que "sólo perjudica al pueblo que necesita trabajar".

"Recordamos a los trabajadores que el aumento salarial en los gobiernos neoliberales era menos a la inflación anual y además el Estado se endeudaba extremadamente para aumentos salariales y también aguinaldos", remarca el documento.

Agrega que a la cabeza de Morales, los aumentos salariales están por encima de la inflación anual, de 7% en 2010, y se garantiza la estabilidad laboral, además de la inversión productiva, sin endeudamiento para las políticas de reactivación productiva y la industrialización de los recursos naturales.

"Convocamos a todas las organizaciones y movimientos sociales, que hemos luchado contra el Estado republicano, capitalista, excluyente y discriminador, a defender y luchar por nuestra revolución democrática y cultural para garantizar el bien vivir", puntualizó el documento firmado por todas las organizaciones que conforman la Coordinadora Nacional por el Cambio.
Rsl/cc ABI
ABI. Copyright 1998-2011.

martes, abril 05, 2011

Me caí del mundo ahora no sé por donde se entra

Eduardo Galeano, periodista y escritor Uruguayo

(Para mayores de 30)

Original de Marciano Duran publicado en el 2006

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del Siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’. Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

viernes, abril 01, 2011

La farsa de la ONU, la retórica de Obama y algunos actores secundarios


Libia bombardeada por la ONU - OTAN


La evolución de la guerra civil en Libia y la feroz intervención militar, naval y aérea, de las potencias occidentales en contra del gobierno y a favor de los rebeldes, va desvelando poco a poco la oscura trama que se tejió en el consejo de seguridad de la ONU. Por lo pronto, la doble finalidad que en apariencia pretendía la nefasta resolución (protección de la población civil y creación de una zona de exclusión aérea) ha quedado relegada y sustituida por otros descarnados fines hasta entonces encubiertos: licencia para bombardear los objetivos civiles y militares que deseen, apoyo directo a la sublevación militar y expulsión consiguiente del poder del coronel Gadafi, si es que antes no logran matarlo mediante las bombas y misiles con que atacan sus residencias oficiales. Por eso, despejadas algunas dudas y olvidados los propósitos «humanitarios» de cara a la galería, la dirección de la guerra contra Libia ha quedado en manos de la OTAN, brazo armado de Estados Unidos en la guerra fría e instrumento útil después, pues así incrementa su poderío militar en el mundo y las guerras le salen más baratas.

La resolución contenía otras medidas de castigo contra Libia, como la congelación de los activos financieros, la prohibición de vuelos comerciales y el embargo de armas, pero también algunas cautelas —introducidas sin duda por los países reticentes a la agresión— como la exclusión de “una ocupación extranjera de cualquier forma y en cualquier parte del territorio libio” (punto 4) y la aprobación del envío de un representante del secretario general de la ONU y de un delegado de la Unión Africana “con el propósito de facilitar el diálogo que conduzca a las necesarias reformas políticas para encontrar una solución pacífica y duradera” (punto 2, cursiva mía). De esto último hablan poco los gobiernos agresores y sus apologistas mediáticos. Lo que sí sueltan, entre amenazantes y cínicos, es una enigmática frasecita incluida en el texto según la cual se autoriza al consejo de seguridad para “tomar todas las medidas necesarias” (to take all necessary measures)… “para proteger a los civiles”, que ellos interpretan de manera interesada como carta blanca a cualquier forma de agresión.

Aunque algunos políticos autotitulados «progresistas» pretendan ocultar la nueva guerra bajo el manto protector de las Naciones Unidas, hace ya muchos años que la ONU ha perdido su autoridad moral e incluso su dignidad. ¿Cómo explicar si no, que la creación del Estado Palestino fuera aprobada en 1948 y siga todavía pendiente? ¿Por qué no ha llevado al Tribunal Penal Internacional a George Bush y a Tony Blair por la criminal invasión de Iraq que ha causado más de un millón de muertos y cientos de miles de exiliados? ¿Qué castigos ha impuesto a Israel por la invasión de Líbano y la destrucción de Gaza con toda clase de armas, incluidas las bombas de racimo y fósforo blanco? ¿Cómo puede mantenerse el bloqueo norteamericano a Cuba cuando la práctica totalidad de la Asamblea General lo ha rechazado en repetidas ocasiones? Se nos dirá que el poder real está en manos de las cinco naciones con asiento permanente en el consejo de seguridad y que en última instancia es el gobierno de los Estados Unidos quien ordena y manda en dicho consejo. Entonces, ¿para qué vale la ONU, además de para pronunciar bellos discursos? ¿Sólo sirve para condenar a los países pequeños y que tengan valiosos recursos naturales o que simplemente no se sometan al imperio? Si esto no es una farsa, que venga Dios y lo vea.

El eclipse de la retórica de Obama

Una de las principales cualidades del presidente de los Estados Unidos es su retórica. De ella dio buenos ejemplos durante la campaña electoral y al comienzo de su mandato. Hace tiempo que se observa un desajuste entre sus palabras y sus hechos. Por eso, su antes brillante retórica se ha apagado y sólo queda el oportunismo de un político que no cree en lo que dice y que lo que dice no tiene sustancia, suena hueco. Veamos dos ejemplos, uno de su intervención durante el viaje a Chile y otro sobre Libia. El primero tuvo lugar en un llamado “centro cultural Palacio de la Moneda” de Santiago, muy cerca del lugar donde fue asesinado el presidente constitucional Salvador Allende en un golpe planificado por el gobierno norteamericano y ejecutado por el general Pinochet. No se atrevió a pronunciar una sola vez el luminoso nombre de Allende, pero tuvo la desfachatez de leer allí unos versos de Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, autor del Canto general, militante del Partido Comunista de Chile y víctima también del golpe de estado. Elogiando la actitud de sus anfitriones, llegó a decir que en Chile “los llena de orgullo su patrimonio indígena”, cuando están recientes las fuertes condenas a representantes del pueblo mapuche en virtud de la legislación antiterrorista dictada por Pinochet. No tuvo reparo en reconocer que no hay progreso para “millones de latinoamericanos que sufren la injusticia de la extrema pobreza”, ni “para los niños en las barriadas y favelas”, olvidando la responsabilidad de su país en tal situación junto a las oligarquías locales. Dentro de ese contexto crítico, un lector ilustrado esperaría de Obama un elogio de los logros de Cuba en ese terreno. Pero lo que se encuentra en el texto presidencial es la alabanza de la desprestigiada OEA y un esperpento final, su deseo “de aumentar la independencia del pueblo cubano”, cuando si algo le sobra a Cuba es la defensa de su heroica independencia.

Veamos ahora algunas perlas de su discurso al pueblo americano sobre la situación en Libia, pronunciado el día 28 de marzo en un centro superior militar. En nombre de la democracia, justificó la participación de los EEUU en el ataque a Libia. Subyace aquí la misma mentira que empleara su antecesor en el cargo para invadir Iraq. Por otra parte, parece que la historia no es el punto fuerte de su alicaída retórica, a juzgar por estas palabras: “Durante generaciones, EEUU ha jugado un papel único como garantía de la seguridad global y defensor de la libertad humana”. No sé si ese papel de paladín de la libertad en el mundo se referirá al apoyo de su país a la dictadura de Franco y de Salazar en Europa, a las dictaduras americanas del Cono Sur, a las dictaduras asiáticas de Ferdinand Marcos en Filipinas y del general Suharto en Indonesia o a los dictadores árabes, algunos de los cuales acaban de caer ante la presión popular…

La única diferencia ostensible entre George Bush y Obama respecto a la guerra reside en las lecciones que éste ha extraído de la desastrosa experiencia de Iraq. “El cambio de régimen allí nos costó ocho años, miles de vidas americanas e iraquíes y casi 3.000 millones de dólares. Eso es algo que no podemos permitirnos repetir en Libia”. Obsérvese cómo Obama cuenta muy bien los gastos de la guerra y el número de víctimas de su país y cómo oculta el trágico balance de más de un millón de víctimas iraquíes, en su mayor parte civiles.

El norte de la política exterior de los EEUU sigue siendo idéntico en lo fundamental aunque haya matices secundarios, y no es otro que el logro de los intereses estratégicos y económicos. En la eventualidad de una intervención, debe primar siempre el interés norteamericano (we must always measure our interest), afirmó con claridad Obama. El sermón laico de la fraternidad y la retórica civil de la defensa de las libertades han desaparecido. “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”, sentenció hace años John Foster Dulles, secretario de estado durante el mandato del presidente Eisenhower. A este miserable lema moral parece ajustarse ahora la política de Obama. No es extraño que su brillante retórica se haya eclipsado, quizá entre los aplausos de los halcones de la guerra que le rodean.

Algunos actores secundarios

Bailando al son que marcan los directores de orquesta, es decir, el napoleoncito francés (castigado en las últimas elecciones), el primer ministro británico y, sobre todo, el hasta ahora silencioso presidente Obama, se mueven una serie de actores secundarios que, de mejor o peor gana, salen a escena.

Comencemos por los más ambiciosos del reparto. En primer lugar, el multimillonario emir de Qatar que junto al rey Abdallah de Arabia Saudí impulsó en el mundo árabe la agresión a Libia, primero en el Consejo de Cooperación del Golfo (que agrupa a las petromonarquías de la zona) y más tarde en la Liga Árabe, apoyo fundamental para la puesta en marcha de la resolución del consejo de seguridad de la ONU. Es el primero que quiere hacer caja: será el encargado de vender el petróleo libio controlado por los rebeldes. Compartió con Cameron la rueda de prensa que puso fin a la Conferencia sobre Libia celebrada en Londres.

Otro es el secretario general de la Liga Árabe, el egipcio Amr Musa. Da un paso adelante y otro atrás. Primero, se plegó al dictado de las petromonarquías y ahora dice que “lo que queremos es la protección de los civiles y no el bombardeo de más civiles”. Aspira a la presidencia de Egipto y está a verlas venir, olfateando por dónde sopla el viento.

Un tercer actor, con creciente influencia en Oriente Medio, es el primer ministro turco, Erdogan. Chocó con Sarkozy, se ha negado a participar en el ataque a Libia y es partidario de medidas políticas y de un diálogo nacional en aquel país. “Existe una guerra civil en Libia y tenemos que lograr su fin”, ha declarado.

A pesar de su gran peso demográfico, la Unión Africana (UA) que agrupa a todos los países del continente, no pinta nada en el conflicto. Se opuso desde el principio a la agresión contra Libia y ha intentado sin éxito mediar en el conflicto.

Hablemos, por último, de España. La ministra de la guerra, Carmen Chacón, parece poco locuaz en los últimos días, quizá porque la cosa, o sea, la agresión va para largo. Sí ha dejado clara su postura: estaba “contenta” con la coalición internacional y ahora está “muy contenta” con la dirección militar de la OTAN. La ministra de Asuntos Exteriores, a su vez, sigue la senda del napoleoncito galo (el que presume de su «guerra relámpago» diplomática, su personal Blitzkrieg) al afirmar en Londres que España ha reconocido “de facto” a los rebeldes como legítimo representante de Libia. Y acaba de salir a escena el único que faltaba, José María Aznar, protagonista en la siniestra Cumbre de las Azores y ahora presidente de FAES (Fundación derechista a la que subvenciona generosamente el gobierno de Zapatero). Sacando pecho, como en él es costumbre, ha defendido el ataque preventivo contra Libia, lo mismo que antes contra Iraq. A diferencia de Obama, éste no ha aprendido ninguna lección del pasado. Lo que se llama un tipo consecuente, heredero del espíritu de cruzada que algunos añoran. Lástima que el Tribunal Penal Internacional no funcione como debiera.